domingo, 30 de octubre de 2011

El proceso de la interacción social (aderezado con Internet)

Para mí Este NiñO Ibarretxe (aunque realmente ese no es su apellido, pero dejémoslo vivir en su ilusión equivocada de que un apellido extraño le dará abolengo, así nunca haya ido a una fiesta del Country) es uno de los grandes personajes de la ciudad aunque a pesar de alto y guapo no sea especialmente refulgente (al punto de que amigos míos, inconexos entre sí, lo califiquen de gris, pero lo cierto es que todo el mundo conoce a Este NiñO). Si usted lo conoce probablemente ya sepa de quién se trata, si no, no importa, él no es más que un ejemplo maniqueísta para los propósitos de este blog, y la verdad es que no me debería meter con él puesto que lo vi en el Festival por en Medio de la Calle y se ve que está enfermo... pero igual lo haré (ya tengo el refrito bien adelantado).

La primera de las veces que salí con él estuvo, desde luego, muy rara. Él me contó lo que lo hacía tan especial: durante un considerable periodo de tiempo se dio a la tarea de concertar la mayor cantidad de citas posibles con chicos a los que había contactado a través de Gaydar, vía mediante la cual lo estaba conociendo yo a su vez, eso sí, él incapaz de revelar la identidad de los personajes porque, lo recalcaba insistentemente, no era chismoso, y lo que más le molestaba de los chicos con los que salía era que muchos chismeaban.

Como soy un provocador y cuando veo que alguien asume una postura que no termina de convencerme me radicalizo, le pregunté a Este NiñO si por casualidad conocía a mi ex novio Bochinche de Carne, y contrario a mi instinto me respondió que no. Firme en mi reto, le comenté que si algún día llegase a dar con él que se cuidara que de gente así no se podía esperar nada bueno; pero Este NiñO no me desaprobó por el chisme, que era lo que yo esperaba, especialmente después de haber repetido tanto que las mentes brillantes hablan de ideas, las cualquiera de hechos y las básicas sobre personas.

Dependiendo de cómo me sienta soy capaz de decir que me considero una persona sumamente discreta o, como me dijo mi amigo el esnobista en un arrebato machista, de quién hablaré más adelante “una mujer muy chismosa”. Yo lo llamo el “chisme deportivo”, la habladuría ociosa, que sirve para distraernos y amalgamarnos con el resto, actividad lúdica casi no incorrecta, como puede serlo el burlarse de la poca gracia con la que de acuerdo a su sexo deberían estar benditas las infantas Cristina y Elena. Por poner ejemplos hipotéticos, tenemos comentarios como “¿qué haces tú con la Luis no se quién, si esa es super pasiva?”, o “¿te enteraste de que Pierpaolo, el que se dio los besos con Raquel, la mejor amiga de Víctor, ahora es marica?”. El chisme deportivo, con moderación, es una necesidad intrínseca de todo ser gregario que esté interesado en conservar su salud mental. Manejado con cuidado y sin maldad, resulta inofensivo, divertido e incluso útil, yo me destaco en ello, pero también que para lo importante soy una tumba. Por otro lado, soy amigo de gente que se odia pero, a pesar de ello, mantengo la elegancia y la imparcialidad.

Ojo, que cuando hablo mal de mi ex novio Bochinche de Carne el chisme no es tan deportivo. El Sr. de Carne inventa cosas de mí tan rebuscadas como que en una oportunidad fue organizada una orgía en la que un nutrido grupo de hombres con apariencia de camioneros hizo una larga fila para penetrarme travestido (una escena que, insisto, para nada criticaría yo pero que en realidad no se ha producido ni es de mi interés). Es natural que sienta el impulso de desenmascarar a semejante miserable frente los demás, además, yo, a diferencia de Bochinche, no invento cosas, y, después de haber sido chuleado por él, después de que me haya robado a mí y a mi familia, después de él haberme golpeado y hecho la vida cuadros de las maneras más insólitas a raíz de nuestra ruptura, creo que tengo el derecho de contarle a quien me de la gana sobre su calidad humana.

A lo que voy es que el chisme es necesario o, al menos, no siempre es tan envilecedor como lo pintan, al contrario, puede llegar a ser justiciero. Malsano es el siguiente mensaje anónimo que me dejaron por Internet, público, cual carta abierta1, de estas que antaño se divulgaban en la prensa y mediante las que personajes medianamente notorios y en conflicto se despellejaban unos a otros: “Una vez salí contigo. La verdad eres guapísimo chaval, y muy inteligente, eso es lo que me atrapó y me mantuvo a la expectativa, pero después, poco después, a los 15 minutos, empezaste a destilar veneno de todo el mundo, de las relaciones, a entrar en detalles desagradables sobre otros... eso mató mi emoción y mis ganas.”

