jueves, 17 de abril de 2014

La aplaudidera en la escena venezolana –la cultura de la espontaneidad frente a la de los fariseos posmodernos

Ya empezó el Festival de Teatro de Caracas, con todas las vicisitudes y maravillas que estos eventos suscitan: hacer una cola de horas para comprar las entradas, los detalles nunca están pulidos (eso es algo del trópico, una pared sin frisar en un hotel cinco estrellas forma parte de nuestra esencia  nacional), pero también uno se toma el tiempo de visitar el centro, reinauguran salas que estuvieron cerradas durante años y, en resumen, uno recibe con los brazos abiertos las iniciativas culturales. Sé que no vivimos en un lugar perfecto pero trato de sacar el mejor provecho de lo que tengo, así me crucifiquen en estos momentos de voraz polarización y escuche quejas de todas partes. Sé que estamos rodeados de mediocridad y que nos falta mucho por avanzar, lo he puntualizado anteriormente en este blog y precisamente en relación con nuestro teatro, pero como las cosas dependen del cristal con el que se miren, hoy quiero verles el lado bueno.

No es sin embargo sobre el festival en sí que quiero hablar en esta oportunidad sino sobre algo más general de la vida venezolana: la aplaudidera.
El venezolano y la venezolana gusta de aplaudir ¿Aterriza el avión y qué pasa en la mayoría de los vuelos, especialmente en los nacionales? La gente se pone a aplaudir ¿Que ya es la hora y todavía no empieza el espectáculo? Seguro alguien se pone a aplaudir. Algunos lo califican de “tierrúo”, otros lo ven como algo divertido (digo yo, por algo lo hacen). Yo simplemente creo que es parte de nuestra identidad, y no quiero ponerle cubito a esto sobre si es malo o no. El patriotismo me parece absurdo, pero las manifestaciones culturales de cada lugar despiertan mi interés de otra manera.

El sábado pues acudí al Teatro Municipal a ver la adaptación de “Carmen” montada por la Compañía Nacional de Circo. Lo disfruté un montón. Como todo en este país tenía sus limitaciones: el audio de la sala chirriaba como una escalera mecánica descompuesta, las butacas que nos correspondían sencillamente no existían (si le dan a usted unos tickets para esa sala en patio fila H asientos 20 y 22, esas butacas las quitaron: sépalo); los muchachos puede incluso que no impresionen a Simon Cowell. Sin embargo, esa interpretación tal liberal de Carmen, tan criolla, era algo que jamás alguien hubiese podido ver fuera de Venezuela: la mujer era una malandra inusitada, las acrobacias me tuvieron en varias oportunidades comiéndome las uñas, la Orquesta Sinfónica lo hacía tan bien, que el problema con el sonido mi cerebro terminó por ignorarlo. Hacer un show circense de una ópera me preció una idea brillante, todo ello envuelto por el encanto de un lugar maravilloso y por tan sólo 30 bolívares.
¡Ah! Por supuesto, la gente aplaudía por todo. No negaré que podía resultar molesto a ratos. Ante cualquier movimiento que los acróbatas hacían más allá de las posibilidades de una persona corriente (ergo: bien a menudo) la gente estallaba en animosos aplausos. Que si la soprano hacía un agudo: aplausos. A veces no se hacía posible disfrutar de la música, pero en realidad lo que me tenía los nervios alterados no eran los aplausos sino los comentarios que hacían al respecto un par de muchachitos que tenía yo sentados atrás quienes se desgarraban las vestiduras en contra: “¡Qué fastidio, la gente sí es maleducada! ¡Aplaudiendo! ¡No puedo soportarlo! ¡¿Por qué lo hacen? qué falta de cultura! ¡Qué ladilla!” en una voz tan estridente que sospecho estaban procurando superar a los aplausos en decibelios.  
Primero: no estábamos en una ópera, estábamos en un show de circo, además muy experimental; todo era válido. A parte de que a veces los mismos chicos y chicas de la compañía hacían pausas y daban el pie a los aplausos… ¡Era circo!
Segundo: Más tierrúo que aplaudir a destiempo en un teatro es estarse quejando en voz alta al respecto todo el tiempo, como un fariseo. No niego que la aplaudidera del venezolano molesta, pero es parte de nuestra cultura. Quien se hastíe por ello es que nunca sale de casa. No es motivo para armar escándalo.
La aplaudidera es en Venezuela lo mismo que la necesidad de buscarle la comedia al drama que también se ve en las tablas. El domingo fui a ver la adaptación de “El coronel no tiene quien le escriba” de Rajatabla y las personas en el público al menor indicio de comedia soltaban sonoras carcajadas a pesar de que nos encontrábamos ante un texto y un montaje bastante deprimentes. La gente de acá es así. Honestamente a mí me costaba un poco entenderlo e interiorizarlo, pero claro, de ahí a estar alzando la voz mandando a callar a la gente en una sala de teatro en medio de una función… Por cierto el montaje de Rajatabla esta vez me gustó a diferencia de lo que escribí por acá hace alguno años, aunque me sigue pareciendo que una obra no debería echar mano de playback musical y muchísimo menos de voz en off, en especial cuando compiten con la voz de los actores, pero bueno, en Venezuela creen que eso es ser moderno y ya no gasto más pólvora en zamuro, aparte de que me estoy desviando del tema.
En lo personal si bien los aplausos a cada rato por lo general me molestan, honestamente a veces siento que le dan emoción a las cosas. Cuando ocurre algo maravilloso en frente de mí también me dan ganas de aplaudir con esa espontaneidad, esa alegría que a ratos me contagia y me acerca a la felicidad, así sea por un momento. Y puedo aplaudir, que en otra parte del mundo no me atrevería. Prefiero esa espontaneidad al fariseísmo, esa gente que se aferra a las reglas no porque atiendan al sentido para el que fueron hechas sino simplemente para darse el placer de apuntar a los demás con el dedo. Los fariseos se creen moralmente superiores, intelectualmente superiores en este caso, cuando por el contrario las personas educadas son sencillas. Lamentablemente en este país por cada persona sencilla hay otro tanto de fariseos.
Suena un celular y más es la bulla de la gente mandando a callar a la persona que el ruido del aparato. Aquí la gente llega a unos extremos tan ridículos que el martes fui a ver Romeo y Julieta (la adaptación era un poco dudosa, lo admito) en el Teresa Carreño y un tarado se puso literalmente a gritar que cómo era posible que le hubiesen recortado el monólogo a Julieta de cuando se muere Romero. Eso no es sólo exhibicionismo sino mala educación.
No es que uno se tenga que conformar con lo malo, pero hay espacios.
Mucha gente en Venezuela cree que ser antipático y hacerle el fo a todo es elegante, cuando por el contrario una persona elegante te hace sentir bien, de ser posible como en casa, y procura no quejarse sino verle el lado bueno a las cosas. La buena educación es más un tema de actitud que de seguir reglas. Y lo digo yo que a la vez soy un cínico.

