domingo, 13 de mayo de 2012

Cyber rebusque internacional. Peligro inminente


-¿De qué te ríes sola? Le pregunté a una compañera de trabajo al ver que recibía un mensaje en su Black Berry.

-De nada; respondió ella, treintona alta, rubia y tetona; audaz, inquieta y coqueta. Un mariquito más, pues, pero con vagina. Resultó que su "novio", un militar norteamericano de Kansas había quedado en mandarle un regalo a través de una compañía de envíos internacionales; inmediatamente se levantó de su puesto de trabajo y fue a escanear su pasaporte -Necesita que le mande esto, dentro de poco nos vamos a conocer en persona en Estados Unidos. Pasaron los días y escucharla hablar a hurtadillas en su limitado inglés, enamoradísima, se hizo frecuente.

 ¿A que se la donan?

Cual cuento de hadas, los encantos platinados de María habrían conseguido, sabrá Dios valiéndose de qué chat de la vida, conquistar al Capitán Steven Haggard, rubio de buen ver (varias fotos en el buzón de entrada del correo electrónico de María daban fe de ello), muy norteamericano, que a las venezolanas les encanta, viudo y dispuesto a compartir con una futura esposa de buen busto el jugoso retiro que estaba a punto de conseguir luego de años de servicio en oriente próximo. Pasaron los días y recibimos la noticia: había llegado un paquete desde Estados Unidos a la sucursal de la compañía de envíos Tal en Caracas, nada menos que a nombre de la señora María Haggard. El "apellido de soltera" de mi compi es Pérez, así que aparentemente la cosa iba muy en serio ¡Qué romántico!

-El paquete pesa 90 kilos señora, por eso no podemos llevárselo a la oficina; venga con una copia de su pasaporte número tal a retirarlo. Le informaron a María.

-¡90 kilos, imagínate toda la ropa que me debe estar enviando! Se dirigió ella hacia mí con una amplia sonrisa dibujada en el rostro al instante de haber colgado

-¿Te están mandando ropa? -Intervino alguien más

-y zapatos, perfumes, cosas así

-¿Y él sabe cuánto calzas? -Pregunté

-Pues no. Dijo después de una pausa y agregó -Jamás le he dicho cuál es mi talla de nada

-¿Tú si quiera has visto a ese hombre por web cam?

-No

Llamamos nuevamente a la compañía de envíos a preguntar por el remitente y nos brindaron en efecto una dirección en Kansas, pero la googleamos y resultó que se trataba de una cárcel.

Me acordé entonces de que mi amiga Ángela le había pedido a su hermano que hiciera una transferencia a una cuenta en Reino Unido por hacerle el favor a un amigo de ella, una loquita feita y desesperada que me presentaron en una fiesta y que le dio el dinero en bolívares aquí en Venezuela. Al final resultó que la pobre loca cayó en una tremenda estafa. Se trataba de un ruso hermoso (de buenos brazos, desde luego, si no la loca no mordía ese anzuelo) que había contactado con ella me parece que por Facebook, se “enamoraron” y, loco por venir a Venezuela, le pidió que le transfiriera el dinero para comprarse el pasaje. Una vez recibida la plata el ruso desapareció como por arte de magia.

-Daniel igualito le pagó a Carmelo –Me contó mi Ángela sobre la loquita y el hermano -pero obvio que jamás le dijimos a Carmelo que esos dólares al final se los habían robado a Daniel, **risas**. Lo peor es que cuando le conté esto a una amiga ¡nos enteramos de que el supuesto ruso la había contactado también! sólo que ella no fue tan bruta como para mandarle el dinero; incluso comparamos los correos que habían recibido Daniel y ella y resultaron que eran exactamente iguales.

Le conté a María la desavenencia por la que tuvo que pasar la loquita conocida mía y cumplo con informársela también a usted, estimado lector. Ojo, el ruso se mostraba por cámara web, no vaya a pensar usted si se está rebuscando con alguien en línea que ello le garantiza un final feliz vía fibra óptica. No.

-¿Tú le has hecho alguna transferencia a ese tipo, o algo? Le pregunté a María.

-No, ni jamás me lo ha pedido, pero igual estoy asustada. Y la comprendo, porque a saber qué carrizo habría en ese paquete de 90 kilos ¿Drogas? ¿Un muerto? ¿Contrabando? ¡Son noventa kilos! -¿Debo ir a la policía? Para colmo el tipo tiene una copia del pasaporte de ella.

María se puso a interrogar al militar o lo que sea sobre lo descubierto en relación con el remitente del paquete. Él jamás mencionó ninguna privación de libertad, la conversación se puso tensa, ella no logró entender qué carrizo le decía él y al final el hombre, a los pocos días, desapareció y jamás pudimos resolver el misterio del paquete, paquete que María prefirió no reclamar.

Caer en una estafa es sólo uno de los miles de riesgos que corren las crédulas cyber rebusconas y los crédulos cyber rebuscones internacionales, ávidas y ávidos de sacarse al partido de su vida que las saque o que los saque “de esta miseria”. Conozco a una que se fue a vivir a Suiza con un millonario lisiado de pelo cano a quien llamaba “Clarita”, que le ofreció mantenerla y que al final la tenía encerrada hasta que llegó la policía a llevárselo preso por evasión de impuestos; sin embargo el riesgo está presente incluso cuando existen las mejores intenciones de ambos lados. Fue el caso de mi amiga Ángela, la hermana de Carmelo, quien conoció a un musculoso turista alemán en las playas de Choroní que le propuso llevársela a Alemania y se la llevó. Hasta el próximo domingo, cuando relataré su dramática historia.

Pueden consultar casos de estafas relacionadas con militares norteamericanos dirigidas a histéricas haciendo clic aquí

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