Me deprimí un poco y se crearon en mí ciertas inseguridades ¿Es que en realidad era yo capaz de hacer algo así, sin darme cuenta, puesto que por qué una persona diría algo tan feo de mí si no fuese verdad? Luego empecé a entender que el problema no era tan mío como del autor de esas palabras en mi contra, un cobarde al fin y al cabo, incapaz de identificarse, escudado tras el anonimato que brinda Internet y del que hablé con anterioridad. Honestamente en toda mi vida he concertado muy pocas citas, sólo a un chico llegué a verlo únicamente “una vez” y no podía tratarse de él, así que también se trataba de un mentiroso, pero alcanzar esas conclusiones me tomó días de angustia en los que me limité a hablar con los demás del clima y poco más ¿Saben qué es desagradable? Eso: estar demasiado pendiente de lo que uno dice; una conversación no se puede disfrutar así. Poco a poco fui olvidando la cosa hasta que un conocido me vino con el chisme (sí, sí, alguien tan chismoso como yo, aunque no lo admita): “hay alguien que está repitiendo eso mismo que te dejaron escrito, un tal Este NiñO Ibarretxe”. Me tomó sólo segundos darme cuenta de lo torpe que fui durante algo así como dos meses ¡Claro que tenía que ser él! Todo encajaba.

Los moralistas suelen ser las peores personas, o, al menos, las más hipócritas, además de que, habitualmente, reprueban conductas que no son problema de nadie. Muchos de los que se santiguan o asumen posiciones inflexibles en relación con lo que les parece moral, correcto o simplemente mejor, no están más que proyectando sus propios defectos, son unos grandes envidiosos, o simplemente se mueren de ver como otros hacen lo que ellos no se atreven a asumir pero con lo que fantasean. Incluso puede darse el que algún infeliz presente esos fenómenos combinados, es decir, que critique cosas que hace o que quisiera llevar a cabo y que además envidie a quienes sí las hacen. Aplica, pues, lo de “haz lo que digo mas no lo que hago”.Una persona íntegra es aquella que dice y hace lo que piensa y lo que siente. No dudo que haya conservadores íntegros, pero regularmente no es así, o eso es lo que al menos he venido descubriendo con el paso de los años.

Este NiñO, apoyándose en mentiras, proyectaba sus defectos en mí ¿Por qué digo mentiras? “…empezaste a destilar veneno de todo el mundo, de las relaciones, a entrar en detalles desagradables…” Más proyección imposible ¡si eso fue lo que él hizo durante nuestra primera cita (de las 4 que tuvimos)! Se rasgó las vestiduras por la manera inmoral como, según él, actúan los homosexuales, quienes, a pesar de ser uno, considera “piltrafas”. ¿Cómo no esperar de ese sujeto una cosa así? Desde mucho antes de leer el mensaje que me dejó ya yo tenía que haberme dado cuenta de que estaba en presencia de un moralista hipócrita; el primero en criticar la promiscuidad, hasta llegar al ridículo de decir que es virgen, pero entonces, cuando le pedí que donara sangre para mi papá, se negó porque había estado “portándose mal” y desde hacía tiempo que no se había hecho una prueba de VIH. Estamos hablando de un hombre que se afinca en decir que el chisme es lo peor de este mundo, pero lo que digo yo ¿estar regando por ahí que soy un chismoso acaso no es un chisme?

Sobran Estos NiñOs: tener pluma está mal cuando tienen pluma, hablar de los demás está mal cuando también lo hacen, el sexo sin compromiso es inmoral y sin sentido cuando lo practican; moralistas de un corrompido concepto de la perfección dispuestos a robarles las energías a los demás para hacer que el resto del mundo sea tan infeliz como ellos, porque no hay nada peor que un reprimido, ni nada más triste que alguien que no se siente bien consigo mismo o con lo que hace. ¿Que no debería importarme lo que piensa la gente? ¡Claro que me importa! Vivimos en sociedad, dependemos de los demás.

Y, en fin, recordemos que todo esto comenzó con un comentario anónimo que me llegó por Internet; Internet hoy en día es más que buscar parejas sexuales y novios, es más que una vía para echar una canita al aire, es un medio de interacción social en donde podemos encontrar líneas exquisitas, como estas: “Mira chica, ya que en el otro foro no se te puede decir lo que es debido dada la censura, pues te escribo por aquí. Te digo que eres la loca más orillera de todo el Cine Urdaneta, en el cual has confesado te la pasas metida dándole 5mil bolívares a cuanto hediondo te hace el favor (…). Procura que te maten pronto de una puñalada por ese culo, que te haga morir desangrada.”1 A pesar de todo ese veneno y ordinariez, es el hecho de que cualquiera pueda decir lo que le plazca es lo que hace a la red un medio tan maravilloso (estoy hablando del medio, no de los mensajes): las personas en la calle difícilmente se digan cosas parecidas, y a eso estoy jugando con estas líneas de domingo.
2 Seudónimo, Cliente VIP, 2007 http://www.network54.com/Forum/565032/thread/1186505524/last-1208393951/MIRA+%26quot;GER34%26quot;,+LOCA+ORILLERAAAAA+DESGRACIADAAAAAAAA pero puede sacar ejemplos varios y en vivo del “Chat de ambiente” del World Wide Web Mipunto.com http://mipunto.com/punto_chat/deambiente.html de donde acabo de sacar estas finuras (20 de noviembre de 2010) que advierto contienen un vocabulario apto sólo para adultos:
<═╫[♠]╫─≥¥ФŷØ
ګ─•►
> AL CULEON LE HACEN SEXO ORAL EN SU BICICLETA PORQ CARRO NO TIENE
<.....> callate arrabalera
<.....> puta marica
<QUIERO UNA COJIA> ESTOY EN MARCY EL LIMON Y BUSCO UN PANA ACTIVO QUE SEA BIEN NADA DE MARJINALES (…) Y QUE TENGA SITIO O CARRO PARA TENER SEXO YA
<.....> mas marginal eres tu puta cojia

