domingo, 16 de septiembre de 2012

Asegurarse en Venezuela puede diferir un poco de lo que cree la pequeña burguesía


“Es mejor tener un seguro y no necesitarlo, que necesitarlo y no tenerlo”. Venezuela ciertamente y a diferencia de otros países incluso desarrollados, como Estados Unidos, cuenta con un “Sistema Público Nacional de Salud” esbozado en el artículo 84 de nuestra mismísma Constitución de 1999 -“regido por los principios de gratuidad, universalidad, integralidad, equidad, integración social y solidaridad. El sistema público nacional de salud dará prioridad a la promoción de la salud y a la prevención de las enfermedades, garantizando tratamiento oportuno y rehabilitación de calidad”. –no obstante, la clase media venezolana a diferencia de la clase media europea (por poner un ejemplo) encuentra que contar con un seguro médico privado más que lujo es necesidad y así nos lo ha vendido Gilberto Correa desde hace añales. Hasta los trabajadores del Ministerio del Poder Popular para la Salud cuentan con seguro médico privado, pero… ¿tenerlo en verdad resulta distinto a no tenerlo en caso de necesitarlo?
 
 
 
Esa pregunta no se la hizo la Licenciada en Artes Bárbara Madrid ni su familia mientras estuvo en terapia intensiva a consecuencia de un disparo. Bárbara es asegurada desde hace cuatro años de La Previsora, 26 años de edad, delgadísima pero muy sana, hija de un renombrado músico quien paga su póliza religiosamente para estar tranquilo en tanto ella es productora audiovisual independiente y no cuenta con seguro colectivo de empresa ni él tampoco. La noche del 14 de agosto del año pasado, de regreso a casa en la camioneta de su novio, dos motorizados de apariencia aterradora los mandaron a detenerse entre amenazas e insultos a la altura de la Av. Vollmer y, como el conductor de manera refleja decidió acelerar, abrieron fuego. Una bala atravesó la pierna derecha de Bárbara, destrozándole piel, músculo y seccionándole la arteria femoral. “Con mi vestido blanco completamente ensangrentado, como en una película de Tarantino,  me fundí a negro” relata esta amante del cine tratándole de dar un poco de estética a su tragedia, aunque, aún pasados tantos meses, no logra ocultar los nervios.
 
La atención en el Hospital de Clínicas Caracas fue impecable y los 150.000 Bolívares  de cobertura de su póliza afortunadamente alcanzaron para toda su hospitalización aunque de ahí no sobró ni un céntimo. Bárbara salió de la clínica en bastón y necesitando una costosa rehabilitación que no iba a pagarle el seguro en el que hasta entonces confiaba su padre ciegamente.
 
No es infrecuente escuchar que están organizando actividades a favor de tal o cual personalidad para pagar sus gastos médicos. Hace tiempo fue una subasta por aquí a favor del pintor y humorista gráfico Pedro León Zapata, cuyas complicaciones médicas lo mantuvieron en una camilla por tantas semanas que lo mandaron a la ruina. Un concierto por allá a beneficio del cantante Onechot, víctima de un disparo en la cabeza. No se trata de que la gente vaya por la vida sin el “amparo” de una póliza, se trata de personas a quienes el seguro no los amparó hasta el final y no precisamente  porque  hayan optado por uno “chimbo” ni porque hayan sufrido cuadros médicos rebuscados. Los seguros, que al fin y al cabo no son ONGs sino negocios, tienen límites; los gastos médicos son muy altos y las coberturas se consumen rápidamente.
 
