domingo, 20 de mayo de 2012

Las desgarradoras vicisitudes de un gay atrapado en el cuerpo de una mujer



Ángela es un homosexual masculino nacido en un cuerpo equivocado… el de una mujer. Morenaza curvilínea, quiso el destino al menos que no fuese fea  o habría sido simplemente una fag hag  (de esas mujeres que tienen muchos amigos gays y se la pasan con ellos para arriba y para abajo), pero no, ella es una mujer como las de Sex and the City: cosmopolita, independiente y promiscua (bueno, que de verdad las mujeres de Sex and the City se comportaban como mariquitos), no sólo se la vive con gays sino que además afronta la vida de la misma manera. Le tiene asco a su propia vagina y todo, como sería natural.



Bailando tambores en el malecón un fin de semana en Choroní, Ángela conoció a Mateo, un alemán, si bien de pelo oscuro, alto y musculoso, cuyos pectorales brillaban bajo la luz de la luna del Caribe. El hombre del pecho de hierro (que sabemos lo que eso motiva a un mariquito) estaba de mochilero por el mundo y llevaba algunas semanas en Venezuela. Ángela y él pasaron unos días en Caracas y a la despedida en el aeropuerto se prometieron verse de nuevo en Europa. Cosa rara, ella procuró preservarse aunque ganas no le faltaban de cogerse la alemán (Ángela es activa), porque presentía que a futuro las cosas podían resultar muy en serio; Mateo en su adolescencia había vivido un año de intercambio en Maracaibo así que conocía la idiosincrasia venezolana y, de alguna manera inexplicable para mí, le encantaba. Quería tener hijos mestizos.

Pasaron los meses y la comunicación por Internet se mantuvo animosa. Se habló incluso de la posibilidad de matrimonio. Ángela preparó todo lo necesario para encontrarse con Mateo en Alemania (y sabemos que para viajar al exterior los venezolanos lo tenemos casi tan complicado como los norcoreanos) y hacer un tour juntos por Suiza e Italia. Se encontraron en Colonia, de ahí bajaron a Zurich y se encontraron con unos amigos gays de ella; los dejaron atrás y de ahí a Berna, a Venecia y así, todo muy romántico.

-    Víctor, el maldito salía del baño en toallita con, aquel cuerpazo ¡y ese paquetote! Cuenta Ángela –Me abrazaba con esos brazos y a dormir; yo excitada, chorreando que tenía que secar el piso de las posadas con un coleto

Se besaron en la góndola bajo el puente de los suspiros, caminaron de la mano junto al lago Zurich, recogieron flores, corrieron descalzos por los prados.
-    Y ese maldito no me cogía, chama, hasta que me harté. Agrega Ángela –Me le monté encima y le empecé a hacer de todo ¡yo no aguantaba más! le fui a agarrar su cosa y como pude me la medio metí pero es que al carajo no se le terminaba de parar y se salía.

La mujer por supuesto dejó de buscar al hombre hasta que el hombre por fin se dispuso a buscarla a ella. Ángela consiguió seducirlo insinuándole su trasero.
-    Para mí que ese carajo es marico, Víctor, porque nada más conseguí que se le parara por detrás y así mismo le dimos como pude, porque lo tiene tan enorme que me dolía, aunque yo no lo dejé acabar ¡no señor! Cuando estuvo apuntico me lo saqué y le dije ¡ya va, que yo quiero hacer otras cosas! Pero otras cosas nadas, ahí mismo se le bajó y más nunca lo dejé que me tocara.

Todo ello pasó a mitad de viaje y por supuesto que desde ahí en adelante las discusiones se volvieron amargas
-    ¡Cállate! ¡Tienes que ir a un psicólogo! ¡A mí nunca un hombre me había hecho esto!
-    Mi amor, esto lo podemos superar.
-     ¡Mírame bien, mira a esta mujer que tienes  al frente! ¡Yo sí estoy bien buena! ¿Oíste?
-    No seas mala ¡Cómo puedes hablarme así!
-    ¡Cómo pudiste ofrecerme matrimonio! Tú estás loco si crees que yo me puedo casar con un hombre al que no se le para. Ahora parece gracioso pero en su momento no lo fue tanto.

Total que Ángela regresó a Venezuela y su historia se volvió recurrente en los corrillos, hasta que en una fiesta una maracucha que apenas estaba conociendo esa noche le dijo.
-    Mateo ¿Tú salías con Mateo, el alemán?
-    Sí
-    El que vivió en Maracaibo
-    Sí, todavía hablamos por Méssenger ¿Por qué?
-    ¡A ese no se le para el güevo!
-    Sí... Y con toda la amargura remató -Ya sé
 
Para ver más casos de historias de cyber rebusque internacional que terminaron en desgracia leer la entrada de mi blog Cyber rebusque internacional. Peligro inminente

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