viernes, 21 de octubre de 2011

Metalenguaje de género


“Eres un confundido”, suena a intento de eufemismo, tan ridículo como “estás caminando como enamorado”; así me decían mis compañeritos de clase en el colegio, en vez de exponerme, directamente, que me meneaba más que una mujer, que los caminares son un tema. No creo para nada que los homosexuales seamos unos confundidos, lo que sí puede resultar confuso es la manera de hablar de la gente, gracias al machista y enrevesado castellano, y no sólo por los escrúpulos que en un momento dado puedan reflejarse al hablar sino porque nuestro idioma está obsesionado, desde lo más profundo, con el sexo (y no en un buen sentido), si no ¿por qué las cosas habrían de tener género en castellano? 

¿Cómo es eso de “la” puerta, será porque tiene un orificio? ¿Por qué un teléfono es masculino? Yo no le veo el pene a un zapato por ninguna parte. Histérico y sus derivados, palabras con muy pocas connotaciones positivas, provienen del griego histerikós, que significa útero. En España, cuna de nuestra lengua, el machismo se refleja con expresiones tan políticamente incorrectas como “coñazo”, que viene de coño, es decir vagina, para hablar de algo malo, latoso, insoportable, contrastando con la expresión “cojonudo”, de cojones (testículos) y que quiere decir “estupendo, magnífico, excelente” según el mismísimo Diccionario de la Lengua Española de la Real Academia.

Ahora bien, si los españoles parecen misóginos por su manera de hablar, los venezolanos, especialmente aquellos de los estratos más populares, resultan "esperpénticamente" homofóbicos. Aquí las palabras “gay” y “marico” se utilizan alegremente para señalar lo negativo, independientemente de su orientación sexual, si es que a caso tiene sexo eso de lo que se está hablando. Hace ya unos cuantos años fui a “la calle del hambre” (vía que conecta a un sector popular con una zona más bien industrial, donde se encuentran diferentes establecimientos de venta ambulante de alimentos, si es que las palabras “establecimiento” y “ambulante” pueden ser combinadas, y sí, lo acepto, después me pregunto por qué me da amibiasis) a comprar una hamburguesa (para llevar, desde luego) y junto a mí un barriobajero (que momentos antes había pedido para sí una “tres hermanas”) le dijo a otro “esta hamburguesa está burdeguey (“burdeguey” quiere decir “muy gay”)” dado que le habían puesto demasiado Ketchup, o algo así.

Planteado lo anterior, es normal que la jerga homosexual caraqueña se preste a todo tipo de confusiones: “¿Con quién estabas?” Me pregunta una amiga, “Con dos amigos que no conoces: Daniel y La Chiqui”, y con la misma aclaro “La Chiqui es un hombre” ¡Oh! La David, la Guillermo. Sé de uno que le dice a los homosexuales mujeres y a las mujeres húmedas (quienes, según él, cumplen únicamente una función reproductora) y con la misma agrega: “primero muerta que bañada en flujo”. No dudo que las maricas más finas no hablen de esa manera, pero el buen grueso lo hace de vez en cuando. En los escalafones más bajos la cosa se pone más densa: “le batió la peluca” por discutió, y si bajamos aún más nos encontramos con que los amigos se tratan de “hermana”. “¡Hermana, demasiada!”. Sin embargo no me quiero ir por las ramas, porque de lo que quiero hablar no es del uso que la sub cultura gay hace del idioma, sino de los prejuicios y odio con los que la mayoría dominante se expresa en todo momento.

Yo en lo particular creo que la respuesta a las incoherencias que plantea actualmente el castellano es el uso del lenguaje género sensitivo, así a muchos les parezca ridículo, chavista, incorrecto, incómodo o impráctico. Con lenguaje género sensitivo me refiero a "los educadores y las educadoras", "miembros y miembras"; si uno utiliza la palabra miembras una y otra vez ya no le suena tan mal, díganlo en voz alta unas diez veces y verán que ya deja de sonar extraño. 