Hasta la próxima.

martes, 15 de abril de 2014

¿Qué árbol eres tú?

Diciembre 29 a febrero 10 – Cocotero
Febrero 11 a marzo 31 – Mata de guanábana
Abril 1 a mayo 30 – Grama china
Junio 1 a julio 10 – Ciprés del cementerio
Julio 11 a agosto 19 – Mata de mamón 
Agosto 20 a septiembre 5 – Mata de mamey
Septiembre 6 a septiembre 20 – Trinitaria 
Septiembre 21 a Noviembre 1 – Mata de cambur 
Noviembre 2 a diciembre 5 – Moho de la ducha
Diciembre 6 a diciembre 28 – Mata de mango
 
 

CIPRÉS DEL CEMENTERIO: Te dicen Marichui porque te la pasas quejándote de la vida. No sólo tienes muchos complejos sino que además sufres de terribles fantasías paranoicas: todo el mundo te quiere joder, todo el mundo se quiere aprovechar de ti, todo el mundo te quiere quitar la plata. Para colmo eres una envidiosa y te gusta echarle la culpa a los demás de tu fracaso. Tus cosas preferidas: el helado, los atardeceres en la playa y los libros de Paolo Cohelo.
 
COCOTERO: Eres una mujer violenta, pendenciera, a quien le gusta encontrarle las cinco patas al gato con el fin de estar creando conflictos que puedan terminar si no en un griterío, cuando mejor de los moños. Tu número de la suerte es el 69. Le metes a la santería y jamás das paso al volante, ni a una anciana en silla de ruedas que se está mojando bajo la lluvia. Adoras el olor a mojado cuando llueve.
 
GRAMA CHINA: Eres una pesada que nunca para de hablar, y lo peor es que te das cuenta de que nadie te soporta pero ahí sigues y sigues. Para colmo eres fea, pero te encanta estar de hombres papeados y que además tengan dinero, por lo que sueles llevarte horribles desencantos. No tienes ningún tipo de talento, por lo que te sueles ganar la vida vendiendo porquerías a la gente que te compran por lástima. Eres amante del “pedicure”.
 
MATA DE CAMBUR: No te gusta bañarte y te encanta sacarte la mugre de entre los dedos de los pies, así como olerte eso que te sacas de ahí. Cuando terminas de comer no te cepillas los dientes porque te agrada sentir el saborcito de la comida otro rato. Si estás en un ascensor lleno de gente y tienes la oportunidad, te tiras pedos silenciosos. No cierras los modes cuando los echas a la papelera ni bajas la poceta. Canción preferida: “Desnuda” de Ricardo Arjona.
 
