domingo, 6 de mayo de 2012

Divismo en la ciudad del horror


Lógico sería que yo apoyase la iniciativa de quienes apuestan por sacar adelante locales gay en esta ciudad hostil, créame que así lo intento y por ese motivo me abstengo de decir por acá ciertas inconformidades que tengo en relación con el tema. Lo cierto es que, sonará antisocial, pero desde hace años no frecuento ni lugares de ambiente ni fiestas de modernas, que al fin y al cabo son más o menos lo mismo. No lo hacía ya ni siquiera por estar soltero cuando era el caso y ahora que tengo novio agradezco no tener ni un ápice de necesidad. Tampoco es que sea radical en ello y que jamás me aparezca por uno o por una, de hecho me gusta bailar y de vez en cuando salgo a matar la fiebre; a veces paso por Arábica (un café) a pesar de la mala atención, la incomodidad de las sillas y la falta de música, pero es que ¿para qué tomar el riesgo de salir de noche de tu casa en Caracas a ver si te roban, a buscar que te secuestren, que te lesionen o que te maten, para ir a un lugar de ambiente si los chicos que encontramos ahí tienen una actitud tan altiva e inalcanzable que a fin de cuentas no vamos a ligar? porque, estemos claros, uno no se mete en una “maricoteca” precisamente a hacer un millón de amigos y así más fuerte poder Vogue cantar1, es decir, al menos uno que no va pendiente de consumir drogas (y eso incluye, por cierto, el alcohol, que si bien legal, es una más) y del amiguismo ese inútil de la noche. No. Abundan las divas y las reinas del hielo de cañerías obstruidas por telarañas o ni tanto (porque por Internet sí hacen desastres), pero pelar el diente en la pista de baile jamás, si acaso posar, que para eso están mandadas a hacer todas.

Foto tomada de Entre Gárgolas

Ojo, no vengo aquí a criticar a la gente que se mete en las fiestas de modernas a que le tomen su fotico movida y con garabatos de neón, aunque la verdad esas foticos ya están más puteadas que el logo LV; a la hora del té cada quién es libre y eso está mejor que irse a meter a Rosalinda, mainstream heterosexual caraqueño, donde ni las gordas (aunque sí los gordos) ni los afrodescendientes ni los maricos están aceptados, pero sí las putas. La pasé muy bien en alguna fiesta de un colectivo de trans llamado Party Monster, que tienen concepto y show. De lo que va esta entrada es de la altivez de nuestra pretenciosa clase media, la por cierto tierrúa altivez. Amén de que si en las fiestas de modernas pasa en las maricotecas es muchísimo peor, pero no sólo se trata de la movida nocturna.

El fenómeno de la altivez se puede extrapolar al día a día. Hace unos años retomé la universidad después de tres años de ausencia en los que estudié una carrera corta (Ciclo Formativo de Grado Superior, para ser más específico) en Madrid. Yo no conocía a nadie así que me senté en un rincón del salón y me puse a leer, me parece que para entonces se trataba de un “Caballo de Troya”2, qué irónico. Escuché entonces a una mujer decir lo siguiente: “¿Mira, pero él es?”. Por el rabillo del ojo vi la situación: se trataba de la amiga de un maricón, absolutamente desconocido para mí, que le preguntaba a este sobre mi persona. Lo interesante fue la respuesta de él, un muchacho para nada guapo ni bien vestido pero aparentemente sí muy pretencioso: “no sé ni me importa”, en tono de desprecio, como arrugando la cara y, claramente, consciente de que yo a ese punto tenía que estarlos escuchado dado que, si bien ella le hizo la pregunta bajito, él le respondió en un tono de voz bastante alto, jactancioso, y la verdad es que no creo que pensara que yo fuese sordo. Lo peor es que semanas después ese mismo hombre manifestó un claro interés hacia mí. Así están las cosas.

No sé si se deba a la paradoja homosexual que consiste en que quien te gusta puede ser competencia a la vez, pero de lo que estoy más seguro es que se debe al hecho de que la gente de esta ciudad cree que poniendo caras de asco son divinos, cuando por el contrario se trata de una gran ridiculez pero, sobre todo, de una pésima educación. Como la niña que le quita todos los ingredientes a la pizza porque "qué aaaasco" y se come nada más que la masa, para sentirse especial e importante; así.

Hasta el próximo domingo



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1 La verdad es que muchas cosas malas también tengo que decir de la mayoría de los lugares de no-ambiente del este de Caracas, como, por ejemplo Suka Bar donde pretendíamos llevar a un amigo de Canadá que vino a visitarnos pero no, no nos dejaron pasar, “sólo parejas”, nos dijo el malandro de turno que estaba en la puerta; éramos cinco hombres, incluido el canadiense, y una amiga (mujer con vulva) que, vivaz como sólo es ella, le respondió “bueno… aquí somos tres” (parejas). Qué vergüenza con el canadiense (que, por cierto, no hubo quien pudiera atenderlo en el cinco estrellas Hotel Eurobuilding debido a que nadie hablaba inglés), qué imagen se habrán llevado de la ciudad; una muy apegada a la realidad, supongo.
2 Libro de ficción relacionado con el Nuevo Testamento

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