 
 
Sanitas Venezuela gracias a su sistema de “vales” (cada usuario debe hacer un pequeño aporte cada vez que desee ser atendido: consultas, emergencias, exámenes, etc.; de esta manera se evita que las personas, al no dolerle en lo más mínimo, hagan un uso innecesario de los servicios), gracias a que te obliga a acudir a un listado de médicos específicos y gracias a que cobra más de lo que cobra cualquier otra empresa, puede permitirse ofrecer “protección ilimitada sin límite de gastos médicos y sin límites de edad”, aunque cierto es que tiene sus limitaciones y si no pregúntenselo a Dahis Prieto, en sus cuarenta, valiente organizadora de la primera comunión de su hija, profesora de clases particulares para niños acomodados con necesidades especiales quien sumó un número más al gran total de las afectadas (y afectados, porque los hombre también pueden padecerlo) de cáncer de seno. Clienta de la trasnacional española desde hace más de 10 años, nunca pensó que tendría que acudir al Instituto Venezolano de la Seguridad Social como al final se vio.
 
 
 
“Sánitas te pone la quimioterapia, pero las medicinas que necesitas no te las cubren y las tienes que ir a buscar a la seguridad social. Es el procedimiento normal”. Dahis confiesa que al principio esta situación le daba pavor por más que su oncólogo le insistiera que confiara en el IVSS; son muchos los prejuicios de la clase media ante ese acrónimo. La profesora pensó en comprar los medicamentos por su cuenta temiendo no sólo pasar malos ratos en las dependencias de la salud pública sino además que los “remedios” de la seguridad social fuesen tan poco efectivos como las purgas que el doctor Diafoirus le recetaba a Argán, al enfermo imaginario de Moliere; pese a ello, persuadida por los costos prohibitivos, siguió el consejo de su médico. Sánitas no cubre ni medicinas (salvo las que colocan en la propia clínica, aunque, claro, con excepción de las quimios) ni prótesis.
 
Al tratar el cáncer de seno aparte de los medicamentos necesarios para la quimioterapia, que son costosísimos, son necesarios unos tantos otros que tampoco seguro alguno en Venezuela cubre y que también deben ser retirados a través de la seguridad social. Además sólo se encuentran a la venta en contados lugares especializados y a precio de oro. Por ejemplo, durante los próximos tres años a Dahis se le debe aplicar cada tres meses una inyección de Goserelin, valorada en 12.000 bolívares (cada una), también utilizada para el tratamiento del cáncer de próstata y de otras enfermedades no cancerosas como la endometriosis, que es bien común. La profesora debe personarse mensualmente a la farmacia de medicamentos de alto costo del IVSS Los Ruices. “No nos ha llegado el material, vuelva otro día” le han dicho sólo una vez en más de un año que lleva luchando contra el cáncer, como si de pasaportes se tratase -quizás la cercanía a la antigua Diex (Dirección de Identificación y Extranjería) haya dejado cierto legado -aunque no se trata de un lugar sórdido como ella temía.
 
“La farmacia de la seguridad social de ahí de los Ruices está mejor que una clínica: súper limpio, con su salita de espera para sentarse mientras te atienden, el personal amable, todo perfecto; tienen hasta un autobús que te lleva desde la estación del metro y no te estás mucho rato. Lo fastidioso es ir cada mes, pero no hace falta ni madrugar; hay gente que va y madruga pero porque le da la gana”, describe agradecida. Sólo con el Goserelin está ahorrando 144.000 Bolívares (fuertes, por supuesto); el tratamiento completo, sumando la quimioterapia, se acerca al millón (mil millones de los bolívares antiguos).
 
Las pólizas colectivas para empleados de grandes empresas e instituciones, a diferencia de la póliza individual de Dahis Prieto, a veces cubren las medicinas. Las mejores sean probablemente aquellas que amparan a los trabajadores de los ministerios. Jesús es uno de los tantos jóvenes que decidió marcharse del país para estudiar una carrera en el exterior; hijo de una jubilada de un importante Ministerio jamás necesitó de la póliza de la que es beneficiario debido a su salud de hierro hasta que, pasado un año en Madrid, empezó a sentir un animoso picor alrededor del ano (ver historia completa haciendo clic aquí, muy sórdida). De un momento para otro le comenzaron a salir pequeñas verrugas que se fueron juntando hasta conformar un gran coliflor que exudaba sangre corrompía. Tenía VPH y, desesperado, llamó a su madre, quien le ordenó regresar a Venezuela para tratarlo. La señora confiaba en su seguro del ministerio, que la amparaba a ella, a su padre aún vivo y a sus hijos menores de 27 años que estaban estudiando. Vaya sorpresa cuando una empleada de Seguros Carabobo (el seguro que para aquel entonces le habían asignado porque en Finanzas cambian constantemente de aseguradora) le explicó que el siniestro no estaba cubierto puesto que Seguros Carabobo no cubría enfermedades de transmisión sexual. Al muchacho tenían que operarlo y la jubilada, no sin cierta dificultad, tuvo que cubrir los costos.
 