Pensamos de la manera que hablamos, y empezar a hablar como deberíamos pensar nos ayudará a superar el machismo que nos tiene en la pobreza, la desigualdad y la injusticia, y no me refiero sólo a las personas gays, lesbianas, bisexuales y transexuales, sino a todos. Y no me venga usted con cortedades como que la Real Academia no acepta esas cosas; es precisamente la Real Academia la que define al matrimonio como "Unión de hombre y mujer concertada mediante determinados ritos o formalidades legales", a pesar de que ese concepto no abarca las uniones entre personas del mismo sexo, legales ya en muchos países. Tampoco me venga academicista con que para que un matrimonio sea llamado de esa manera tiene que haber una "madre" puesto que matrimonio viene del latín "mater" (madre), porque de acuerdo con esa lógica la mujeres no podrían tener "patrimonio".

domingo, 16 de octubre de 2011

Tramoyas normales de un adolescente cualquiera

Advierto que la narración a continuación puede resultar cursi, simplona e infantil como la historia de las hermanas Lisbon (y que me perdonen aquellos que idolatran a Sofía Coppola), pero sin suicidios. Yo acababa de cumplir dieciséis, casto en todo sentido, y no precisamente por dármelas de pastorcita Marcela.  



Una fresca tarde a principios de enero, que si bien en Caracas todo el año la temperatura es similar, el calor suele dar una tímida tregua al despuntar el año; aún con la sensación relajada de la navidad recién concluida, cuyos obligados encuentros familiares se habían desarrollado sin gloria pero tampoco sin pena, bajé al apartamento de mi vecinito Francisco y, luego de un rato de charla banal relacionada con esas breves vacaciones de nuestro último año de colegio, me reveló que era gay. A pesar de que todavía, por púber, yo no me aceptaba, esa confesión cambió mi perspectiva del mundo tanto como a los europeos la noticia de que un genovés con sobrepeso había encontrado un nuevo continente.  

Francisco me contó que estaba algo triste porque acaba de terminar con su novio “JJ”, un tipo que yo no conocía ni por asomo, después de muchos “meses” (risas) de relación. La idea de que dos hombres pudieran conformar una pareja me resultó novedosa y tranquilizadora, aunque de regreso a casa me flaqueaban las piernas y estuve a punto de rodar por las escaleras que separaban nuestros dos apartamentos.  

Al día siguiente tomé una larga ducha para reflexionar y, después de una corta bisexualidad debajo del agua que duró no más de tres minutos (hay gente que dura en esa etapa años e incluso toda la vida), admití mi homosexualidad, sin más, pero todavía estaba asustado.  

Al llegar la tarde, volví a bajar al apartamento de mi vecinito y, una vez solos, inventé que había una chica del colegio que estaba corriendo el rumor de que yo besaba mal. Del uno al diez, mi vecinito me puntuó con nueve, nada mal para ser mi primer beso. El primer beso es algo que no se relega, muchas cosas importantes en la vida de alguien terminarán en el olvido, pero su primer beso no. Él era un muchacho sumamente atractivo, delgado pero de muy buen porte, labios gruesos y actitud indiferente frente a cualquier circunstancia, lo que le confería un aire de seductora grandeza.  

Aquello fue el inicio de unos “roces sexuales” que no durarían mucho.  

Transcurrido un mes, Francisco empezó a pasar de mí como de la gonorrea. Ante la situación, me puse furioso y llamé a su casa: contestó su hermano, quien me dijo que Francisco no estaba pero que quizás estaría con su amigo Juan José, cuyo teléfono me facilitó ¡Ese era el novio! Inmediatamente me puse en contacto con el número que me dieron pero, para decepción mía, no encontré a Francisco. No obstante, evalué la situación y, con más sangre fría que Scarlett O'Hara (o Escarlata O’Hara, como la llaman en España) y con su mismo estilo desfachatado y aguerrido, aproveché la llamada para concertar una cita con el fulano Juan José. Al poco tiempo, quien fuera el novio de mi vecinito se convirtió en mi primer novio, aunque ni siquiera me gustara especialmente: era un hombre como de veinticuatro años, un viejo, pensaba yo, pero la idea de haber fastidiado a Francisco me reconfortaba infinitamente. 

La consumación de mi primer noviazgo nunca se llevó a cabo, dado que desde un principio Juan José se declaró 100% activo y yo, si bien ahora no soy virgen por ningún lado, para entonces estaba viviendo las cosas tremendamente de prisa como para dejar que me penetraran “¡a mí me dejan mi culo quieto!”, repetía. A falta de aquello de mi parte el “viejo” terminó conmigo. Recordé que Francisco ya me había comentado su desagrado por la “total actividad” de Juan José. La ruptura no hubiese sido traumática para mí de no ser porque, inmediatamente, ambos se juntaron, pero seis meses después la oportunidad de resarcirme tocaría mi puerta y yo no la dejaría pasar.  

