domingo, 7 de octubre de 2012

El desamor: causa y profilaxis

Que el día anterior dejase los lentes en el gimnasio desencadenó la serie de acontecimientos afortunados y a la vez cotidianos que se suscitaron el martes y que describiré a continuación, al fin y al cabo, después de haber vivido la angustia de manejar con la visión reducida opté por el transporte público, lo que me obligó a tomar un poco de aire. Siempre he sido un gran defensor del transporte público, por más que la clase media se horrorice ante la idea de que le vayan a poner una estación del metro cerca de su casa porque se les va a llenar el patio de "gentecita". 





Como sabrá, trabajo en Plaza Venezuela y a la espera de que baje la cola opto por entrenar en un sitio cercano, pero el martes como no tenía que utilizar el carro simplemente pasé buscando mis lentes y decidí irme a pié a las cinco en punto por todo el Boulevard de Sabana Grande y la Avenida Principal de las Mercedes hasta el centro cultural Trasnocho. No sólo pude disfrutar de cambiar por un paseo la gris y desagradable rutina de irme a torturar a un lugar lleno de personas vanidosas durante dos horas y media por deseos de aprobación, sino que todo estuvo en su sitio. La luz del atardecer era espectacular y la brisa me dio energía para llevar a cabo los 4 kilómetros de recorrido sin apenas darme cuenta. La ciudad, a pesar de lo tumultuosa, lucía hermosa en esos tonos amarillos; los cristales de los edificios parecían encendidos en llamas y la gente menos fea. Cada uno de los semáforos cambió a verde para mí y mientras el bramar del tráfico y la marea de luces blancas y rojas amargaba a los miles de valientes al volante, yo caminaba sobre unas botas de suela gruesa que me hacían sentir alto y con la urbe a mis pies como Kim Basinger en “Nueve semanas y media” a pesar de mi metro 74 y que aquello tampoco era Nueva York.

Hice algo que nunca había hecho: ir al cine solo. Llegué justo a tiempo para comprar la entrada; cuando me senté en la butaca arrancaron los créditos iniciales, por lo que me había saltado la publicidad que colocan antes de las películas. Era perfecto. Vi una de las típicas comedias absurdas de Woody Allen (quien no es santo de mi devoción) que sin embargo me encantó por el mejor motivo que le puede gustar algo a alguien: una identificación personal; toda la trama transcurría en Roma, mi ciudad favorita, hablo italiano y me encanta escucharlo hablar. Salí de la sala desabotonándome el sweater mientras subía por unas largas escaleras, las docenas de luces del portal a la calle me deslumbraron y si bien sentí un vacío al no poder compartir el momento con alguien me invadió una sensación de entereza y reconciliación con Caracas. El tráfico había bajado y hacía una noche fresca y limpia que me ayudó bastante a superar mi depresión de los últimos dos meses (quizás menos, pero el tiempo se me había pasado lento) producto de que mi novio decidió que no quería ser más mi novio.
 
Sí. Por primera vez en la vida me habían dejado y me la estuve pasando encerrado en mi cuarto, llorando y alucinando (esto último me tiene un poco preocupado, creo que debería ir a un psicólogo), y no fue sino hasta el martes que empecé a sentir que de verdad lo superaba  Yo, hecho un desastre; como Homero en el capítulo en el que Marge lo bota de la casa por contar intimidades, que termina hecho un mendigo. No me provocaba otra cosa más que dormir, ni ir al Ávila quería (que con eso soy religioso), ni al cine, si a caso ver películas en casa, con mi tolerancia hacia mi abuela y mi mamá en bajos históricos al punto de que los deseos de ver a la primera muerta estuvieron a punto de materializarse en actos. Toda canción que escuchaba sentía que tenía que ver conmigo ¡toda! hasta “Frozen”. Me acostaba en mi camita y al cerrar los ojos le decía a la nada "te quiero", como si él siguiese ahí. Jamás había estado tan deprimido en toda mi vida. Motivo de la ruptura: ninguno; no fueron infidelidades, no fue una pelea estridente, fue simplemente hastío.
 
De acuerdo con mi filosofía enamorarse depende de un esfuerzo activo de cada quién no para enamorar a otra persona sino para enamorarse uno mismo de otra persona. Normalmente la literatura nos habla de flechazos instantáneos, de amores locos que duran para siempre, aunque al menos es realista en cuanto a que la motivación suele ser física. Efraín se rinde ante los "encantos" de María, no se rinde ante la inteligencia de María; de ella estima su aroma a las flores que recoge, sus cabellos, sus blancos pies... (podría estimar la dote con la que el autor, Jorge Isaacs, sazona al personaje cuyo nombre virginal titula su obra, pero esto parece que tampoco influye a Efraín). Efectivamente creo en la atracción irracional y en el deseo a corto plazo (semanas, si acaso días en el mundo trepidante de hoy), pero a la hora de entablar una relación de verdad ese tipo de flechazo no basta. Soy yo el que decide enamorarse porque sé lo que quiero y me concentro en ello; ese es el amor que durará por años y quizás hasta la muerte. Una persona que no sabe lo que quiere sino que se deja llevar por los sentimientos jamás podrá sentir amor duradero así como tampoco lo sentirá aquel que no tenga la disposición de enamorarse y mantenerse enamorado.
 
