sábado, 1 de octubre de 2011

Las puertas cerradas del Paraiso

En la medida que los voceros de la iglesia continúan con sus mensajes de odio yo me pregunto ¿qué hacer? ¿jugar su mismo juego en plan "Jesús abogaba por la tolerancia y el amor"? o ignorarlos en plan "aconsejen a sus fieles a hacer lo que a ustedes más les parezca, pero no se metan en asuntos de Estado, que si a los judíos no les da la gana de comer cochino los demás no tenemos por qué privarnos de ese placer"; aunque la verdad es que si la justicia del hombre fuera lo suficientemente efectiva, personas como el Obispo de la Diócesis de Cabimas, William Delgado, debería ser sancionadas.

Demás está decir que aunque me hayan bautizado y “hecho” la primera comunión, soy agnóstico y nunca me confirmaré (bueno, muchos se horrorizarán, entre ellos la mamá de una de las amiguitas de mi sobrina, a quien no le gusta el Colegio Jéfferson porque, a pesar de que sus egresados salen hablando inglés a la perfección, " tiene un mal nivel académico ¡ni siquiera dan religión!"). La lógica me dice que tiene que haber algo más allá de nuestra comprensión que no sé si llamar Dios, que tampoco es simple casualidad, que no se parece en nada a las religiones modernas, pero que creó el universo. Deduzco que tuvo que haber un origen del todo. Me atrevo a decir que si acaso y por mala suerte la verdad más allá de la vida es tal y como la presenta la iglesia, estoy condenado al ardiente infierno de Dante, pero confío en que eso no va a pasar. 

Me resultan absurdos los dogmas cristianos, empezando por aquello de “el hijo de Dios” dado que para mí Dios debe ser algo tan diferente a nosotros que la idea de que pueda tener un hijo me resulta demasiado biológica. Me sorprende cómo una amiga mía, de mi edad, es decir joven (bueno, “joven”, por decir algo) se encomienda a los santos, va a misa, al encuentro del Papa en Madrid, y está persuadida de que Dios y sus deidades efectivamente la auxilian. Sale con disparates así: “en estos días yo estaba sin dinero y cuando revisé mi cuenta resultó que me habían depositado algo que no esperaba; es que a mí Dios me ayuda”. Para mí que Dios en ese caso no es más que despiste o casualidad. 

Homoerotismo sadomasoquita en el arte religioso. Siempre me ha parecido curioso, como los martirios de los santos y de las santas, que a la que menos le cortaban las tetas antes de crucificarla (Santa Ágata), información mobosísima muy bien difundida luego por la iglesia.



Sin embargo no son las descabelladas afirmaciones dogmáticas lo que me enfada del catolicismo, sino su fastidiosa, aburrida y sexo fóbica moral: amor por la castidad, rechazo tajante frente a las relaciones de tipo amoroso entre personas del mismo sexo, culpabilidad ante el placer… La mayoría de los otros grupos de la cristiandad también lo hacen, por ejemplo los pacatos Testigos de Jehová.

En contraste con mi situación (familia poco practicante), la madre de mi mejor amigo cayó en las garras infectas (me permito el calificativo) de un grupo evangélico de estos que aprovechan las miserias personales para engrosar su membresía, no en vano el eslogan “pare de sufrir”. Literalmente le han llenado la cabeza de demonios: la señora Ana María ahora cree que Gabriel tiene un demonio femenino en el cuerpo que le hace pecar y que debe expulsar rezando. Semejante fantasía paranoica es una muestra clara de dos cosas:

1.- Incluso la gente más fundamentalista y radical adopta de las creencias lo que le da la gana, puesto que esa mujer es divorciada (que en teoría el divorcio es pecado), y sin embargo es su muchachito el que vive lejos de la presencia del Señor.

2.- La influencia de las religiones penosamente todavía es mucha. Aún no hemos superado por completo la efervescente religiosidad de la edad media, aquella que en su momento hizo santas de anoréxicas1.

No juzguéis para que no seáis juzgados. Porque con el juicio con que juzgáis, seréis juzgados, y con la medida con que medís, os será medido.”2 ¿Por qué a las personas devotas no les dará la gana de hacerle caso a eso, o es que a caso no conocen el Sermón del Monte? ¡Fariseos!

En confesión al padre de nuestra parroquia no mi mejor amigo sino mi vecinito reveló su homosexualidad, un chico efectivamente mayor que yo pero que para entonces tenía diecisiete años. Él, primero monaguillo y luego catequista, tenía pues una relación estrecha, en el sentido más pío que pueda tener esa palabra, con el sacerdote, de quien obtuvo, palabras más, palabras menos, un: “no, hijo mío, lo que estás es confundido”. “Confundido”, conque es esa la imagen mejorcita que la iglesia puede figurarse. Afirmo con propiedad y por experiencia que mi vecinito ya para entonces, de estar confundido, estaba bien confundido, y llevaba su confusión hasta las últimas implicaciones, sin embargo y en honor a la verdad, también he de decir que continuó yendo a misa y participando en todo lo que podía, yo diría para conservar las beneficiosas relaciones públicas que supone participar en la iglesia, pero, a la hora del té, haciéndolo. No entiendo cómo por dignidad, y si lo que quería era roce, no se metió mejor en, no sé, clases de bordado en punto, Amnistía Internacional, macramé, esperanto, un gimnasio, o la sociedad filatélica.



1 Refiere a Santa Clara de Asís, Santa Catalina de Siena, Santa Teresa de Avila, entre otras. http://www.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=211204 santificadas por el hecho de no comer
2 Mateo 7:1-2

1 comentario:

  1. Debieras ver a los de acá de México, están igual o peor. Católicos, protestantes, testigos, etc...

    ResponderEliminar