martes, 27 de marzo de 2012

Grandote vive mejor entre patanes (la ginecomastia II)


Tanto entre nuestra filistea clase media como para el resto de nuestro reverenciado perraje, los cuerpos de película pornográfica abren puertas y, horror, lo contrario se castiga. 

Uno de mis ex novios está como un toro (y, ya que estamos hablando de él, tiene un nutrido grupo de fans en twitter). No fueron brazos como los suyos los que estuve buscando desde que salí del armario; tampoco me quejé. Lo cierto es que la vida se le hacía mucho más fácil comparada con la mía, para aquel entonces a un milímetro del raquitismos entre la universidad, el trabajo y mi abuela, por el simple hecho de tener más cuerpo. Pensará que es una estupidez, yo también lo pensaba hasta dar con él y a diario notar las diferencias que la ciudad hacía entre nosotros, es más: él lo admite no de palabra pero sí con una media sonrisa.

Dios sabe lo temeroso conductor que soy. Llego con mi compacto al cruce[1] donde desemboca la avenida en la que vivo; tengo prioridad para salir pero soy prudente y espero a que no venga nadie. Si cansado de esperar se me ocurre meterme cuando muy a lo lejos viene alguien, a pesar de que haya espacio suficiente e, insisto, el paso lo tengo, los conductores (y conductoras, porque de la igualdad de género muchas sólo adoptan lo peor) aceleran, se me pegan, se me ponen al lado, me insultan, me hacen gestos obscenos y en el mejor de los casos me preguntan si estoy loco; se ha dado el caso de ofrecerme golpes, incluso con mi madre de copilota. Bueno, pues resulta que mi ex novio con su rústico se incorpora como le da la gana ahí y nadie rechista, estoy cansado de verlo. Voy a aparcar en el Teatro Teresa Carreño e inmediatamente salta el típico empleado de estacionamiento, gamberrísimo, de estos a quienes hay que pedirles perdón por ser de la clase media, a hacer alarde del ínfimo poder que tiene (muestra inequívoca de los muchos complejos de la gente y me atrevería a decir motivo por el que el mal llamado tercer mundo no avanza a mayor velocidad) diciéndome que me pare aquí o allá, así o asao, con la trompa, de culo, no tan pegado, menos separado. En cambio mi ex novio llega y se para donde y como bien le da la gana sin que le digan nada. 

A pesar todo de lo que anteriormente he escrito, caso no crea que la gente se arrodilla por el rústico, no señor: salgo a la calle (continúo en el Teresa Carreño) y si no le doy limosna al mendigo piedrero con la franela roja que se la pasa ahí incomodando, pues pordiosero y todo me grita unas cochinadas que no deben ser escritas, en cambio mi ex novio le dice que no y el mendicante tranquilito; en fin, que no es la camioneta ¡es el pecho! (porque mi ex novio ni más alto que yo es).

Por último, si cree que a mi ex novio lo respetan por ser más masculino que yo, usted se equivoca rotundamente: un día íbamos caminando por la Avenida Volmer (quien conoce la avenida sabe que es peligrosa) y, a punto de encender un cigarrillo, se le cayó el encendedor en frente de un nutrido grupo de rudos chóferes de autobús; primero gritó amaneradamente “¡aaaaaaay, mi yesquero!” y se detuvo de golpe, luego, levantando las manos a la altura de los hombros, con los codos pegados a las costillas, moviendo los deditos y con las muñecas partidas, se agachó felinamente a recoger el objeto e incorporarse con un afectado movimiento de caderas. Ninguno de los machos vernáculos que presenció aquella danza de escarcha y lentejuela dijo nada; de haber sido yo el protagonista del show, flaquito y solo, la historia seguro hubiese sido otra. Como dijo Balzac "las leyes de la fisonomía son exactas, no sólo en su aplicación al carácter, sino también en relación con la fatalidad de la existencia"

Ahora la cosa es otra: ya estoy metido en un gimnasio a ver qué puedo mejorar. Me aburrí de ser la poca cosa, me sacié de que cuando me acerco a una barra en un bar a pedir una copa me atiendan de último. Hace dos años me dije que la próxima vez que alguien me dijera una cosa como “no eres mi estilo para nada” o “podemos ser panas porque se ve que eres un personaje” iba a empezar a escribirle a los tipos musculosos con perfil en Gaydar para concertar citas con ellos y mientras iban al baño aprovechar de arruinarles los frenos ¡y que se maten! ***risas chifladas***. En realidad he de admitir que admiro a las personas que han logrado desarrollar un buen cuerpo; eso demuestra voluntad, constancia y otros tantos atributos positivos que no me sobran. Supongo que cada quien tiene lo que merece.

