viernes, 31 de mayo de 2013

El carro de Xénical‏

¿Por dónde empezar? Esto es un tema muy serio que ha captado mi atención últimamente y del que quiero advertirle. También le advierto que si es usted un lector de estómago sensible es preferible que detenga esta lectura aquí aunque si así lo hiciera pudiera caer en algo tan desafortunado que habría preferido leer estas líneas primeramente. Se trata del Xénical®, una panacea que promete a la gente (en la actualidad tan obsesionada con el sexo y el éxito) alcanzar su peso deseado (que no diré ideal porque ¿qué es el peso ideal?). El entrenador de las Misses no para de hablar maravillas de esas grageas que impiden al sistema digestivo asimilar la grasa consumida durante la alimentación. No son unas pastillas chinas de dudosa procedencia, ni un remedio de yerbateros o anfetaminas, sino un fármaco en toda regla “para tratar la obesidad”. Comercializado por Roche, el Xénical se puede adquirir en Farmatodo o cualquier otra farmacia legal. Científicamente orlistat, también se consigue bajo otros nombres comerciales como Redustat®, Beltas® o Redicres®. Hasta publicidad en TV tiene, una en la que se ve a personas felices.



¿Se puede tomar Xénical para bajar unos pocos kilos si no eres obeso? (por aquello de que principalmente ese producto se receta a personas muy gordas) pregunta una incauta en la plataforma esa de Yahoo que permite compartir inquietudes públicamente a la espera de que algún bienintencionado responda. Muy decentemente y denotando turbación, le responden: Tomar Xénical causa cosas muy incómodas... no las quiero decir en esta respuesta, pero son muy asquerosas... en serio (…) NO tomes la salida fácilSi esa es la salida fácil ignoro cuál será la difícil. Verá por qué. No va de ser obeso ni rellenito…

El Xénical en efecto hace al cuerpo humano incapaz de asimilar la grasa que pueda ingerir, el problema de lógica es ¿qué pasa con esa grasa que no se absorbe? Lo diré claro y raspado: Te sale aceite por el culo. Literalmente. Aceite onotado1, además de un hedor sumamente característico qué sólo puedo describir como de heces fecales concentradas, mezcladas con animal muerto y medicina, por no apuntar sobre este último componente “insecticida”, de lo penetrante. El olor es tan particular que sé que en el piso de la torre donde trabajo alguna damita estuvo tomando Xénical porque el baño de chicas expedía frecuentemente ese olor a vanidad, muerte y padecimiento. No es agradable. Un día escuché a la señora de mantenimiento afirmar denunciadora ¡voy descubrir al culo maldito que hace esto! Era comprensible su enfado porque en aquella oportunidad a quien fuese la culpable se ve que no le dio tiempo de llegar a su destino, dejando un charco de aceite que por la cercanía al inodoro (en realidad una compañera me reportó que aparentemente una cantidad del aceite sí había llegado a destino, pero otra no) se le habría salido mientras se prestaba a sentarse. Para colmo, las demás usuarias del baño esparcieron aquella abominación al caminar accidentalmente sobre ella. Estuve a punto de imprimir un cartelito que dijera “Prohibido tomar Xénical” de ver las huellitas salir del baño. El Xénical debería ser considerado lo menos una falta de urbanidad.


Aceite con onoto

Decir que el Xénical produce diarreas intensas (como alguien dijo por ahí en ese Yahoo Respuestas) se queda corto porque no se trata de un líquido lo que viene sino de un aceite y al esfínter anal le resulta imposible retener el aceite, por resbaloso. Estamos hablando de algo completamente incontrolable que sale sin ningún reparo ni sentido de la oportunidad. Imagine un grifo abierto, son chorros y más chorros de aceite con onoto ¡Chorros! El fenómeno tiene nombre científico "esteatorrea" y le ocurre a personas muy enfermas. El Xénical no causa una esteatorrea cualquiera sino una extrema. Se está usted parando de la computadora para ir a buscar agua y de repente sin ton ni son (dígase sin ningún tipo de aviso) tuvo una "fuga de heces". El término "fuga de heces" lo utiliza este sitio de "nutrición" que (cínicamente, diría yo) aconseja: durante el tratamiento opten por llevar prendas de color oscuro que disimulen una accidental fuga de heces y (...) lleven siempre una muda de ropa cuando estén fuera de casa. Por fuga de heces entiéndase que te das cuenta de que pasó lo que pasó porque sientes un líquido caliente que te baja por las piernas, te pega el olor y ya. Ni lo sentiste venir. Con Xénical no es que lo sientes, ni que te estás cagando; es que te cagaste. 

