domingo, 29 de abril de 2012

Estirar la cuerda sentimental en el mundillo gay actual


Ese domingo habíamos quedado en ir juntos al gimnasio, pero bien pasado el medio día mi pretendido o mi pretendiente, según cómo se le mirase, no aparecía, así que le mandé el primer mensaje. El día anterior me había tocado trabajar hasta la extenuación por lo que me quedé en casa mientras él, fotógrafo farandulero, salía con unas “amigas” que habían llegado de afuera. Domingo al fin y sin nada que hacer, las cuatro paredes de mi cuarto empezaban a asfixiarme y entonces mandé otro par de mensajitos, puede que menos amistosos que el primero pero aún bastante cordiales. Cayó la noche y yo ya, que soy un tipo bastante intranquilo (no me imagino en una sesión de acupuntura por más en boga que esté, acostado en una camilla y sin poder moverme, seguro que le busco conversación a la china), me puse en contacto con un conocido en común quien me reveló que el motivo de mi angustia después de verse con las “amigas” se había ido a una “maricoteca” tal (lugar por cierto sumamente sórdido y de mal gusto, nada acorde con el perfil de moderna de “mi hombre”, pero bueno, siempre he creído que en Caracas lo del “moderneo” es pura pose) y ahí se había quedado hasta sabría Dios qué hora. 


Cualquiera que haya leído mis entradas anteriores (tituladas "Sacarse a alguien de encima", "La obsesión por los extranjeros y las ganas de creerle a charlatanes") y en general cualquiera de mis textos en este blog, podría pensar que intento venderme como un héroe, que me creo un maestro del autocontrol y de la asertividad poniendo por el piso a otras personas, que veo la paja en el ojo ajeno mas no la viga en el propio; así que a continuación me voy a mojar un poco con el refrito de un episodio dudoso de mi vida, porque es lo justo.

Si bien yo lo que estaba era originalmente preocupado, “tramoyando” unos escenarios trágicos que incluían secuestros, robos, burundangas y cualquier cantidad de otros males típicos y leyendas urbanas de esta ciudad (al fin y al cabo cual auténticos enamorados nos escribíamos a cada rato), llegado ese punto empecé a cabrearme y casi deseaba que le hubiese pasado una de las desgracias citadas a mi pretendido o mi pretendiente, según cómo se le mirase. Continué averiguando a través de otros terceros hasta por fin descubrir que el tipo estaba sano y salvo dado que se había reportado al llegar a casa, hora no confirmada.

Bueno, por supuesto que ya yo no estaba cabreado, lo mío era una posesión satánica. En torno a mí los trastes levitaban y se aventaban contra las paredes mientras yo, botando espuma por la boca, convulsionaba en la cama y gritaba guturales maldiciones en lenguas muertas. ¡¿Pero por qué diablos no se había reportado conmigo siquiera para decir que no podía verme? Qué falta de consideración, ojalá lo hayan secuestrado unos extraterrestres y le estén haciendo toda clase de estudios mediante sondas muy humillantes! Total que a eso de las 10 p.m. el hombre me llama, aquejado por una fuerte resaca, a pedirme disculpas, que había cometido muchos excesos el día anterior y que no era sino hasta esa hora que se levantaba. Desde luego lo traté horrible: quería, aprovechando la resaca, que sufriera todo lo posible, raro en mí que honestamente soy un “ser de luz”[1], “descomplicado” y nada “revanchero”, pero es que de verdad yo lo había pasado muy mal, muy, muy mal, así que sus disculpas no me bastaron: le dije de todo, quería que me suplicara, que me besara los pies. 

Pues al día siguiente se podría decir que me aplicaron la de Procusto[2] de acuerdo con el decir venezolano de finales de los ochenta y principios de los 90 que reza “me cortaron las patas”, para el resto del mundo de habla hispana: me mandaron a freír espárragos. Yo que por el contrario esperaba que se arrastrasen hacia mí pidiendo perdón terminé arrastrándome como un coleto (fregona) inútilmente y por varios días si no semanas. Orgullo herido o lo que fuese, francamente no lo podía creer.