Pero bueno, los motivos no importan tanto, de hecho me desvían de lo que intento plantear que es la realidad de un tipo homosexual, enclenque como lo soy yo, en el gimnasio, entre el machismo y la mariconería

En estos días se me dañó el candado del casillero e hice un espectáculo digno de verse con el piquete, pero claro, yo incapaz de pedir ayuda puesto que el lugar es intimidante y, a pesar de que el culto a la figura me parece de lo más narciso del mundo, se respira un aire machista. Sólo hasta estas últimas semanas logré llenarme de coraje y pedirle al monitor que me pusiera a hacer glúteos porque yo no había visto a ningún chico haciéndolo y pareciera incluso que por ahora soy el único que lo hace. Fíjense cómo son las cosas, mi entrenador, a quien jamás he visto haciendo ese ejercicio, me lo explicó haciéndolo él mismo y con bastante empeño, algo que no acostumbra al explicarme otros ejercicios (como no le estoy pagando nada extra…); vamos, que aprovechó para hacer “pompas” con la excusa de que yo le estaba preguntando cómo se hacían, lo que me da a pensar que cuando la sala se queda sola, más de uno se irá al rincón donde está esa máquina a ejercitarse el trasero, evitando que lo vean. Por otro lado, cuando yo vivía en Italia solía ir al gimnasio con un compañero de trabajo quien me decía que lo más interesante de entrenar era echar ojo después en los probadores. Yo como entre los muchos vicios que tengo (que tengo más vicios que una puerta vieja) no está el de ser voyeur, esa afirmación me resultaba desagradable y ligeramente falta de respeto. Luego descubrí que había un par de tipos quienes, seguido, paseaban desnudos por los probadores con su moco de pavo colgando y sin excusa alguna, simplemente para dejarse ver, porque así como está el voyeur está el exhibicionista, que tampoco es mi caso, por más que en ese sentido no tenga nada de que avergonzarme. Ahora que lo analizo, eso pasa en Italia, en Venezuela y en todos lados, porque miren que he pasado por decenas de gimnasios a lo largo de toda mi vida, de estos que abandono al mes, pero siempre al corriente de ese fenómeno.


Bueno, en fin,aquí seguiré en el gimnasio... a ver si consigo una vida normal. Habré mejorado algo últimamente ¿No?


jueves, 22 de marzo de 2012

Viviendo en la capital de la ginecomastia I

Voy a aprovechar que me siento malito y por ende no voy a ir hoy al gimnasio para hacerme junto a usted la siguiente pregunta: ¿Existirá algo más importante para el varón actual del tercer mundo que ser joven, tener dinero, estar bien relacionado, alcanzar el éxito o haber de buen gusto y talento? Pues sí: los músculos. Lo que unas tetas operadas para la mujer exótica y plástica de este pizpireto rincón del mundo, son unos pectorales amplios y de roca para el hombre, y no cualquier tipo de pectorales amplios sino unos bien desarrollados a punta de esteroides porque sepa usted que sin la ayuda de esas hormonas masculinas sintetizadas es absolutamente imposible conseguir los desarrolladísimos cuerpos que nos hemos acostumbrado a ver en nuestra asquerosa televisión nacional y publicidad. Incluso aquellos a los que llaman "acuerpados" tienen arriba cualquier cantidad pinchazos en esas nalgas (los esteroides se inyectan en esa zona) y si no lo invito a entrar al vestuario de mi gimnasio y vea cómo ese montón de musculocas y vigoréxicos pelan esos traseros y se inyectan los unos a los otros mientras cantan como los enanitos de Blanca Nieves. Luego en la papelera la montaña de jeringas, estuches de jeingas, frasquitos, cajitas de frasquitos y prospectos es digna de admiración. A continuación, vean mi cuerpo luego de años de ejercicio y sacrificio, en la plenitud de mi vida (27 años), reflejado en la siguiente foto en la que salgo amorocito con mi novio visitando el Centro Cultural Recoleta en Buenos Aires...