La soltería me duró poco, específicamente hasta el día que conocí a Bochinche de Carne, con quién tuve mi primera relación duradera. Mi vecinito, Juan José, el Sr. de Carne y yo, pertenecíamos a un mismo grupo de conocidos en plan “Amigas y Rivales”, telenovela juvenil mexicana producida por Televisa en el año 2001, más o menos el año de los acontecimientos. Éramos dos parejas de las que salen juntas al teatro. Pocos meses después y por motivos que no vienen a cuento, Juan José terminó arrimado en casa de mi segundo novio; digamos que no tenía dónde ir y Bochinche le abrió las puertas. Ya sé que el gesto a primera vista podría parecer de un altruismo conmovedor, nunca hubo pago sustancial y la situación se postergó a lo largo de varios meses, pero en cierta forma, Juan José terminó bajo el techo del enemigo.  

No fue que entre ellos hubiese rencor alguno sino la ociosidad lo que impulsó a Bochinche de Carne a hurgar entre las cosas de su huésped de estadía prolongada y la estupidez de este último lo que permitió que le encontraran un vídeo pornográfico casero y con fecha, protagonizado por él y otro chico al que conocíamos por referencia. El encuentro íntimo del que hubo la intensión de dejar un bonito recuerdo tuvo lugar cuando ya estaban juntos mi vecinito y JJ, a quien por cierto penetraban animosamente y parecía disfrutarlo mucho, cosa que me tomé personal. No había que ser Monsieur Auguste Dupin, ni gozar de su agudísima e instintiva lógica, para sacar rápidamente todas las implicaciones. Mi madre alguna vez me dijo: “Víctor, si no quieres que nadie lea una cosa que has escrito, o no la escribes o la rompes” y honestamente su sabiduría puede ser extrapolada a evidencias incriminatorias registradas en vídeo. Hay cosas que no deben tenerse guardadas en casa. 

El machismo se refleja muy bien entre los homosexuales a la hora de decidir quién es el activo y quién es el pasivo (asumo que a estas alturas ya se entiende perfectamente cómo funcionas los roles sexuales que asumen los hombres a la hora de acostarse entre ellos, el del activo y el del pasivo, dejando a un lado la versatilidad, que también existe). Le pedí a Francisco que me hiciera el favor de ayudarme a pintar mi cuarto y una vez concluido el trabajo (a la búsqueda de que el acabado quedara lo mejor posible), entre conatos de desmayo por parte de mi interlocutor, así como una mirada fría, tal cual la de un ciego que vende lotería a la salida del metro, solté la bomba fingiendo una vergüenza y tristeza que desde luego no sentía: Juan José le había sido infiel, tenía las pruebas y además le daban por detrás ¡y cómo lo disfrutaba! 

Me alegré de pensar que a Francisco la tierra parecía salírsele de su órbita y alejársele cada vez más del sol, la luz ser sólo un punto, como si de su relación adolescente dependiera la esencia del hombre, la brisa y Laura en América. Terminó peor Juan José; recibí horribles amenazas suyas hasta que por fin en la terapia a la que tuvo que acudir lograron persuadirlo de que parara. Bochinche de Carne lo corrió de su casa y Francisco lo dejó, sin embargo el karma me perseguiría implacablemente. 

Recuerdo que a Bochinche lo conocí en un templo católico, para que vean que ahí se puede ¡que Dios nos ampare! Hoy día no pongo un pié en una sucursal de la iglesia a menos de que la cosa sea al extremo necesaria, pero para ese entonces yo estaba sumamente desorientado y ávido de pertenecer a un grupo: hice teatro y canté en el coro. Lo cierto es que tenía dieciséis y él igual, o eso creo, porque absolutamente toda su persona era una mentira, incluido su apellido, supuestamente judío, resultó uno tremendamente oriental, entiéndase del oriente de Venezuela, sin nada en contra de ello. 

Año y medio puede ser un lapso suficiente para conocer medianamente bien a alguien, o al menos para descubrir buena parte de sus malas mañas, pero al principio, enamorado y tan joven, se puede llegar a ser muy ciego. Mi hermana en una oportunidad me comentó que Bochinche le había sacado dinero de la cartera y yo lo defendí a capa y espada; después tuve que admitir que era cierto cuando me enteré de la cifra que mi ex le había hurtado a un amigo que teníamos en común. Ahora que lo pienso, hubo un desagradable acontecimiento, no esclarecido, en torno a las pelucas de la hermana muerta de cáncer de un conocido en el que Bochinche de Carne probablemente haya tenido que ver. Esto por mencionar sólo algo. Claro, hay que ser muy comprensivo con un cleptómano, pero cuesta, sobre todo cuando señala a cualquiera como el malamañoso y a punta de difamar se van alejando los amigos. Pudiera escribir un libro sobre nuestra relación, pero me propongo a ilustrarlo con la siguiente anécdota:  

