jueves, 8 de marzo de 2012

La machista concepción estética de los habitantes del este de Caracas


Siento que las orejas me van a explotar mientras escribo estas líneas, de lo que se me ha disparado la tensión. Esta ciudad se ha empeñado en abofetearme estos últimos días: antier unos vigilantes fariseos me pegaron una calcomanía por estacionarme “mal” en la Universidad Central de Venezuela -teniendo que dirigirme al trabajo con un pegoste en el cristal de mi carro cual letra escarlata -. Esta mañana tuve que sufrir la humillación de que adictos al crack me atracaran no una sino dos veces en la Avenida Bolívar, para luego tener que calarme el típico discurso criollo de que la culpa fue mía, por “aguevoneado”, de la boca de un compañero de trabajo, pero lo peor es que aparentemente me voy a quedar sin puesto de estacionamiento debido a las novedades discutidas en la junta de condominio de mi edificio anoche.

Para nadie es un secreto que vivo con mi mamá y mi abuela en Santa Fe. Estos edificios si bien fueron construidos en los sauditas años setenta, -sus acabados son exquisitos y tienen una agradable vista al Ávila -sólo cuentan con un puesto de estacionamiento por apartamento, sin embargo como esos puestos son grandes como para un Ford LTD, en la mayoría caben dos vehículos de los actuales y para los copropietarios que no tuvieron esa suerte se habilitaron espacios en ciertos rincones. Cada quien cuenta, pues, con dos puestos de estacionamiento... o contaba con ello, porque ahora a todos mis vecinos les dio por comprar vehículos 4x4, sumándose al montón de la nueva clase media emergente que se antojó de mudarse para acá. Agarrar el carro para salir de noche en medio de una emergencia se ha vuelto un imposible; en el mejor de los casos uno pasa “aprentando”.


Resulta que como la moda de los rústicos no permite que todas y todos tengamos nuestros espacios para dos carros en el estacionamiento, los puestos volverán a ser para sólo un carro y los lugares extra inventados, como el que yo uso porque en mi casa está mi carro y el de mi madre, van a tener que ser rifados. Pudiera parecer un problema bobo de clase media suburbana pero detrás de esta situación que me afecta se esconde un matiz perverso: la patanería y vulgaridad de una ciudad cuyas calles están dominadas por las nada ecológicas camionetas y su significado.

Entiendo que la gente del campo necesite una camioneta, hasta puedo entender que una persona a la que le guste “rustiquear” tenga su camioneta para irse a la Gran Sabana, a Chuspa o a donde le dé la gana, lo que no me puedo meter en la cabeza es que -sin ánimo de sonar lesbofóbico -el par de mujeres solteras y sin hijos que viven en el mismo apartamento del piso siete tenga cada una una pick up doble cabina, que la cuerda de amas de casas casadas con militares que viven en mi edificio, que lo que tienen es un niño pequeño por familia y si a caso -generalmente un bebé -necesiten unas camionetotas del tamaño de un autobús escolar para ellas y otras tantas para los esposos y que la vecina del piso tres haga lo propio para poder colocar cómodamente su bolso del gimnasio en la silla de atrás ¡No entiendo!

No es que no lo entienda la moda de las camionetas porque le tenga asco al lujo, de hecho en mis últimas vacaciones a veces me cansaba del sucio encanto de Europa vieja de Buenos Aires y le pedía a mi novio que fuésemos a comer a Puerto Madero, suerte de Miami con esteroides y pretensiones de Dubai, nada más que para “ver riqueza”. Lo que me molestan son los símbolos de estatus inútiles y machistas de nuestra vacía clase media. Quizás no lleguen al extremo de pegar esa chabacanas calcomanías en plan “Chévrolet + mujer + cerveza = sexo sodomita ardiente” o a colgarles testículos a sus “machitos”, pero casi casi, de hecho, calcomanías de marcas de ropa para surf y tiendas de artículos para pescar sí que les ponen.