...y noten cómo en nada se compara al "talento" de nuestro talento nacional, posando en plan sexy criollo (dígase jean desabotonado, peinado pasado de moda, cara de serio, brazos depilados y la cosita religiosa colgando del cuello, que ha de ser el muchacho muy devoto) de Manuel Sosa (por citar sólo un caso, si no véase por dónde van los ídolos juveniles Chino de Chino y Nacho y Aran, ídolo de las más jovencitas gracias a Somos tú y yo), pésimo actor de novela para planchar:


Si de verdad cree que eso se consigue comiendo mucha pechuga de pollo, haciendo ejercicio, durmiendo mucho y tomando mucha agua (que es básicamente lo que ese tipo de hombres dice que hace en un alarde bíblico de hipocresía) sepa que no y no lo intente por esa vía o terminará frustrado. Si aspira a llegar a ese volumen prepárese a gastar en inyecciones de decadurabolin, polysteron y hormona de crecimiento aproximadamente un sueldo mínimo al mes (ya lo averigüé) y fregarse el hígado, a parte de comerse una docena de claras de huevo por la mañana y cualquier otra cantidad de cochinadas que dudo sean especialmente sanas a lo largo del día, y eso sólo para el volumen. Para la definición no estoy tan seguro, porque lo normal es echar barriga bajo tales condiciones y créanme que hacer 200 abdominales al día por sí sólo no lo va a evitar por más ejercicio cardiovascular que haga. Supongo que tratamientos estéticos como la ultracavitación juegan un papel fundamental a la hora de conseguir unos abdominales marcados para estas moles, por no decir directamente que hay que consumir piedra.


Tanto rollo mediático en contra de la anorexia no tiene su contrapartida en contra de la vigorexia, pero en este mundo machista, gobernado por hombres que pueden pagar por sexo, no hay interés. Luego lo preocupante es que no sólo las "estrellas", nuestras "glorias" están optando por poner en peligro su salud por la estética mediante los esteroides, sino que tanta presión está haciendo que ese mundo de vanidad y competencia sucia se expanda a todos los ámbitos. Dese un paseo por los cines de El Tolón y vea de qué hablo: adolescentes varones de quince y catorce años con cuerpos trabajadísimos, pectorales hipertrofiados, espaldas que parecen refrigeradores y mega brazos. No sé si decir “bien por ellos” o desaprobar el que criaturas se dediquen a esculpir sus cuerpos en vez de disfrutar las cosas propias de su edad (como emborracharse con los amiguitos, fumar a escondidas, robarse el carro de los padres, que era, más o menos, lo que yo hacía), sin mucho pensar en sexo porque, estemos claros, la idea de meterse en un gimnasio a torturarse está encaminada a eso, a hacerse más atractivo, lo que pasa es que se eufemiza frecuentemente con la cuestión de “sentirse bien”. Cuando vi a uno de los mencionados muchachos en los cines de El Tolón sobándose repetitivamente los pectorales mientras hacía la cola de la caramelería con la noviecita, aproximadamente de la misma edad de él, pensé: pobre chica, pedí una Coca-Cola gigante (de esas que parecen una papelera) y un perro caliente de esos enormes para conservar la pequeña barriguita que me salió de un tiempo para acá y que se niega a desaparecer, y sonreí ampliamente al recordar que al menos tengo algo que ese chicos no tendrá: recuerdos de una infancia y una adolescencia maravillosa y auténtica.

Si el problema de los esteroides lo aterra imagínese qué nos queda a los homosexuales, víctimas y verdugos de una superficialidad a destacarse, si incluso aquellos que no hacen ni los ejercicios de kegel lo que están es pendiente de llevarse a la cama ya no a alguien como yo sino al chico Sosa, generaciones víctimas también de haber crecido viendo pornografía en Internet y a quienes la realidad es imposible que les satisfaga. La competencia es dura para un gay y lo que viene es tremendo. Pareciera que en un futuro cercano habrá que entrenar al menos cinco días a la semana para conseguir así sea un poco de sexo oral ¿Por qué conformarse con alguien si, por más bueno que esté, por mejor posicionado socialmente que esté, por más dinero que tenga, por mejor que se comporte, o por más culto que sea, en teoría, siempre puede haber otro mejor… y en especial con mejor cuerpo?

