viernes, 21 de octubre de 2011

Metalenguaje de género


“Eres un confundido”, suena a intento de eufemismo, tan ridículo como “estás caminando como enamorado”; así me decían mis compañeritos de clase en el colegio, en vez de exponerme, directamente, que me meneaba más que una mujer, que los caminares son un tema. No creo para nada que los homosexuales seamos unos confundidos, lo que sí puede resultar confuso es la manera de hablar de la gente, gracias al machista y enrevesado castellano, y no sólo por los escrúpulos que en un momento dado puedan reflejarse al hablar sino porque nuestro idioma está obsesionado, desde lo más profundo, con el sexo (y no en un buen sentido), si no ¿por qué las cosas habrían de tener género en castellano? 

¿Cómo es eso de “la” puerta, será porque tiene un orificio? ¿Por qué un teléfono es masculino? Yo no le veo el pene a un zapato por ninguna parte. Histérico y sus derivados, palabras con muy pocas connotaciones positivas, provienen del griego histerikós, que significa útero. En España, cuna de nuestra lengua, el machismo se refleja con expresiones tan políticamente incorrectas como “coñazo”, que viene de coño, es decir vagina, para hablar de algo malo, latoso, insoportable, contrastando con la expresión “cojonudo”, de cojones (testículos) y que quiere decir “estupendo, magnífico, excelente” según el mismísimo Diccionario de la Lengua Española de la Real Academia.

Ahora bien, si los españoles parecen misóginos por su manera de hablar, los venezolanos, especialmente aquellos de los estratos más populares, resultan "esperpénticamente" homofóbicos. Aquí las palabras “gay” y “marico” se utilizan alegremente para señalar lo negativo, independientemente de su orientación sexual, si es que a caso tiene sexo eso de lo que se está hablando. Hace ya unos cuantos años fui a “la calle del hambre” (vía que conecta a un sector popular con una zona más bien industrial, donde se encuentran diferentes establecimientos de venta ambulante de alimentos, si es que las palabras “establecimiento” y “ambulante” pueden ser combinadas, y sí, lo acepto, después me pregunto por qué me da amibiasis) a comprar una hamburguesa (para llevar, desde luego) y junto a mí un barriobajero (que momentos antes había pedido para sí una “tres hermanas”) le dijo a otro “esta hamburguesa está burdeguey (“burdeguey” quiere decir “muy gay”)” dado que le habían puesto demasiado Ketchup, o algo así.

Planteado lo anterior, es normal que la jerga homosexual caraqueña se preste a todo tipo de confusiones: “¿Con quién estabas?” Me pregunta una amiga, “Con dos amigos que no conoces: Daniel y La Chiqui”, y con la misma aclaro “La Chiqui es un hombre” ¡Oh! La David, la Guillermo. Sé de uno que le dice a los homosexuales mujeres y a las mujeres húmedas (quienes, según él, cumplen únicamente una función reproductora) y con la misma agrega: “primero muerta que bañada en flujo”. No dudo que las maricas más finas no hablen de esa manera, pero el buen grueso lo hace de vez en cuando. En los escalafones más bajos la cosa se pone más densa: “le batió la peluca” por discutió, y si bajamos aún más nos encontramos con que los amigos se tratan de “hermana”. “¡Hermana, demasiada!”. Sin embargo no me quiero ir por las ramas, porque de lo que quiero hablar no es del uso que la sub cultura gay hace del idioma, sino de los prejuicios y odio con los que la mayoría dominante se expresa en todo momento.

Yo en lo particular creo que la respuesta a las incoherencias que plantea actualmente el castellano es el uso del lenguaje género sensitivo, así a muchos les parezca ridículo, chavista, incorrecto, incómodo o impráctico. Con lenguaje género sensitivo me refiero a "los educadores y las educadoras", "miembros y miembras"; si uno utiliza la palabra miembras una y otra vez ya no le suena tan mal, díganlo en voz alta unas diez veces y verán que ya deja de sonar extraño. 

Pensamos de la manera que hablamos, y empezar a hablar como deberíamos pensar nos ayudará a superar el machismo que nos tiene en la pobreza, la desigualdad y la injusticia, y no me refiero sólo a las personas gays, lesbianas, bisexuales y transexuales, sino a todos. Y no me venga usted con cortedades como que la Real Academia no acepta esas cosas; es precisamente la Real Academia la que define al matrimonio como "Unión de hombre y mujer concertada mediante determinados ritos o formalidades legales", a pesar de que ese concepto no abarca las uniones entre personas del mismo sexo, legales ya en muchos países. Tampoco me venga academicista con que para que un matrimonio sea llamado de esa manera tiene que haber una "madre" puesto que matrimonio viene del latín "mater" (madre), porque de acuerdo con esa lógica la mujeres no podrían tener "patrimonio".

2 comentarios:

  1. Jamás diré 'miembra' con lo lindo que suena miembro (ejem). Lo que es cierto es lo discriminador que es el 'RAE'.
    Besotes.

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  2. "ponle una O al final de las palabras y las vuelves gay" ;)

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