Nunca había conseguido yo tantas cualidades maravillosas en un hombre como las que encontré en mi último novio así que, decidido, a eso me dispuse, sin embargo él no era perfecto, nadie lo es. Día a día me fastidiaban sus múltiples manías, manías que se fueron revelando con todo su peso con el pasar del tiempo, como que cantara constantemente (algo que por cierto heredó de su padre), o que alzara la voz excitadamente por cualquier motivo, que fuera pichirre o que proyectara en mí algunos de sus defectos, sin embargo cada vez que una de sus actitudes no agradables o anti sexys (porque no olvidemos que lo más importante siempre es el sexo) afloraba, yo pensaba en todo lo bueno y me quedaba tranquilo; las notas del bolero que él tarareaba no sólo dejaban de desagradarme sino que me arrancaban una sonrisa. Esa es la disposición de la que hablo, la de dejar a un lado las fallas intrascendentes para concentrarnos en lo importante; los gays necesitamos de cursos prematrimoniales para que nos expliquen ese tipo de cosas. 

Una vez que hemos tomado la decisión de estar enamorados y nos dedicamos a ello llega un punto en el que el mecanismo resulta automático y se crea un sentimiento virtualmente imperecedero; nos concentramos en lo bueno inconscientemente. Es ahí cuando si te mandan al carajo duele horrores, porque sabes que te metiste en ese paquete tú sólo, por decisión propia, y el dolor y la rabia no desaparecen fácil. 

Tolerancia (o falta de ella). Si el tipo se irrita a la mínima y comunica con amargura que, por ejemplo, le desagrada el sonido que le producen a usted las rodillas al levantarse en las mañanas (un "clac" ligerísimo del que usted ni se había percatado), ya sabe que eso no va para ningún sitio, por nimio e inocente que parezca. Guerra avisada no mata a soldado.
 
Somos pocos los que tenemos la disposición de enamorarnos. Como muestra, tengo un amigo, no el más agraciado aunque sí divertido y exitoso (el fin de semana pasada descubrí que tiene unos piernones, al menos), que se la pasa buscando pareja activamente por todas las redes sociales (con lo desagradable que es eso) y lugares de ambiente de la ciudad. Le cuesta, aunque los rechazos parecen nunca desanimarlo. No hay reunión de locas a la que no asista y sufre horrores hasta que por fin da con uno que le haga caso, no obstante al poco empieza a buscarle los defectos (y a buscar otros partidos también), porque en vez de tener una real disposición de enamorarse tiene en mente la cacería, la búsqueda de autoestima, vienen los problemas, se sabotea e inevitablemente va sumando intentos que ya conforman una cadena larga de eslabones miniatura. Su amor es hacia sí mismo y me cuesta imaginarlo realmente despechado por alguien. Por cierto hace como dos semanas se "empató" y el tipo pinta perfecto; vamos a ver cuánto le dura antes de buscarle la quinta pata al gato.

Luego están aquellos que aseguran que la vida les debe algo bueno y excepcional que no logran describir con palabras, eso etéreo y emocionante en plan lesbiana de "The Hours" que no saben qué es pero que les resulta importante, que vale la pena. Estas personas tampoco lograrán nunca enamorarse por mucho tiempo al ser incapaces de tomar la decisión de en realidad querer a una persona porque sentirán eternamente ese vacío de características depresivas "insatisfacible" y así como no son capaces de sentir amor profundo tampoco estarán nunca despechados ni comprenderán lo que es eso; tristes sí, pero despechados jamás.

Las personas incapaces de enamorarse pueden ser a grandes rasgos divididas en esos dos grandes grupos, los siempre cazadores (como mi amigo el feo) y los demasiado "sensibles"; evítelos si quiere compartir años con una persona porque no lo logrará y no dependerá de usted: le dirán adiós sintiéndose grandes. Usted podrá ser el mejor partido del mundo, la persona más detallista, un tigre o una tigresa en la cama, que igualito será rechazado o rechazada con tedio lo mismo que si hiciese todo lo contrario. 
 
Tiene su morbo estar enamorado e incluso que te rompan el corazón, y por ello no me refiero a un rechazo inicial o un desaparecí después del primer polvo, sino al abandono que expliqué anteriormente, de consecuencias mucho más profundas. Amor (y desamor). Placentero o doloroso hay algo lleno de vida y significado que da sentido a muchas cosas y francamente siento pena por quienes son incapaces de sentirlo, mucho más por aquellos que no creen en él, y me angustia porque a la hora del té, y no estoy diciendo que vayamos a involucrarnos por cualquiera pero sí cuando todo está dado, enamorarse depende al final de cada quien, de vencer miedos, de proponerse metas, pero sobre todo de dejar a un lado al inútil orgullo y los nada nobles complejos de superioridad. Al menos ya creo tener la vista más afilada para ubicarlos y mantenerme a raya. Mientras tanto disfruto de mi despecho caminando por la ciudad.

Hasta el próximo domingo.

2 comentarios:

  1. De los mejores análisis que he leído en mucho tiempo, y que me recuerdan el porqué me gusta tanto lo que que escribes,

    Saludos,

    ResponderEliminar