Salimos todos corriendo como este hombre (uno de los descarados que conocí y me dijo que comiera más para aumentar masa muscular pero que obviamente se inyecta lo que se le ponga en frente), posando junto a su más armónico amigo, a pincharse y a exhibir su trabajado cuerpo, sin darse cuenta de que ya va teniendo una incipiente ginecomastia (nótese su pectoral derecho; ni me quiero imaginar de qué tamaño debe tener los testículos, seguro ya se le van poniendo como unas metras)...


 ...ginecomastia que en breve, si no se la opera (con su horrible recuperación), se va a poner así...


 ...por no publicar aquí una foto peor para no abusar del mal gusto en este espacio.

Otro al que le está dando ginecomastia y sin embargo está ogullosísimo de su musculoso cuerpo...

(Tan espiritual su mensaje)


Sin embargo la flacura es una especie de maldición wicca que en países tropicales y sumamente frívolos como Venezuela impide llevar una vida normal. En mi próxima entrada hablaré de esos matices más sutiles y no sexuales con los que la ciudad castiga a aquellos que no se unen a la estética actual de exceso, voluptuosidad y vulgaridad. Hasta entonces.

martes, 20 de marzo de 2012

Kylie - Light Years (By Baby July)

Tengo canal en Youtube!!! "clica" aquí

Le dejo uno de los vídeos que "favoritié"; además es una canción de Kylie no muy conocida y el vídeo hecho por amigos míos.


lunes, 12 de marzo de 2012

No todos los días te dedican unas letras como estas

Estoy

Estoy, cuando lo que antes parecía malo ahora es extraordinario. Estoy cuando dejo de verme en las fotos y comienzo a verlo a él que sale a mi lado. Así estoy. Cuando temo la ira del dios que he negado la mayor parte de mi vida; cuando el pacto que hice con éste no significa nada. Estoy cuando encuentro por fin donde colocar la frase, aunque acechan mi templo las sombras, la oscuridad no habita ya este hogar. Estoy temeroso de admitirlo. Cuando quiero que todos lo sepan, cuando al fin sé lo que significa querer gritarlo a los cuatro vientos. Cuando temo que él lo lea, cuando temo que él lo sepa; cuando temo que todo termine. Estoy como cuando niño fantaseaba aterrado la muerte de mis padres. Estoy cuando los gruesos lagrimones se insinúan en los bordes de mis párpados, cuando no sé si es tristeza o felicidad lo que me oprime las tetillas, cuando no sé si es placer o dolor. Cuando la carne se me marea y cuando siento los huesos. Estoy cuando el todo no importa siempre que en todo esté él. Estoy en el opuesto en el que siempre he estado, estoy asustado. Cuando lo que fue no es nada frente al ahora. Estoy cuando nada parece suficiente, cuando ya no me arrepiento de adonde estoy. Estoy cuando no estoy en el futuro sin él. Cuando no hay ya palabras por decir sino gestos. Estoy cuando estoy nostálgico de vivir. Estoy cuando ya no soy yo. Así estoy cuando estoy.
 

jueves, 8 de marzo de 2012

La machista concepción estética de los habitantes del este de Caracas


Siento que las orejas me van a explotar mientras escribo estas líneas, de lo que se me ha disparado la tensión. Esta ciudad se ha empeñado en abofetearme estos últimos días: antier unos vigilantes fariseos me pegaron una calcomanía por estacionarme “mal” en la Universidad Central de Venezuela -teniendo que dirigirme al trabajo con un pegoste en el cristal de mi carro cual letra escarlata -. Esta mañana tuve que sufrir la humillación de que adictos al crack me atracaran no una sino dos veces en la Avenida Bolívar, para luego tener que calarme el típico discurso criollo de que la culpa fue mía, por “aguevoneado”, de la boca de un compañero de trabajo, pero lo peor es que aparentemente me voy a quedar sin puesto de estacionamiento debido a las novedades discutidas en la junta de condominio de mi edificio anoche.