Son excepcionales los seguros que cubren enfermedades de transmisión sexual en nuestro país (Mapfre es uno de esos raros casos, probablemente el único). Imagínense entonces cuántas personas quedan desasistidas por sus seguros en tanto el VPH es una enfermedad bastante frecuente (algunos cálculos indican que la mayoría de la población lo porta aún si no lo sabe); el cáncer de cuello uterino su principal consecuencia. Incluso dentro de las excepciones que los seguros estipulan muchas compañías van más allá, como Mercantil Seguros, que de manera explicita indica que no da cobertura a casos de VPH para de esa manera lavarse las manos porque el virus no necesariamente se contagia por vía sexual (son comunes los casos de verrugas en manos y pies) sino piel a piel.
 
Las personas creen cándidamente que están aseguradas hasta por tantos miles de bolívares, según lo que hayan contratado en su póliza, e incluso que tienen “protección ilimitada” sin leer en ningún momento la letra menuda que ni es tan chica; se trata del condicionado, un libro pequeño o una guía grande, según sea la aseguradora, que contiene todos los supuestos a los que la empresa se compromete a pagar o a brindar asistencia y que a su vez contiene enumerados todos los supuestos, que no son pocos, en los que no prestan servicio ni indemnizan. El condicionado viene adjunto al contrato de la póliza (que sí es una simple hojita).
 
Como muestra, entre muchísimas otras advertencias, Mercantil es bien tajante en su condicionado al exponer,  dentro de su clausula 13 dedicada a las “exclusiones”, que no indemnizará a nadie “por tratamiento quiropedista o de cuidado de pedicurista, incluyendo los relacionados con síntomas de molestias en los pies tales como callos, pie plano, arco débil, halus valvus o juanetes (…) enfermedades degenerativas, desviación angular del esqueleto axial y apendicular”, ni “enfermedades inflamatorias y autoinmunes”, o sea que de los pies no cubren ni unos espolones, más que estética, una circunstancia que afecta dramáticamente la calidad de vida de cualquiera. Mercantil no cubre nada que tenga que ver con alcohol o drogas (imagine que usted es una madre y encuentra a su hijo adolescente atravesando una intoxicación etílica), enfermedades psiquiátricas, geriatría (ni si quiera tratamientos relacionados con la menopausia) tratamientos u operaciones que tengan que ver con la región cráneo mandibular (que son bien comunes e incapacitantes), enfermedades de transmisión sexual, lesiones a causa de intentos de suicidios, y eso así a vuelo de pájaro.
 