Si este ensayo ha conseguido crear de parte de usted la empatía que busco hacia mí, probablemente usted todavía comprenda mi escena de celos, al fin y al cabo las cuaimas[3] siempre tendremos algo ganado, lo que pasa es que aún no he dicho que el fotógrafo y yo a penas teníamos saliendo una semana. Sólo una semana y hasta a sus amigos, que para mí son unos simples conocidos, llamé por teléfono, pero bueno, ya no puedo echar el tiempo atrás. Incluso mis amigos, que de manera natural y como es lógico tienden a ponerse de mi lado, le dieron la razón. Moraleja: que hay que esperar por lo menos un par de meses antes de sacar las uñas. 

Sin ánimos de ser presumido así como sin ánimos de venganza, yo no hubiese tirado de la cuerda tan estridentemente de no ser porque me creí en una posición fuerte al verme a mí mismo mucho más atractivo y mejor partido que el otro, pero también aprendí ese día, más allá de la humildad, que hay mucho de qué escoger ahí afuera para estarse aguantando cosas a primeras, por pequeñas que sean, y menos como la que yo armé. Mi naturaleza conciliadora de todas formas, en la posición de él, me habría hecho pedir disculpas, mi imaginario me hacía entender que él se iba a sentir halagado, pero no. Por otra parte: “Puedo confirmar de manera oficial que hoy en día no se llega al corazón de un hombre a través de la belleza, la comida, el sexo, o un carácter seductor, sino simplemente aparentando que no estás muy interesada en él”[4].

Afortunadamente para mí ya mucho tiempo ha pasado desde que los acontecimientos tuvieron lugar, de hecho no hubiese podido volver a relatarlos de no ser porque ya los tenía escritos. Como ve, tengo tanta sangre en las venas como el que más y, francamente, no siento vergüenza por intentarlo, si usted entiende a qué me refiero. Besando mil sapos estoy más cerca de mi príncipe azul[5] que aquellos demasiado buenos para rebajarse a posar sus labios sobre anfibios, y obviamente mucho más cerca que aquellas que están a las espera de que les llegue un macho alto, blanco, musculado, con plata y joven a conquistarlas. Estoy feliz por los incontables errores que me han traído hasta el lugar en donde estoy, con mi novio, de otra manera no hubiese sido posible, y francamente por más que reconozca haberme portado muy mal no envidio nada el lugar que ocupa actualmente el novio del que fuese algún día mi pretendido o mi pretendiente, según cómo se le mirase, tan poco dispuesto a aguantarse una "simple escenita de las mías" (guiño).



[1] No es fácil encontrar una definición consensuada de lo que es un “ser de luz”, sin embargo basta con buscarlo en cualquier buscador de Internet para entender que se trata de un término usado por los movimientos espirituales contemporáneos en referencia a alguien que ha alcanzado la sabiduría que conduce al amor, o algo por el estilo, en todo caso siempre con connotaciones muy positivas.
[2] Bandido de la mitología griega que les corta los miembros a los viajeros que buscan refugio en su posada
[3] “1.- Serpiente muy ágil y venenosa, negra por el lomo y blanquecina por el vientre, que abunda en la región oriental de Venezuela. 2.- Persona muy lista, peligrosa y cruel”
[4] Fielding, H. (1999) El diario de Bridget Jones

[5] Me hizo falta tener que aguantar al cocainómano de clase alta decadente que me decía que yo le pegaba el mal aliento para conocer al chico sensible licenciado en artes de la central con quien ver películas clásicas. Me hizo falta aguantarme a la moderna enferma crónica que no hacía otra cosa que no fuera de moderna, ni siquiera ir a comer a un restaurante de comida italiana por no ser fancy (un día le enseñé 1979 de Smashing Pumpkins y me dijo “qué horrible, qué pasado de moda” para luego darle a “me gusta” en Facebook cuando uno de sus amigos modernas a quien le jala bolas posteó el video) para conocer al tipo con personalidad con quien puedo hablar sobre los viajes de Marco Polo y el reinado de Carlomagno. Tuve que calarme al empleado de tienda de celulares, medio chulito, fan del hardcore bodybuilding, según quien yo hacía el ridículo haciendo barras en el Ávila a pesar de mis 75 kilos de años de gimnasio (sólo que sin esteroides, claro), para conseguir al hombre seguro de sí mismo que no le importa si estoy gordo o flaquito. Al vigoréxico ¿por qué sería? ni se le paraba...

domingo, 22 de abril de 2012

Sacarse a alguien de encima


Qué difícil es sacarse a alguien de encima y qué duro es cuándo te lo hacen. Esta entrada viene un poco a matizar mi entrada anterior relacionada con las ganas de creerle a charlatanes que si ya la leyó, bien, y, si no, puede hacerlo como no, no hace falta para entender el par de relatos a continuación...