Luego está la periodicidad de los que yo llamaría "episodios Xénical" que los expertos califican tímidamente de "usuales". Una amiga mía, exitosa abogada, me dijo que tuvo que bañarse ocho veces un mismo día. "Menos mal que estaba en mi casa" agregó. ¿Cómo es posible que la gente por iniciativa propia esté dispuesta a estarse cagando por los rincones a cada rato? Porque recogiendo los testimonios no es chance, sino ley. Una persona cuerda detendría el tratamiento inmediatamente.

Por último, y aunque ante los horrores aquí descritos sea casi anecdótico, el Xénical produce animosos dolores de barriga así como flatulencias constantes y malolientes, que tomando en cuenta lo de la esteatorrea se traducen en terror psicológico. Puedo imaginarme al equipo de científicos responsable del desarrollo del Xénical riéndose de la población de muestra durante las pruebas a las que todo fármaco debe ser sometido previamente de entrar al mercado, ante la idea de que lo mismo le ocurriría a cientos de miles de personas en todo el mundo. Sádicos retorcidos en bata blanca, jadeando, con las caras coloradas salpicadas de lágrimas frente al horror escatológico.

En teoría si no se come nada de grasa no hay grasa que expulsar y por tanto los aterradores efectos secundarios del Xénical no se materializan, sin embargo ¿cuál sería el sentido de tomarse esa suerte de laxante siniestro, aprender a comer ante la amenaza de un severo castigo? Créame que no. Somos humanos y si la idea es expulsar la grasa pues para expulsarla es que se toma Xénical y qué mejor prueba que el charco de aceite de Xénical que pisó medio mundo en el piso del baño de las mujeres de mi torre. Quien se crea lo suficientemente fuerte para decir que no comerá nunca grasa entonces no gana nada gastando en un fármaco que no necesita y que, entre otras cosas, impide la asimilación de las vitaminas liposolubles. Si usted toma Xénical y quiere ponerle unas gotitas de aceite de oliva a su ensalada de la huerta entonces aténgase a las desagradables e inevitables consecuencias. Sólo eso es necesario. Además yo no sé cuál es la magia química del Xénical que una cucharadita de aceite se convierte en chorros y más chorros, así como dicen los crédulos que un judío reprodujo los panes y los peces en el desierto. Ya ni qué decir de si usted se fue al Junquito a comer golfeados (costumbre de la clase media que lamentablemente se está perdiendo); no pretenda regresar a Caracas sin echar a perder la tapicería del asiento del medio de transporte de su elección donde reposaba la bomba de tiempo. Eso nos lo hizo un amigo; menos mal que el carro no era el mío. Fue un momento tan incómodo como desagradable: el pobre intentaba como hacer algo, se retorcía y pegaba gritos mientras pedía perdón, pero no paraba. Bueno, creo que todos gritamos.

No es el Xénical, es tanto el Xénical como lo que hay detrás. La obsesión por la delgadez (o los cuerpos bien definidos en el caso de los hombres, porque la definición cuando del cuerpo se trata significa tener músculos pero no tejido adiposo, así que en eso del Xénical caen tanto hombres como mujeres) ha cruzado una línea en la que no digamos la salud, que desde hace mucho se ha puesto en riesgo a favor de la estética (cirugías plásticas, dietas extremas, bulimia, anorexia, etc.) sino el honor y la dignidad están comprometidos. No importa ya humillarse ante lo más degradante de nuestra condición biológica. Se publicita y ulteriormente está de moda tomarse una pastilla que te asegura una diarrea hedionda aceitosa incontrolable para perder peso. O estoy mal de la cabeza o me tocó ser testigo de un fenómeno de locura colectiva. El empeño humano por la belleza ha alcanzado unas cotas que sinceramente no sé si se habían alcanzado anteriormente y eso habla de una superficialidad llevada a superlativos demenciales. La era del Fitness. Debido quizás al márketing (que usa al sexo para todo) y a la pornografía misma (muy accesible a través de las nuevas tecnologías) la belleza se ha convertido en casi la totalidad del heno del carro2 del siglo XXI, y todos y todas quieren tomar su parte del heno del carro, muchos sin demasiados escrúpulos. Ahora son interiores, pantaletas, pantalones, vestidos y faldas tirados a la basura; luego el destino dirá. Visualizo un futuro sino aterrador absurdo, de imágenes como la que nos presenta Terry Gilliam en la distopía "Brazil".



Hasta la próxima.


1 Aceite teñido de color anaranjado con una semilla, que se utiliza como colorante natural para masas de maíz.
2 "El carro de heno" es una de las pinturas más famosas del pintor holandés El Bosco, que pretende relatar cómo todas las clases sociales quieren conseguir su parte de heno del carro, es decir, su parte de placeres de la vida. Denuncia el gusto por las riquezas terrestres tan efímeras http://youtu.be/jZ1HLhJDxs8