Mapfre sólo da cobertura a enfermos de VIH pagando un adicional y en su cláusula 14 expone que no da cobertura a “riñas” (o sea, que si un loco en un arranque le cae a golpes y lo deja medio muerto no se van a ocupar de usted), “enfermedad epidémica, radiación nuclear, lesiones o enfermedades adquiridas a consecuencia de terremoto o cualquier catástrofe natural”, y al igual que Mercantil tampoco cubre enfermedades mentales o intentos de suicidios (ambas cosas las introduce en el mismo punto), ni tratamientos u operaciones en la región cráneo mandibular, ni geriatría, ni alcohol ni drogas. La Previsora, partiendo de ese básico que las otras dos compañías tienen en común, toma de Mapfre lo de las riñas, desastres naturales y epidemias (que, imagínese, pudieran ser dengue, gripe porcina, cualquier cosa de esas) y de Mercantil que no atiende enfermedades de transmisión sexual; de su propia cosecha no cubre prótesis ni aparatos “bioeléctricos” (un marcapasos, por ejemplo). Estar Seguros excluye más o menos lo mismo que La Previsora más, sorprendentemente, “enfermedades infecciosas que requieran o no aislamiento o cuarentena” (que pudiera ser cualquier cosa), así como trastornos o alteraciones del crecimiento. Esto son cuatro ejemplos de aseguradoras responsables que publican los condicionados generales de sus pólizas de salud en sus respectivas páginas web. Otras empresas se guardan bien de no publicarlos, como Rescarven y Sánitas.
 
A lo anteriormente citado súmesele las muchas variables de las que las compañías de seguro se pueden agarrar para no pagar, como enfermedades prexistentes (usted puede tener años con su póliza que igual en ellos está el determinar si eso que tiene no lo tuvo todavía antes de suscribir el servicio que le prestan), órganos afectados (así no tenga nada que ver), el tener que notificarles a ellos los siniestros en unos plazos determinados y la discrecionalidad que se reservan ante lo que consideran gastos “razonables” por cada factura. Si usted tiene un seguro privado entonces exija que le muestren el condicionado de su póliza y léalo. No se quede nada más con la idea de que tiene una tremenda póliza que le cubre mucho dinero.
 
Generalmente, a los enfermos de VIH/SIDA los seguros no sólo no les cubren sus tratamientos (deben buscarlo mensualmente en las dependencias públicas al igual que los enfermos de cáncer), exámenes y consultas relacionadas con su condición, sino que tampoco les dan cobertura para cirugía alguna, por más que ese proceder no se encuentre advertido en ningún condicionado.
 
“Te puede dar apendicitis o cualquier otro cuadro que no tenga absolutamente nada que ver con el VIH, que cuando te hagan los exámenes de sangre preoperatorios y te salga que tienes el virus jamás te darán la clave para operar” nos narra Mauricio Gutiérrez de la asociación civil Acción Solidaria que tiene como misión contribuir a reducir el impacto social de la epidemia del VIH/SIDA en Venezuela y otros países de habla hispana. “Las aseguradoras no te quitan la póliza de salud porque es un negocio redondo para ellas; les pagas pero prácticamente no te dan nada a cambio”. Gutiérrez, quien ha dirigido extensas investigaciones al respecto por toda Venezuela en las que se ha entrevistado a más de mil quinientos pacientes de VIH, expone que quienes sufren de este tipo de discriminación se abstienen de denunciar por no crearse una “avalancha mayor de problemas” aunque cita un caso particular de una trabajadora que se dio de baja con Seguros Altamira al enterarse de manera casual que dicha compañía le hacía a sus asegurados de pólizas colectivas exámenes de VIH sin su consentimiento. “Ella hizo lo correcto”, opina, pero sería un caso aislado. Hacer la prueba de VIH sin previa aprobación de la persona a la que se le practica contraviene la resolución SG439 del Ministerio de la Salud del año 1994 que no permite ese tipo de prácticas.
 
La mayoría de los enfermos de VIH que gozan de pólizas colectivas simplemente no utiliza su seguro para que al menos sus familiares no pierdan la cobertura en caso de fallecimiento “porque la póliza de vida esa sí te la quitan; te suspenden hasta los préstamos inmobiliarios” y por ahí se explaya en relatar cualquier cantidad de situaciones hostiles.
 
Retomemos el caso de Bárbara Madrid. Coja a consecuencia de un disparo. Su seguro de siempre no le daba la cobertura que necesitaba para costearse la rehabilitación que podía devolverle su otrora hermoso caminar y aconsejada por una enfermera de la clínica donde la atendieron en terapia intensiva, probablemente no queriendo que le llamaran Guadalupe, acudió a la Unidad de Rehabilitación del CDI que está ubicado en la Avenida Las Fuentes del Paraíso a pesar de los estigmas: Médicos cubanos ¿De verdad son médicos?
 