Para nadie es un secreto que vivo con mi mamá y mi abuela en Santa Fe. Estos edificios si bien fueron construidos en los sauditas años setenta, -sus acabados son exquisitos y tienen una agradable vista al Ávila -sólo cuentan con un puesto de estacionamiento por apartamento, sin embargo como esos puestos son grandes como para un Ford LTD, en la mayoría caben dos vehículos de los actuales y para los copropietarios que no tuvieron esa suerte se habilitaron espacios en ciertos rincones. Cada quien cuenta, pues, con dos puestos de estacionamiento... o contaba con ello, porque ahora a todos mis vecinos les dio por comprar vehículos 4x4, sumándose al montón de la nueva clase media emergente que se antojó de mudarse para acá. Agarrar el carro para salir de noche en medio de una emergencia se ha vuelto un imposible; en el mejor de los casos uno pasa “aprentando”.


Resulta que como la moda de los rústicos no permite que todas y todos tengamos nuestros espacios para dos carros en el estacionamiento, los puestos volverán a ser para sólo un carro y los lugares extra inventados, como el que yo uso porque en mi casa está mi carro y el de mi madre, van a tener que ser rifados. Pudiera parecer un problema bobo de clase media suburbana pero detrás de esta situación que me afecta se esconde un matiz perverso: la patanería y vulgaridad de una ciudad cuyas calles están dominadas por las nada ecológicas camionetas y su significado.

Entiendo que la gente del campo necesite una camioneta, hasta puedo entender que una persona a la que le guste “rustiquear” tenga su camioneta para irse a la Gran Sabana, a Chuspa o a donde le dé la gana, lo que no me puedo meter en la cabeza es que -sin ánimo de sonar lesbofóbico -el par de mujeres solteras y sin hijos que viven en el mismo apartamento del piso siete tenga cada una una pick up doble cabina, que la cuerda de amas de casas casadas con militares que viven en mi edificio, que lo que tienen es un niño pequeño por familia y si a caso -generalmente un bebé -necesiten unas camionetotas del tamaño de un autobús escolar para ellas y otras tantas para los esposos y que la vecina del piso tres haga lo propio para poder colocar cómodamente su bolso del gimnasio en la silla de atrás ¡No entiendo!

No es que no lo entienda la moda de las camionetas porque le tenga asco al lujo, de hecho en mis últimas vacaciones a veces me cansaba del sucio encanto de Europa vieja de Buenos Aires y le pedía a mi novio que fuésemos a comer a Puerto Madero, suerte de Miami con esteroides y pretensiones de Dubai, nada más que para “ver riqueza”. Lo que me molestan son los símbolos de estatus inútiles y machistas de nuestra vacía clase media. Quizás no lleguen al extremo de pegar esa chabacanas calcomanías en plan “Chévrolet + mujer + cerveza = sexo sodomita ardiente” o a colgarles testículos a sus “machitos”, pero casi casi, de hecho, calcomanías de marcas de ropa para surf y tiendas de artículos para pescar sí que les ponen.

Yo soy el más arrecho” gritan los hombres y las mujeres del supuestamente elegante este de Caracas. Lo peor es que si en mi casa no nos toca el puesto de estacionamiento extra de la rifa de mi edificio, mi mamá tendrá que pararse afuera porque a la hora que llego ya no hay puesto en la calle, pero si a los dueños de esas camionetas no les sale el numerito van a seguir estacionándose doble, pick up con pick up, porque de eso se trata, son así ¡Los conozco! 4x4 para sembrar el terror y cocinas remodeladas en casa para tener a la mujer haciendo la cena. Lo peor sobre todo son esas mujeres generalmente bajitas que no manejan bien sus enormes peroles y uno tiene que apartarse cuando te vienen de frente porque como manejan entre el volante y el tablero no pueden calcular y se te meten hasta un metro en tu canal, mujeres que luego se quejan del machismo de esta sociedad y que escriben secamente en las redes sociales que celebrar el Día Internacional de la Mujer, como oportunidad para obtener reivindicaciones, es una estupidez, sin darse cuenta de que les guste o no a esta sociedad le falta mucho para conseguir la igualdad entre hombres y mujeres.

Como ven, esta ciudad no sólo es invivible debido a la delincuencia, la suciedad o la pobreza, sino a muchas otras cosas.