Si no le atienden al teléfono, no insista:

Había un ex compañero de la universidad al que yo no soportaba por mentiroso, aburrido, egocéntrico, poco culto, alcohólico, pero lo cierto es que en una oportunidad me dijo que yo era “su mejor amigo”, me escribía una cantidad exagerada de mensajes, llamaba a mi casa y procuraba pegárseme a cuanto plan tuviera yo. Para colmo (y esto me cuesta admitirlo), una noche cunado todavía estudiábamos tuve el mal tino de permitir un “roce sexual” y además, en días siguientes, lo saqué conmigo un par de veces a pasear puesto que soy una persona de carácter débil y me sentí comprometido a hacerlo, así que muy al principio le di un poco de cuerda aunque inmediatamente cerrara el grifo de la atención ante las señales de alerta. Pasados un par de meses ya yo había probado de todo para sacudírmelo (no contestarle los mensajes, no atenderle las llamadas, no invitarlo para ninguna parte, etc.), incluso atravesé la línea entre la buena y la mala educación; su respuesta: “¿Qué pasa, por qué te pones así si somos amigos?”. Ante tan poco amor propio se me puso el corazón chiquito e ignoré el comentario, porque no soy lo suficientemente valiente para decirle que me tiene arto, así sea con mejores palabras, pero tampoco lo suficientemente hipócrita para pedirle disculpas. Desesperado, busqué el consejo de mi madre, una mujer que tiene la capacidad de dar siempre los remedios más agrios y, como siempre, me ha dicho lo que yo no quería oír: “Háblalo con él”; sabor a pomelo. Afortunadamente la diosa Fortuna me sonrió y alejó a ese hombre de la ciudad y de mi vida.

¿Qué otra cosa podía hacer yo?


Si al verlo las personas salen corriendo, no insista:

Un sábado por la noche me encuentro a Fernando V conectado en Internet. Fernando es un perenne estudiante de arquitectura de la Universidad Simón Bolívar, altísimo aunque su cuerpo parece más bien un pin de boliche, no muy agraciado de cara, bastante amanerado aunque crea lo contrario, venenoso (se trata del “amigo” que me pone verde con todo el mundo, explicado con anterioridad, así que yo ahora hago lo propio) y cuyo gusto exquisito si bien dudoso para algunas cosas (fue él quien con orgullo me contó que la madre cuelga afiches mandados a encuadrar como piezas de arte en la sala de su casa) se manifiesta al sólo dar cabida dentro de sus consideraciones de tipo sexual y afectivo a los hombres más hermosos, actitud que suele traerle muchos desengaños en tanto la verdad no está para jugar en las mismas ligas, reflejando en el camino muchos complejos comunes del tercer mundo (le gustan papeados, blancos y sin plumas). 

Fernando una noche me contó por teléfono que tenía un novio nuevo que vivía en Puerto Ordaz y que, en ese momento, estaba pasando unos días aquí en Caracas. Yo le pregunté: “¿qué haces que no estás ahora con él?”; él me respondió: “desde el jueves no nos vemos”. A partir de ese momento supe que algo no marchaba bien y se lo hice saber, pero insistió en que no pasaba nada, únicamente que su novio estaba quedándose en un lugar donde no había luz y por ello no tenía batería en el celular, así que no tenían manera de comunicarse. Claro está que esa explicación alimentó aún más mis suspicacias. Pasé buscándolo y terminamos en el Mc Donalds de La Castellana (era de lo poco que estaba abierto a esa hora) y, adivinen qué, ahí estaba el guayacitano (por favor, corríjanme si ese gentilicio no es así) y Fernando montó un show del que aún me quiero olvidar, ahí mismo, en frente de un gentío; imaginen lo lleno que estaba ese restaurante (por llamarlo de alguna manera) un sábado siendo lo único disponible en la madrugada. En esas circunstancias, Fernando se puso, soltando plumas como él solo, literalmente a perseguir por todo el local a su supuesto novio quien huía despavorido. “¡¿Quién es esta gente con la que andas?!” inquiría temblando de la rabia “¿Por qué no me has llamado? ¡¿No y que no ibas salir hoy?!”. Yo estaba pelándole el diente a un oso en traje y claro, se me cortó la nota. En medio de todo el lío le rogué a Fernando que por el amor de Dios dejara al otro en paz, pero él insistía, diciéndome que no sabía que estaba pasando, aunque era evidente. 