Eran las 6:00 a.m. “Cuando llegué había cinco personas. Tomé la lista y me anoté, era la número 15. Pregunté por qué ese número y alguien me respondió que había un señor que llegaba a las 5 y anotaba a los pacientes: usted le paga algo, a la gente no le gusta venirse tan temprano, por el hampa, usted sabe”; y sí, ella sabía lo que era eso. Esperó a que le atendieran hasta el medio día y tras un chequeo le mandaron rayos laser, magneto, terapia ocupacional, terapia del calor y gimnasio; “Tienes que traer ropa cómoda y un paquete de vasos plásticos como colaboración” le indicaron. “Era un paquete de vasos plásticos frente a 18 mil bolívares fuertes” es el comentario de Bárbara al respecto.
 
“Al siguiente día llegué a las 9:00 am. Al llegar entregué el paquete de vasos. Sonaba una música súper pachangosa, era como merengue dominicano, pero cubano. Las terapeutas me parecieron muy amables, además bailaban entre la gente. Eso jamás hubiese sucedido en el Hospital de Clínicas Caracas. Me sorprendió ver a tantas personas extranjeras de la tercera edad. Con la mirada hice un rasante estudio socio-económico. Por lo menos el 75% de los pacientes eran personas de clase media, ni tan mal acomodadas. Cuando entré al gimnasio sonaba la Hora Loca, una señora me dijo que uno sale como con ganas de bailar.”
 
Bárbara a las dos semanas no sólo soltó el bastón sino que además entramó lazos afectivos con los demás pacientes y con los cubamos que la atendían “realmente trabajan como unos burritos sabaneros. Cuando terminé mis primeras 15 sesiones, volví a la consulta con la fisiatra. Me dijo que estaba de alta. No lo podía creer. Le insistía, pero si necesito 45 sesiones. Ya estás bien Bárbara, me decía la doctora. En tu casa puedes hacer los ejercicios. Sin embargo,  le pedí que por favor me extendiera las terapias para pulir los movimientos de mi pie derecho. Además, no me quería ir todavía así como así. Iba a empezar diciembre y quería llevarles algún regalo a los terapeutas.  Definitivamente, un paquete de vasos no era suficiente.”
 
Por último, si cree que tener un seguro es una necesidad entonces mejor no llegue a viejo; ninguna aseguradora lo asegurará individualmente o al menos no lo hará de manera rentable para su bolsillo. Por ejemplo, el límite para asegurarse con Mercantil es de 66 años, con la Previsora es de 61 y con Mapfre es de 60. Estar Seguros de 65 a 75. Sánitas Venezuela, la excepción que sí asegura a adultos mayores “sin límites de edad”, cobra alrededor de 5000 bolívares mensuales para poder brindarle sus asistencias. Rescarven a los ancianos les ofrece sólo el servicio de ambulancia y un 50% de descuento en el resto de sus prestaciones.
 
En conclusión, como profesionales o emprendedores de la clase media de este país tropical nos veremos tarde o temprano y para bien o para mal en los “arrabales” del Sistema Público Nacional de Salud, nos guste o no, sea bueno o no, por lo que cuando veamos en la televisión denuncias de que los hospitales se caen a pedazos, cuando leamos en la prensa que ha habido retrasos en la entrega de medicamentos de alto costo para enfermos crónicos y cuando nos llegue el chisme cierto o falso, vía Internet, de que se está acabando el dinero para las misiones, hay que preocuparse más allá de simplemente horrorizarse. Nuestro bienestar prepagado no es más que una delicada burbuja, vulnerable a cualquier embate y ¿qué puede ser más importante que la salud?

1 comentario:

  1. http://www.theburningear.com/media/2012/01/2-Bears-Work-Radio-Edit.mp3

    ResponderEliminar