Yo soy el más arrecho” gritan los hombres y las mujeres del supuestamente elegante este de Caracas. Lo peor es que si en mi casa no nos toca el puesto de estacionamiento extra de la rifa de mi edificio, mi mamá tendrá que pararse afuera porque a la hora que llego ya no hay puesto en la calle, pero si a los dueños de esas camionetas no les sale el numerito van a seguir estacionándose doble, pick up con pick up, porque de eso se trata, son así ¡Los conozco! 4x4 para sembrar el terror y cocinas remodeladas en casa para tener a la mujer haciendo la cena. Lo peor sobre todo son esas mujeres generalmente bajitas que no manejan bien sus enormes peroles y uno tiene que apartarse cuando te vienen de frente porque como manejan entre el volante y el tablero no pueden calcular y se te meten hasta un metro en tu canal, mujeres que luego se quejan del machismo de esta sociedad y que escriben secamente en las redes sociales que celebrar el Día Internacional de la Mujer, como oportunidad para obtener reivindicaciones, es una estupidez, sin darse cuenta de que les guste o no a esta sociedad le falta mucho para conseguir la igualdad entre hombres y mujeres.

Como ven, esta ciudad no sólo es invivible debido a la delincuencia, la suciedad o la pobreza, sino a muchas otras cosas.

3 comentarios:

  1. ¡Hola Víctor! Me encanta tu blog, me alegra haberlo encontrado justo hoy. Creo que el machismo trasciende la estética y se instala en el modo de vida, trasciende el este de Caracas y está institucionalizado en toda la ciudad, sino es que en toda la sociedad latinoamericana o en el planeta, porque como debes saber nada ni nadie se salva del patriarcado. Ahora bien esas mujeres vecinas tuyas con algo deben llenar ese vacío existencial que tienen por haber nacido mujeres en esta sociedad tan cruelmente machista como lo es la caraqueña (venezolana, latinoamericana) llenan ese vacío con silicón, llenan ese vacío cuando llenan dos puestos de estacionamiento con sus camionetotas, en vez de cultivar su intelecto, tratar de sentirse libres y contentas con ellas mismas, buscarse un psicoterapeuta o que se yo.
    Por fortuna en la ciudad aún existe gente como tú que trata de sobrellevar la insatisfacción con el sistema a través de esta vía, lo cual aplaudo. Cuando encuentro buenos blogs de caraqueñ@s me alegro mucho por que siento que no todo está perdido y que esta hermosa pero caótica ciudad aún tiene esperanzas.

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  2. Muchas gracias Milagros; me siento profundamente honrado :) y veo que mi esfuerzo vale la pena

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  3. Mi querido Víctor no puedo hacer otra cosa que estar de acuerdo contigo y con tu amiga Marisol. De machismo tenemos de sobra aquí y en casi todo el mundo.
    Cuando trato de ahondar en las razones siempre termino pensando que si la crianza de los hijos está en manos de las mujeres, porque así lo manda la ley del hogar y la tradición, no seríamos nosotras las llamadas a empezar el proceso del cambio… En este punto cambio de rumbo y miro desde otro ángulo.
    ¿Por qué criamos así a nuestros hijos o hijas? Entonces pienso en la comodidad. “Para que voy a cambiar. Así me mantienen y yo no tengo que hacer nada. Él se ocupa de todo.” Y así es en muchos sitios. Las niñas aprender a servir en todo el sentido de la palabra y el hombre puede hacer lo que quiera, porque es hombre.
    Se me olvidaban las camionetas. “Le compré una camioneta igualita a la mía a mi mujer.” “Así está contenta porque estamos iguales.” ¡Ojo! Dije estamos no dije somos. ¿Para qué sirven esas camionetas? Muchas cambian de manos veinte veces y nunca pisan un charco. ¡Pobres! ¿Qué tapan con ellas? ¿Qué sustituyen?
    Empecemos por los hombres. ¿Será que así no tienen que ser grandes sino tener algo grande? ¿Será que si los dos tienen una camioneta igual no se nota tanto que lo que tienen al lado no da la talla sino en el tamaño de la copa, y no exactamente de vino…?
    ¿Y ellas…? En el papel de “brutas” que aparentemente es lo que prefieren los hombres, si llegaran a abrir alguna puerta y ver alguna luz, no podrían con el caudal y ese vacío, que debe ser muy pequeño y negro, se llenaría de cosas y sería tan grande que ellas desaparecerían, absorbidas.
    Uno de los grandes problemas es que cada vez más solo nos medimos o comparamos por lo que tenemos y no por lo que somos. Si tuviéramos que enseñar lo que llevamos por dentro no haría falta tantas camionetas.

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