No hay peor ciego que el que no quiere ver. El punto es que, ante señales muy claras (porque hay que ver lo claro que es salir casi corriendo, como lo hizo el guayacitano) Fernando no aceptaba que estaba siendo rechazado y se aferraba a la esperanza de que jamás le dijeron que querían alejarse de él; con esa excusa, continuaba con unas demostraciones que desde mi punto de vista se había convertido en acoso, denunciables. Trate de, por bajo que caiga, jamás llegar a eso, se lo ruego.


Es más el consejo que puedo ofrecer a los acosadores que a los acosados, sacarse a alguien de encima es una ciencia sobre la que todavía no hay tratado.

domingo, 8 de abril de 2012

La nostalgia por el pasado (música de los 70 y así)

Hubo un tiempo diferente en el que los artistas españoles triunfaban en América primero que en España. La cultura de la madre patria no estaba tan emperrada con sus aspiraciones europeistas y su música era melodiosa, encantadora. Hoy en día produce una nostalgia tan hermosa que hace pensar que un mundo donde haya canciones así no puede ser tan malo. Lo invito a experimentar ese sentimiento de la mano de esta selección que le presento y espero disfrute.


Canción de otoño de José Luis Perales
Un ramito de violetas de Cecilia (préstele atención a la letra de esta artista que se ganó su lugar en el club de los 27 aún antes de que esa lúgubre lista existiera)
Un beso y una flor de Nino Bravo
Acompáñame de Rocío Durcal
Como yo te amo de Raphael
Santa Lucía de Miguel Ríos
Te quiero de José Luis Perales

Acompáñame de Rocío Durcal


Si le gustó "Un ramito de violetas" lo invito a que disfrute también de la versión punk de Rakel Winchester de esa canción



Saludos

viernes, 6 de abril de 2012

La obsesión por los extranjeros y las ganas de creerle a charlatanes


Llámese complejo o gusto por lo diferente, que no puede haber gay del norte en Caracas porque aquí se alborotan: quedan prontamente hechizados, se les mete algo en el cuerpo, como un mal de San Vito, por no decir que se comportan como canes hembras en periodo reproductivo y se desatan las más alocadas pasiones que, luego de la llegada a la luna y próximo a vivir la era del turismo espacial para nuevos ricos, el ser humano posmoderno se puede permitir. Es como si tuviesen un chip en el cerebro que los predispusiera hacia las racistas ideas de “mejoramiento de la raza” del dictador Pérez Jiménez en los 50, por las que, durante esa década, se les abrieron las puertas a los inmigrantes europeos y no a nuestros vecinos del hemisferio.


¡Extranjeros de países en color azul, vengan a mi país que tendrán un éxito sexual con el que nunca soñaron! (Esta promoción no aplica para países del extremo oriente)

Hablemos entonces de un francés, bajito y gordito, de labios gruesos (y no muy europeos, la verdad), aunque de carnes muy claras y frescas, que cambió los Alpes por el calor abrasador permanente del trópico, recibiendo de esta manera una atención con la que, sospecho, jamás soñó. Mucho antes de llegar ya estaba haciendo desastres por Internet, y me consta desde una tarde lluviosísima de julio cuando almorcé con mi amigo Diego, un morenazo de mi edad que trabajaba como redactor en un circuito radial y actualmente vive en Nueva York. Diego me habló maravillas de con quien venía “chateando” desde hacía unos meses, que incluso se escribían por correo ordinario (con lo lento que es en Venezuela), una intensidad de pasiones que me pareció extraña dado que jamás se habían visto en persona y los separaba un océano, por más que las nuevas tecnologías unan. “Tú no entiendes; entre él y yo hay una conexión real y profunda”, me decía.

