El “Manual de urbanidad y buenas costumbres”,
escrito por el caraqueño Manuel Antonio Carreño, es el texto clásico en Latinoamérica sobre
buenas maneras. Data del siglo XIX así que está un poco desactualizado (francamente
contiene estupideces, como que, por ejemplo, en la soledad no debe usted
desnudarse si hay mucha luz puesto que
ante todo debe primar el respeto a sí mismo), plantea cosas que sólo se llevan
a cabo de este lado del Atlántico (como dejar el cuchillo sobre el plato y
pasar el tenedor a la derecha para tomar los alimentos troceados, así la alta
sociedad caraqueña, o la gente con ínfulas de serlo, diga que es lo más
correcto mundialmente) pero es tan referencial que puede hablarse de un Manual
de Carreño de algo para señalar la codificación por escrito de lo que se
considera adecuado en urbanidad en relación con cierta actividad.
A continuacuón mi ejercicio, inspirado en la fiesta que ofrecí para mi cumpleaños veintitantos que, aunque
exitosa (me fue un montón de gente bella, bailé, todo muy divertido), me dejó
cierto sabor agridulce:
Manual de Carreño para Fiestas
CAPÍTULO PRIMERO
DE LOS DEBERES PARA CON EL ANFITRIÓN
Principios sobre
cómo llegar:
Cuando de llegar se trata, todo parte de que eso no es problema
del anfitrión, eso es problema del invitado.
Cuando alguien ofrece una fiesta
ya tiene suficientes preocupaciones (por ejemplo que no hay hielo) como para
estarle resolviendo la vida a los que no tienen vehículo. Es preferible decir
que no se va antes de ponerse a mandar mensajes de texto como los siguientes: “Estoy
al frente de la Británica,
aquí no están pasando metrobuses”, “¿Estarán bajando por el Four Seasons? Es
que yo bajé por la embajada de Canadá y no vi nada”. El anfitrión de ponerse a
responder se privaría de saludar bien a la gente, y si los mensajes continúan… “Es
que aquí no están sino los de La
Trinidad”… y como ese cinco más, el anfitrión no podrá hablar
con nadie de tanto estar al tanto del teléfono. Lo normal entonces será llamar
decentemente al invitado para preguntarle “por qué no agarras un taxi”, manera
sutil de decir “resuelve y no molestes más”. Si los mensajes continuasen… “Me
están cobrando 40 ¿qué hago?”… y así otros tres, ya sencillamente el anfitrión
ni responderá de la rabia de haber perdido más de una hora de su fiesta
revisando el teléfono y en vez de sentirse triste por la ausencia, estará feliz
de que se detenga el infierno de los mensajes.
Principios de
comedimiento:
- Evite apoyar los zapatos de las paredes, tocar las paredes, tirar
cigarrillos al suelo, detrás de los muebles, y ni qué decir de tragos.
- Si lo
invitaron a una fiesta y usted se presenta con personas que el anfitrión no
conoce, al menos tenga la decencia de presentarlos. No habrá nada más
desagradable que escuchar a alguien preguntar “¿quién vive aquí?”.
- De uno a
tres “arroceros” por invitado podría estar bien, eso dependerá del tipo de
reunión; de ser más es mejor que dicho invitado monte su propia fiesta, en su
propia casa y con su propio escocés.
Principios sobre
cómo irse:
Si la música se detuvo y encendieron las luces, desde hace rato que
es tiempo de irse (tanto como lo que llevan sonando baladas), ni que decir si
están recogiendo basura y para colmo dejaron una escoba detrás de la puerta.
La
manera como el invitado se vaya a su casa es problema de él y no del anfitrión,
quien, a lo sumo, llamará un taxi. Mensajes de textos como “el taxista me está
cobrando 60”
estarán fuera de lugar y pudieran producir en el anfitrión respuestas como “¿y
qué quieres que haga?”
Aprovecho para remarcar
la nota de cómo la clase media en Caracas, compuesta por profesionales (una
carrera universitaria es el “tener ser”), vive entre la riqueza pero a un
milímetro de la pobreza: no sólo tiene dificultades para hacerse con un vehículo,
artículo de primera necesidad en las periferias donde el transporte público no
es muy bueno y los servicios nocturnos brillan por su ausencia, sino que tampoco ni para
pagar un taxi.
Entenderán que las
cosas desagradables que cité anteriormente se suscitaron en mi cumpleaños, y
pues son las cosas típicas que ocurren en Caracas. Sé que nadie actuó
con maldad pero, a pesar de ello, me amargó un poco la falta de consideración
de varios, por más que, afortunadamente, yo sí que haya disfrutado la noche.
También me supongo* que el hecho de no organizar este tipo de celebraciones a
menudo hace que las cosas me asombren más de la cuenta, como me dijo mi madre
cuando, indignado, le comenté que alguien había dejado por todas partes las "pepas" de los duraznos que dispuse en mi hermosa mesa de frutas: "eso no es nada". Cierto,
me salió barato, si es verdad que, haciendo memoria, la vez anterior que reuní
a tanta gente hasta me rompieron un lavamanos.
A ser tomado en cuenta:
-
Yo no organizo fiestas "country", en lo particular me parecen una
nichada, pero lo cierto es que sin son de cumpleaños y pues, tal y como
se espera, el invitado tiene que llevar algo de tomar, eso lo exime de llevar regalo.
...No todo son obligaciones...
¡Diviértanse!
* "Me supongo" es incorrecto, lo correcto es "supongo", pero me encanta el sabor mantuano que le imprime a mi mensaje
* "Me supongo" es incorrecto, lo correcto es "supongo", pero me encanta el sabor mantuano que le imprime a mi mensaje
Hace añales que en Venezuela se perdió la bonita costumbre de llevar regalos. Y si por casualidad te llevan una botella, no se despegan de ella en toda la noche; y de serle posible se la bebe entera el que la trajo. Organizar fiestas es una ruina.
ResponderSuprimirFascinado!!Hace poco dí una clase del manual de carreño en la universidad!!!! espectácular
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