viernes, 30 de diciembre de 2016

¡No es la Nutella, es la cerca!


La teoría de la ventana rota: el desastre de país en el que estamos viviendo y su relación con que Estelar “Latinoamérica” no se haga cargo de lo que me robaron volando de Caracas a San Cristóbal

Un famoso audio de una anciana zuliana con voz demoniacamaldiciendo a quienes le habían tumbado su cerquita para robarle unos mangos nos habla de lo que son capaces unos malandros por tomar algo que quieren y todo el daño que pueden hacer a través de una acción en apariencia no tal dolosa: “¡Marditos, desgraciados, marnacidos, no se entiende que unos cristianos le rompan la cerca a uno nada más que para robarle unos mangos!”.

Hoy en la mañana, cerrando este 2016, viniendo de un vuelo de la aerolínea Estelar “Latinoamérica” desde Maiquetía al aeropuerto de Santo Domingo del Táchira, me forzaron mi maleta para robarme un pote de Nutella que yo disponía a regalarle a mi suegra en estas temporada decembrina. Como cualquier adulto, me acerqué decentemente al mostrador de la compañía donde me dijeron en mi cara que pasara una carta, pero que ellos no se hacían cargo.

Por supuesto que las aerolíneas venezolanas son una tragedia –retrasos de días, mal servicio, etc. – y yo bien sabía que dedos largos tienden a robarse las cosas cuando pasan por cargo. De hecho intenté meter mi bolso a la cabina, pero pesaba 8 kilos y ellos máximo aceptaban 5. Resignadamente y encomendándome a todos los poderes celestiales, mandé a forrar mi Louis Vuitton vintage en plástico (también por proteger el bolso porque, ¿cuándo uno podrá volver a comprarse una cosa así?) y lo facturé. Cuando llegué a Santo Domingo, en medio del caos que implica que el aeropuerto ese de Táchira “potencia” ni tenga si quiera una correa para las maletas sino que las tiran en el piso para que uno las recoja como si de un deporte bárbaro se tratase, me di cuenta de que mi bolso había sido violado y cuando lo abrí, todo puesto patas para arriba y con mis cosas sucias, faltaba la Nutella. Puedo afirmar que el robo no tuvo lugar en Santo Domingo porque con la mirada seguí la maleta desde que bajó el avión hasta que la pusieron a formar parte de Los Juegos del Hambre andinos de las maletas.


No es la Nutella –aunque también lo es, porque 40.000,oo bolos es muy fácil gastarlos pero muy difícil ganárselos –es todo lo que implica que me la hayan robado y la naturalidad con la que en tu cara te dicen los empleados de Estelar en dos platos que a ellos eso no le interesa. Así empieza. Primero dejan que los empleados en cargo hagan lo que nos da la gana, luego no es de extrañar que los técnicos revisen los aviones a los trancazos y finalmente que las aeronaves se caigan con equipos enteros de fútbol y el país resulta que exporta la muerte, porque recordemos que en el caso de LaMia, bien se dijo que la aerolínea era de origen venezolano y esta gente de “Estelar” tiene la intención de expandirse. No por nada su slogan: “Latinoamérica”, a dejarnos por el piso...

No es la Nutella, es que no podamos estar tranquilos. Es como la teoría del cristal roto, establecida a raíz de un experimento en el que dos vehículos fueron abandonados, uno en un vecindario bonito y otro en un vecindario feo, a ver qué les pasaba. Nadie tocó ninguno de los carros por días hasta que, para ver qué pasaba, los investigadores le rompieron una ventana a cada carro. A partir de ahí, en poco tiempo, ambos carros fueron desvalijados por los transeúntes (tanto en el vecindario bonito como en el feo), hasta alguien les defecó adentro, quedando demostrado cómo son de importante los detalles a la hora de desencadenar o frenar lo peor del comportamiento humano.

Conny Méndez –ojo, no soy seguidor del esoterismo cristiano –decía resumidamente que las cosas que pasan son aquellas que las personas creen que van a pasar. Las ciencias sociales a través del experimento de la ventana rota en cierta forma le dieron la razón.

La Nutella perdida es una ventana rota, es algo que puede pasar, pero no podemos naturalizarlo. Hay que tomar las acciones para repararla antes de que desvalijen el carro y se caguen en él. Es responsabilidad de la aerolínea lo que se pueda perder, o lo que te puedan romper –no era yo el único en el mostrador hoy y estoy seguro de que es algo que pasa con frecuencia en esa compañía Estelar “Latinoamérica”, ¡susto, con esos controles tan laxos de calidad! –. Ellos tienen que crear los controles necesarios, como digitalizar un escaneado de los equipajes una vez que son entregados en el mostrador de origen, supervisar el camino al avión y sobre todo no tener la cara dura de decirte que ellos no se hacen responsables, o los incidentes va a seguir suscitándose y serán cada vez serán peores.


Uno debe reclamar, buscar la excelencia en medio de la mediocridad y el tercermundismo, por supuesto que no como Vanessa Senior –gritarle a una empleada en una farmacia no es protestar, gritarle a una empleada en una farmacia es gritarle a una empleada en una farmacia, aunque sí es cierto que denunciar públicamente lo que nos disgusta es un derecho ciudadano y en eso Vanessa no se equivocó –pero desde el espacio que tengamos hacer lo que podamos. El bienestar y la modernidad no dependen de grandes rascacielos sino del estado de derecho. Lo que ocurre en Venezuela, la anarquía hecha nación, se explica con la teoría de la ventana rota. A mí me han robado ya 7 veces en lo que va de año –tres pares de malandros armados me quitaron sendos celulares, MRW hizo lo propio con un cuarto, me abrieron la capota del carro para sacarme la batería y otro incidente más que me parece tan deplorable que no voy a describir aquí porque me da mucha vergüenza ajena porque involucra un hurto de comida –. ¿He sido yo el culpable, como me han dicho, por montarme en una camionetica, caminar en Bellas Artes, o usar un servicio de envío? ¿Debo agradecer que no me maté en el avión, como me dijeron por Twitter, cuando me quejé por mi Nutella? Pues yo les digo algo: la naturalización del robo de mi Nutella es quedarnos tranquilos ante una ventana rota en un negocio tan delicado como la aviación donde la seguridad es tan importante que si falla implica la muerte de cientos de personas.


Y como decía la Señora de los mangos: ojalá al que se coma mi Nutella le dé una diarrea que no se la pare nadie.