El francés con el que Diego tenía una “conexión real y profunda” llegó y, al día siguiente, ambos se vieron en la inauguración de una exposición de arte: hablaron, rieron, el francés acompañó a Diego a la puerta, todo un caballero. Parecía pues que la cosa tenía futuro, pero una sombra terrible oscurecía el cielo desde el litoral; luego de la galería, el francés prácticamente se esfumó, para hacer su aparición un tal Argenis, de La Guaira, quien le escribió a mi amigo el siguiente mensaje privado a través Internet (el texto en realidad era mucho más largo, estaba muy mal redactado y para colmo los párrafos estaban infantilmente enumerados, así que en realidad lo que presento a continuación es un resumen) que para mí engloba toda la idea:

“1) (…). No soy amigo "íntimo" de Tomy, sino que, para dolor de muchos, soy su PAREJA (así mismo, en mayúsculas). Formamos y mantenemos una relación basada y fundamentada en la confianza (continúa con otras cursilerías por el estilo). 2) No le veo (…) importancia al hecho (de) que lo hayas conocido en febrero, si con eso pretendes hacerme ver que lo conociste antes (…), pues sí, te lo confirmo (…). En cuanto a los detalles, lo sé, los tiene, los hace, es en esencia un romántico (…). 3) El cambio en su actitud se debe a que, así como te conoció a ti, conoció a N cantidad de chicos más a través de su perfil en Gaydar, como sería lo más normal que ocurriera (…). Me permito en este punto comentarte que lo conocí con el único objetivo de ayudarle (…), pensé que podría (…) enseñarle la ciudad (…). Lo demás vino sólo, (…) de manera espontánea (…). Yo conocía de tu existencia, así como de muchos otros chicos con los que Tomás eventualmente conversaba. Sé bien que le escribías con frecuencia (…) (él) me decía que eras muy insistente. (…) Siempre le preguntaba (…): ¿tú le has dicho a ese chico que tienes novio, que no estás interesado en él? a lo cual me decía que no, porque le daba un poco de lástima (en negrita) y no quería hacerte sentir mal. No (…) creo que sea prudente que sigas buscando a Tomás, entiende que eso ya no puede ser, y que el verlo, el tratarlo, sólo te hará más daño. (…) Lamento que todo esto haya ocurrido de esta manera. Mis mejores deseos para ti. La vida sigue...” y el texto también.
 

Una vez juré amor eterno e inolvidable, de Kleenex® y todo, con tal de llevarme a alguien a la cama. Se trataba de un madrileño y le dije que quería ser su novio, que creía que podíamos construir un futuro juntos, y, como esas, otra tanda de promesas vacías, cursilísimas, absurdas para lo poco que nos conocíamos y fundamentadas en sentimientos que, desde luego, yo no sentía. Si bien estuvo mal por mi parte, lo cierto es que decir palabras bonitas, y falsas, es una de las técnicas más difundidas a la hora de buscar no sólo atención sexual sino beneficios de diversa índole. Incautos que se las crean sobran. Hay quien hace del palabreo su estilo de vida en vez de considerarlo una opción desesperada.

Es aquí cuando retomo al francés y a un amigo diferente a Diego, que me llama por teléfono para compartir conmigo su ilusión, con total voz de enamorado: “Estoy pendiente con un francés bellísimo, esta semana lo conocí, me acerqué a donde vive y le hice el sexo oral en las escaleras de su edificio; quiere que seamos novios”. Esas palabras, a parte de parecerme un contrasentido, me sembraron la duda: “¿Cómo se llama el francés?”, “Tomás” fue la respuesta ¡Tomás! La casualidad era demasiada y, a partir de unas preguntas de confirmación, lo comprobé: ¡el Tomás de la mamadora se trataba del mismo Tomás de Diego, ese ennoviado con el tal Argenis, el tipo de los correos intensos! Total que al final, una vez que el francés consiguió trabajo y se estabilizó, mandó al tal Argenis a freír espárragos y se buscó un moderna con el fin de, acertado o no, empezar su ascenso social en el trópico.


Por lo visto T es un brujo de verbo encantador y pocos escrúpulos, haciendo de las suyas en el terreno más abonado posible para sus fechorías. Total que, como le dije a Diego, para mí que el francés, al margen de tanto infantilismo y calor suscitado, sencillamente optó por el hombre que le proveía de más comodidades: el que tenía casa y carro. Mientras tanto, mis dos amigos, un par de hombresotes con muchas oportunidades y sin necesidad, peleándose conmigo por haberles dicho lo que estaba pasando (y yo también por mi venita inocente pero chismosa), en especial la mamadora, 3 años después de lo pasado y aún no hemos recuperado nuestra amistad tal y como era.

