lunes, 7 de noviembre de 2011

La naturaleza humana


Cuánto no se ha sentenciado en relación con las bondades de decirse las cosas de frente, aunque, sospecho, la mayoría no profesa con el ejemplo. Si bien hablar por detrás puede resultar divertido, explicarle algunas cosas a ciertos incumbidos resulta al extremo complicado. No me imagino expresándole a mi mejor amiga (la que se encomienda a Dios, a la virgen y a los santos), por más que ya no la soporte de tanto que habla de su “amigo”, que debido a esa obsesión acabará tan sola y cuarentona como mi cuñada, que las mujeres envejecen más rápido socialmente hablando y sus óvulos se ponen duros con los años; pudorosamente no. Nadie es honesto del todo. Yo, por ejemplo, cuando amanezco en casa de alguien procuro levantarme diez minutos antes para peinarme, cepillarme los dientes y volverme a acostar en sus brazos con el fin de despertar luego, luciendo perfecto, sin marcas de almohada en la cara ni aliento mañanero; o si me dan nalgaditas traviesas procuro no apretar los glúteos de modo que no se me marque la celulitis (a los hombres también nos pueden salir esos malcarados huequitos) y hay que ver que en un momento así uno tiene que concentrarse para mantener semejante control del cuerpo.

A finales del año pasado nos dio por descoser a un amigo cada vez que el pobre se ausentaba; nada muy serio. En una oportunidad nos escuchó la madre del dueño de la casa donde estábamos reunidos y, entre otras posturas lindas, nos salió con esta: “Seguro que cuando alguno de ustedes no esté los demás se pondrán a hablar mal de él” y, ante el riesgo de que tal escenario no fuese completamente descartable (al fin y al cabo todos habremos patinado en un momento dando de qué hablar), llegado el instante de la despedida se dijo “nos vamos todos juntos ¡aquí no se queda nadie!”; y es que, estando claros y aunque los haya quienes se rasguen las vestiduras negándolo, no hay quien, gracias a sus palabras, no haya sido verdugo del prójimo (fundamentalmente aquellos que se santiguan son los primeros impíos). Dada la inevitabilidad, no debemos hacer un drama si nos enteramos de que nos han puesto verdes durante un bautizo, una salida al cine o cualquier otra reunión; sería como vivir de luto desde muy pequeños al entrar en conocimiento de la inminencia del fin de la vida.

Para concluir, y llevando el vilipendio al terreno de la adultez de hoy día, tenga siempre presente que lo más importante es manejarse con un lenguaje tan críptico que impida saber si usted se burla o elogia, mire que no queremos meternos con nadie porque no sabemos de las vueltas que pueda dar la vida en el país de las palancas (y las piedras de tranca), además, se practica así el refinado arte de demostrarse a sí mismo que las demás personas son estúpidas. La ironía será su gran aliada para alcanzar los objetivos a la hora de mencionar a algún conciudadano, y mientras menos se perciba el veneno mejor. Haga como si estuviese pronunciado las siniestras “palabras alusivas” en un sepelio (jamás se atrevería a hablar mal del muerto frente a la esposa, ¿cierto?, usted hará hincapié en las virtudes de padre ejemplar del difunto aunque en su edificio fueran famosas las palizas que le atizaba a las hijas cuando llegaba borracho al apartamento) , por ejemplo, se referirá siempre a la “acrisolada filantropía” de alguna “socialité” para expresar lo que le consta ya a mucha gente: que esa persona es una desalmada de marca mayor.

Claro que si están inventando alegremente de usted que se practicó un aborto, es un estafador, o una loquita indeseable por donde se le mire, puede que tenga de qué preocuparse. Un “amigo” dejó traslucir lo siguiente en su discurso: “Unas cuantas amigas mías dijeron que parecías un rockstar (estrella de música rock) en las fotos de mi cumpleaños; yo les dije ¿Pero si esa no es más que una loquita ahí?”. De yo haber cortado con esas “amistad” para ese momento me habría ahorrado muchos problemas posteriores parecidos a lo siguiente; una cosa es que digan: “qué feos esos zapatos de Pull and Bear de Víctor”, a: “ten cuidado con Víctor que al dependiente feo de Pull and Bear le pegó VPH”. De igual forma, si alguien da la razón a supuestos comentarios nada halagüeños sobre uno, no sólo su amistad es al extremo dudosa sino que, además, lo más probable sea que se haya dedicado a sembrar tales intrigas; si dice: “Menganito anda diciendo que deberías dejar de juntarte con esa gente fea con la que te juntas y creo que tiene razón”, significa que eso piensa y que para colmo se lo dijo a Menganito, o en el mejor de los casos si Menganito de verdad se lo dijo segurísimo le dio la razón cebándose.
Tómelo en cuenta. 
 

3 comentarios:

  1. WOW! DE TI SIEMPRE APRENDO Y SEGUIRÉ APRENDIENDO

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  2. Pues de tí andan diciendo que te inyectas cosas en el gimnasio... ajajajajajaj ¡Saludos!

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  3. Dime que esta entrada no fue hecha solo para poder publicar una foto de tus trabajados brazos y pectorales?

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