Una vez fuimos a un bar a acompañar a su hermana a celebrar algo que, si mal no recuerdo, tenía que ver con su graduación. Los graduando debían ser de lo último porque al final faltaba bastante para pagar la cuenta y nadie tenía que ver con eso. Mi ex me pidió muy discretamente que le prestase con el propósito de pagar la cuenta y que luego iba a recolectar el dinero para devolvérmelo. Se imaginarán que nunca vi un céntimo de esos, y lo peor fue que se encargó de hacer ver que él había terminado pagado, “como siempre”. Que él me mantenía. Hizo falta que de Carne me levantara la mano y yo engrosara la lista de víctimas de violencia doméstica para ponerle coto a esa relación; el señorito era mucho más grande que yo (ahora lo es todavía más) y me usó como saco de boxeo. Al escuchar el ruido que mi para entonces esquelético cuerpo producía al ser estrellado contra el armario de su cuarto, su madre, más alucinada que yo, tocaba la puerta y preguntaba “¿pasa algo?” a lo que Bochinche de Carne respondía “no mami, todo bien, estamos jugando” mientras yo pedía auxilio a gritos. 

Me costó mucho lograr que ese muchacho se alejara de mí. Me amenazó de todas las maneras posibles: con contarle a mi familia que yo era homosexual (ahora lo saben, pero para entonces no) y con “destruirnos” (ese era el vocabulario que utilizaba el muy novelero), con suicidarse, e incluso hasta con matarme. Bien se aseguró de regar los más feos rumores sobre mí y mis amigos. Lo más vil, hizo un show en mi casa en el que se vio envuelta mi pobre abuela, una señora casi centenaria, quién terminó llorando. Luego procuraba contactarme por Internet con identidades falsas, que yo siempre terminaba descubriendo. Me escribía y llamaba desde una cantidad increíble de teléfonos diferentes los cuales fui agregando uno a uno en mi agenda, para estar prevenido. Bochinche era tan inescrupuloso que, mucho después de haber roto, se ponía a hablar por teléfono con mi mamá y mi hermana sobre temas banales, cosa que me aterrorizaba. Pasó mucho tiempo antes de que yo pudiera normalizar mi vida.  

Finalmente me fui a vivir a Europa y regresé tres años después. 

Lo último que supe de Bochinche de Carne, mucho tiempo a continuación de que dejara de acosarme, fue que tenía un montón de fotos mías en un rincón de su cuarto, como si de un altar de tratase.  

Como puede usted apreciar, tuve una adolescencia relativamente normal, ni demasiado agitada ni muy mojigata. Regalos malintencionados, consejos sucios, preguntas capciosas, grabaciones indiscretas, segundas intenciones, comentarios de doble sentido, la malicia existe pero más fastidioso sería que nunca pasara nada, cosa que pasa y se sufre más. Supongo que ahora, debido a la penetración de Internet, las primaveras de las generaciones futuras no serán tan, a pesar todo, inocentes.

lunes, 10 de octubre de 2011

Bienvenid@ a Caracas

"A llegar al Aeropuerto Internacional de Maiquetía Simón Bolívar y una vez que salga del salón de recogida del equipaje, usted será recibid@ por un representante o una representante de la oficina quien l@ llevará hasta un taxi con dirección al hotel donde tendrá lugar su estadía durante el evento.

Tome en cuenta lo siguiente:
- No permita que nadie tome su equipaje a menos de que sea un funcionario o funcionaria del aeropuerto o de un cuerpo de seguridad debidamente identificad@ y por estrictos motivos de control. Las personas que se ofrecen amablemente a ayudarle puede que quieran hurtarle sus pertenencias.
- Jamás pierda su equipaje de vista.
- No cambie dinero en el aeropuerto a las personas que se ofrecen para ello; hacerlo implica un delito por el que podría terminar en la cárcel y además se expone usted a todo tipo de estafas, incluso a un secuestro. Pregunte al representante o a la representante de la oficina en caso de que necesite cambiar moneda extranjera por bolívares (la moneda local). En caso de emergencia acuda a las casas de cambio debidamente identificadas.
- El taxi y el hotel están cubiertos; sólo es necesario que se deje guiar por el representante o la representante de la oficina en el aeropuerto y que se registre en el hotel, facilitando los datos que le soliciten


Temperatura:
- La temperatura en Caracas es agradable todo el año; específicamente, habrá un promedio estable de 28 grados centígrados a lo largo de toda su visita con una variación siempre menor de cuatro grados entre el día y la noche debido a la alta humedad. 
- En casi todos los lugares encontrará aire acondicionado.
- Por ser octubre, habrá lluvias ocasionales que suelen ser fuertes pero de breve duración por lo que incluso no es necesario el paraguas.
- Traiga entonces ropa adecuada para el verano y olvídese de abrigos, aunque excepcionalmente podrá necesitar uno ligero para la noche.