Creo que los gays en Caracas no nos terminamos de querer lo suficiente; quizás el hecho de que te inculquen desde niño que estar muerto es preferible que ser maricón influye, no lo sé. Esta estrada está dedicada a todas esas amistades que se perdieron por culpa de un macho que no valía la pena.

martes, 3 de abril de 2012

Rotten Dead Pool, banalizando la muerte (cuando Internet era distinta)

Hubo un momento en el que uno podía estar media hora en una misma página que no fuese Facebook, Twitter, un sitio de rebusque o una de las millones de redes sociales que hay ahora para perder el tiempo y en las que particularmente me pierdo. Lo de ahora es un vértigo de páginas de información en las que poco nos detenemos; por cada línea que agrego a las entradas de mi blog pierdo una visita. Hubo un momento en que la gente (y no todo el mundo) utilizaba Internet no para auto promocionarse y hacerse un culto de sí misma sino para aprender o divertirse; no sé si fue un momento mejor, pero sin duda me da nostalgia y es por ello que, aunque no me paguen para venderlo, lo invito a participar en la pasada de moda página Rotten Dead Pool y que juegue conmigo el siniestro juego de la muerte.


Elija diez celebridades que usted crea que vayan a morir de aquí a un año (no le tienen que caer mal ni nada, simplemente personas que usted crea que tienen posibilidades de morir), y gane un punto por cada acierto; al final vea cuántos puntos acumuló. Revise las fichas de vida de cada una de las personalidades que se le antoje antes de escoger: registros penales, adicciones, enfermedades, historias sórdidas y demás factores de riesgo. Es una buena excusa para practicar inglés (ojo, es una página norteamericana y antes de que me lo pregunte NO ESTÁ TÍO SIMÓN, aunque el Rey sí sale) y aprender, gracias a su delicioso formato de chisme, cosas como que Fidel Castro es el hijo de la criada, quién fue la primera Paris Hilton de la Historia, o los detalles sórdidos de la vida de Dolly Parton ¡Se me pasan las horas así!

Arriba el "tele evangelista" Billy Graham, quien va de número uno en las apuestas; no es una elección muy audaz en tanto el señor va para 100 años. De todas formas si no lo conoce (yo no lo conocía) no se preocupe que la mayoría de la gente es más conocida por estas latitudes nuestras
 


Sé que el juego puede resultar siniestro (suelo chequear día a día la página a ver si tengo algún punto nuevo, por ahora no ha muerto nadie que haya escogido), pero recuerde que el miedo a la muerte y su estigma es una cuestión cultural; es un fenómeno ineludible. En el fondo se trata de adquirir conocimientos y ver el legado de la humanidad, algo que está más allá de la muerte y a mi juicio una de las pocas cosas más grandes que uno como individuo.

Hay que registrarse en Rotten Dead Pool para poder jugar (qué horror, qué fastidio registrarse, me va a quitar un minuto, literalmente, de mi vida que podría utilizar en darle a refrescar mi Facbook a ver si alguien montó uno de los cuadrantes "así me ve mi mamá, así mi papá, así en la Facultad de Ingeniería de la Universidad de Carabobo..."), pero no te mandan nada al correo electrónico ni para confirmar la contraseña; es simplemente para crear el nombre del usuario y poder llevar la cuenta, así que hágalo.

A continuación, mi selección (en orden alfabético):









Fidel Castro Head of StateDictator of Cuba for almost fifty years13-Aug-1926



Hugo Chavez Head of StatePresident of Venezuela28-Jul-1954



Kirk Douglas ActorSpartacus09-Dec-1916



Michael Douglas ActorWall Street25-Sep-1944



Oscar Niemeyer ArchitectArchitect of Brasilia15-Dec-1907



Demi Moore ActorGhost11-Nov-1962



Joseph Kony CriminalLord's Resistance Army in Uganda18-Sep-1964



Prince Philip RoyaltyDuke of Edinburgh10-Jun-1921



Anne Rice NovelistVampire novelist04-Oct-1941



Keith Richards GuitaristThe Rolling Stones18-Dec-1943



¡Haga su propia selección y publíquela en Twitter mandándome un arroba a @vmolinav o dejando un comentario en esta entrada o ambos, para jugar juntos y de aquí a 2013 ver quién ganó! Por cierto la página tiene una lista de personajes homofóbicos con el Papa figurando, desde luego, si la quieren revisar; hay nombres que sorprenden, como el de Brigitte Bardot.