Seguridad:
Si bien el hotel se encuentra en una de las zonas más seguras de la ciudad y actualmente la atmósfera política es muy estable, Caracas es menos segura y turística que otras capitales de la región (como Buenos Aires o Lima) por lo que le rogamos no salir por su cuenta sin antes comunicarse con el personal de la oficina; ya hemos tenido malas experiencias anteriormente. Adjunto encontrará un mapa de los alrededores del hotel así como de la oficina. Por otra parte:
-  No salga con objetos visibles de valor (teléfonos inteligentes, joyas, cámaras fotográficas y de vídeo, relojes, etc.).

-  En caso de atraco no oponga resistencia al robo; tome en cuenta ante esa y otras situaciones de posible conflictividad que gran parte de la población civil suele estar armada.
-  El tráfico en Caracas es sumamente pesado y la gente no siempre respeta las señales de tránsito, en especial no son respetados los pasos de cebra por lo que para cruzar la calle espere siempre a que no vengan vehículos o a que le hayan dado paso; mire a ambos lados.

-  Tenga especial cuidado con las personas en motocicletas.
-  No tome taxis por su cuenta; en caso de emergencia utilice las líneas de taxi de hoteles y centros comerciales que estén debidamente identificados y con matrícula de color amarillo.
-  Todas las comidas y recreación han sido planificadas por el personal de la oficina para que disfrute usted de su visita a Caracas con la mayor seguridad."

Este es un documento que acabo de redactar para ser enviado a unos invitados que vienen a Caracas a participar en una reunión que estamos organizando en la oficina. Son cosas que damos por sentadas pero que la verdad no son comunes en ingún otro sitio. Deprimente ¿no?

viernes, 7 de octubre de 2011

Facebook es el nuevo Gaydar

Supongo que no debería molestarme que ahora los homosexuales estén utilizando Facebook y Twitter para rebuscarse, al fin y al cabo eso habla de una mayor apertura, es sólo que desde que la primera de estas dos redes sociales descubrió que soy gay (sin querer con esto polemizar en relación con la política de privacidad del portal, aunque podría) no hace más que aconsejarme que agregue dentro de mis "amigos" a una serie de hombres, todos hombres, todos sin camisas, cuyos cuerpos gritan Decarabulín un mes, Winstrol el otro y hormona de crecimiento entre tanto. Ya hasta me da apuro abrir el Facebook en la oficina, y no porque pierda en él el tiempo, quien me tenga de amigo o amiga sabrá que se trata de una herramienta fundamental para mi trabajo (cuando no estoy pidiendo favores estoy haciendo campaña), sino que las fotos de esta gente hace parecer que estoy viendo porno:




"El Principe Azul" (qué manía de ponerle a todo mayúsculas, por no hablar del sitio por donde se pasan las tildes) odia a la "gente falta de respeto" y a 34 personas les gusta eso (¿?). Sin embargo es obvio que más allá de esos lentes y accesorio al cuello dudoso, ese discurso vacío acompañado de los cuadritos vende.  Por detrás, la Directora Administrativa preguntándome si ya tengo lista la presentación para la auditoría del miércoles. Más abajo y con unos lentes que tampoco me terminan de gustar, "Jesus" nos muestra los atributos mediante los que incita, probablemente, a la sodomía (yo espero de verdad que no tenga a la mamá y al papá agregados de amigos al Facebook).




Flexionando el brazo y levantando el pulgar para que se le defina un poco más el bicep, (como hace cierto bloggero por ahí, por cieto hagan la prueba frente al espejo para que vean cómo funciona) tenemos a "Osward" (un bello nombre zuliano) quien optó por el típico autoretrato de cámara de Black Berry y a cuyo corazón podemos acceder dedicándole canciones de Britney Spears.




Disfrutemos de los atributos, buena ortografía, peinado y guantes de Edgar Jesús, quien dedica una canción de Mayré Martínez a sus "enemigos" "infiltrados" del Facebook...



...buen uso del Photoshop...




... fotografía artística.



En fin, para usar una palabra rimbombante con la que la clase profesional se siente instruida y diligente, Facebook se posiciona como la nueva opción para el eterno soltero actual: preocupado por su cuerpo y, si bien falto de contenido, audaz, muy audaz.

sábado, 1 de octubre de 2011

Las puertas cerradas del Paraiso

En la medida que los voceros de la iglesia continúan con sus mensajes de odio yo me pregunto ¿qué hacer? ¿jugar su mismo juego en plan "Jesús abogaba por la tolerancia y el amor"? o ignorarlos en plan "aconsejen a sus fieles a hacer lo que a ustedes más les parezca, pero no se metan en asuntos de Estado, que si a los judíos no les da la gana de comer cochino los demás no tenemos por qué privarnos de ese placer"; aunque la verdad es que si la justicia del hombre fuera lo suficientemente efectiva, personas como el Obispo de la Diócesis de Cabimas, William Delgado, debería ser sancionadas.

Demás está decir que aunque me hayan bautizado y “hecho” la primera comunión, soy agnóstico y nunca me confirmaré (bueno, muchos se horrorizarán, entre ellos la mamá de una de las amiguitas de mi sobrina, a quien no le gusta el Colegio Jéfferson porque, a pesar de que sus egresados salen hablando inglés a la perfección, " tiene un mal nivel académico ¡ni siquiera dan religión!"). La lógica me dice que tiene que haber algo más allá de nuestra comprensión que no sé si llamar Dios, que tampoco es simple casualidad, que no se parece en nada a las religiones modernas, pero que creó el universo. Deduzco que tuvo que haber un origen del todo. Me atrevo a decir que si acaso y por mala suerte la verdad más allá de la vida es tal y como la presenta la iglesia, estoy condenado al ardiente infierno de Dante, pero confío en que eso no va a pasar. 

Me resultan absurdos los dogmas cristianos, empezando por aquello de “el hijo de Dios” dado que para mí Dios debe ser algo tan diferente a nosotros que la idea de que pueda tener un hijo me resulta demasiado biológica. Me sorprende cómo una amiga mía, de mi edad, es decir joven (bueno, “joven”, por decir algo) se encomienda a los santos, va a misa, al encuentro del Papa en Madrid, y está persuadida de que Dios y sus deidades efectivamente la auxilian. Sale con disparates así: “en estos días yo estaba sin dinero y cuando revisé mi cuenta resultó que me habían depositado algo que no esperaba; es que a mí Dios me ayuda”. Para mí que Dios en ese caso no es más que despiste o casualidad. 

Homoerotismo sadomasoquita en el arte religioso. Siempre me ha parecido curioso, como los martirios de los santos y de las santas, que a la que menos le cortaban las tetas antes de crucificarla (Santa Ágata), información mobosísima muy bien difundida luego por la iglesia.



Sin embargo no son las descabelladas afirmaciones dogmáticas lo que me enfada del catolicismo, sino su fastidiosa, aburrida y sexo fóbica moral: amor por la castidad, rechazo tajante frente a las relaciones de tipo amoroso entre personas del mismo sexo, culpabilidad ante el placer… La mayoría de los otros grupos de la cristiandad también lo hacen, por ejemplo los pacatos Testigos de Jehová.

En contraste con mi situación (familia poco practicante), la madre de mi mejor amigo cayó en las garras infectas (me permito el calificativo) de un grupo evangélico de estos que aprovechan las miserias personales para engrosar su membresía, no en vano el eslogan “pare de sufrir”. Literalmente le han llenado la cabeza de demonios: la señora Ana María ahora cree que Gabriel tiene un demonio femenino en el cuerpo que le hace pecar y que debe expulsar rezando. Semejante fantasía paranoica es una muestra clara de dos cosas:

1.- Incluso la gente más fundamentalista y radical adopta de las creencias lo que le da la gana, puesto que esa mujer es divorciada (que en teoría el divorcio es pecado), y sin embargo es su muchachito el que vive lejos de la presencia del Señor.

2.- La influencia de las religiones penosamente todavía es mucha. Aún no hemos superado por completo la efervescente religiosidad de la edad media, aquella que en su momento hizo santas de anoréxicas1.

No juzguéis para que no seáis juzgados. Porque con el juicio con que juzgáis, seréis juzgados, y con la medida con que medís, os será medido.”2 ¿Por qué a las personas devotas no les dará la gana de hacerle caso a eso, o es que a caso no conocen el Sermón del Monte? ¡Fariseos!

En confesión al padre de nuestra parroquia no mi mejor amigo sino mi vecinito reveló su homosexualidad, un chico efectivamente mayor que yo pero que para entonces tenía diecisiete años. Él, primero monaguillo y luego catequista, tenía pues una relación estrecha, en el sentido más pío que pueda tener esa palabra, con el sacerdote, de quien obtuvo, palabras más, palabras menos, un: “no, hijo mío, lo que estás es confundido”. “Confundido”, conque es esa la imagen mejorcita que la iglesia puede figurarse. Afirmo con propiedad y por experiencia que mi vecinito ya para entonces, de estar confundido, estaba bien confundido, y llevaba su confusión hasta las últimas implicaciones, sin embargo y en honor a la verdad, también he de decir que continuó yendo a misa y participando en todo lo que podía, yo diría para conservar las beneficiosas relaciones públicas que supone participar en la iglesia, pero, a la hora del té, haciéndolo. No entiendo cómo por dignidad, y si lo que quería era roce, no se metió mejor en, no sé, clases de bordado en punto, Amnistía Internacional, macramé, esperanto, un gimnasio, o la sociedad filatélica.



1 Refiere a Santa Clara de Asís, Santa Catalina de Siena, Santa Teresa de Avila, entre otras. http://www.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=211204 santificadas por el hecho de no comer
2 Mateo 7:1-2