MATA DE GUANÁBANA: Tú dices que sufres de incontinencia verbal, pero en verdad todo lo tuyo es que eres una malparida que le gusta ver sufrir a los demás por lo que no te importa insultar a la gente en su cara, hablar paja a las espaldas de tus amigas, y contar las intimidades que las incautas van a contarte. Eres machista y te fascina sobre todo decirle putas a las demás mujeres, en especial a aquellas con mejor suerte que tú.
 
MATA DE MAMEY: Tienes los dedos largos. A ti es mejor nunca prestarte dinero ni una prenda, porque no sólo no la devuelves nunca más sino que además te molestas. Eres de las que si se te echó a perder la antena de la radio del carro vas y se la quitas al carro de cualquier otra. Te encantan los zapatos de tacón y las chaquetas, estas últimas porque te permiten robar lencería de La Senza, y dejas las pantaletas tuyas, manchadas de sangre menstrual y frenazos.
 
MATA DE MAMÓN: No tienes ningún tipo de personalidad por lo que te pegas a lo que haga el hombre que te gusta. Si estás con un periquero dices que te gusta el perico, si estás con un marihuareno vegetariano te metesa marihuanera y abandonas la carne, sólo comes pechuga de pavo, luego si se te acerca una lesbiana ya ni bisexual eres, sino que lesbiana del todo. Porque a ti si primero no te gusta la tortilla luego te la comes por kilos.
 
MATA DE MANGO: Eres una resbalosa. Bien dicen tus amigas que eres de cuidado porque al menor descuido no dudas en robarle el marido así sea a tu madre. Una de tus armas de la que acostumbras a echar mano con el fin de amarrar a los hombres es decirles que estás embarazada. Te gusta el color rosado y tu método anticonceptivo favorito es el del ritmo. Novela favorita: cualquiera de Thalía.
 
MOHO DE LA DUCHA: Te la das de pura cuando en realidad eres una bichita dudosa. Eres más falsa que un billete de 30 y a la primera que se te presenta la oportunidad traicionas a quien sea con el fin de agarrar cualquier beneficio, por ínfimo que a una persona normal le parezca. Cuando buscas la palabra hipocresía en el diccionario sale tu foto pero a pesar de todo eres tan falsa que siempre estás rodeada de amigas, aunque tienes que estarlas rotando contantemente.
 
TRINITARIA: Eres una trepadora sin escrúpulos, capaz de hacer lo que sea con tal de llevar a cabo tus propósitos, no te importa pisar a quien sea y te la pasas ofreciendo favores sexuales a diestra y siniestra, a veces con miras a un objetivo, otras porque te gusta que te los deban. Te encanta el chocolate, especialmente si te lo trae un pasante sobre calificado a quien estás humillando. Actor preferido: Leonardo Di Caprio.

lunes, 7 de abril de 2014

Coleccionando barajitas

Adivina bien si cree que no me refiero al álbum de Panini del Mundial de Fútbol de este año (algún día compartiré con ustedes todo lo que pienso acerca del deporte, quizás en breve, polémico, desde luego). Tiene que ver más con el hecho de que vuelvo a estar soltero y ¡ah, por supuesto! retomo estas líneas absurdas que tanto me ayudan a desahogarme. Este blog es como un gran amigo que descuido cuando tengo pareja y al que después regreso con el rabo entre las piernas ¿Quién no lo ha hecho?

Si cree que durante todo este tiempo estuve en una relación pues se equivoca. Estuve en dos, cada una aproximadamente de 5 meses de duración. Este año cumplo 30 y me sorprende ver cómo, a pesar de que en teoría cada vez me voy haciendo más maduro y seguro más viejo, mis relaciones se van haciendo cada vez más cortas. Yo ya he ahondado bastante en torno al papel que juega al respecto el exceso de competencia1, el inconformismo, la comodidad y el exceso de esteroides. También que poco ayuda el hecho de que el tercer mundo de tan poca cabida a los homosexuales quienes en su mayoría cargan entonces con aterradores complejos al punto que somos incapaces de tolerarnos a nosotros mismos.

Creemos que la juventud nos va a durar para siempre y es muy fácil al primer problema pulsar el botón de “next”. La gente en los contadísimos casos en los que se enamora superando toda la mierda que expliqué en el párrafo anterior, se desenamora rápido, y es que pretender que los sentimientos, y en especial la atracción sexual, continuarán incorrupta a lo largo del tiempo es mentira. A la mínima de cambio, y no estoy hablando de unos años sino a penas de meses, mis tres últimas parejas han caído en depresiones, no le ven sentido a la vida, tienen un hambre de más y más que los consume, como a las lesbianas de la película The Hours. Soy ateo, pero bien dice el budismo que somos esclavos de lo que deseamos y que son nuestros deseos insatisfechos los que nos hacen infelices. Si lográramos no desear no tendríamos razón para la melancolía, pero eso va en contra de la naturaleza humana que mientras más tiene más quiere.2



Coleccionamos barajitas como queriendo llenar un álbum. La necesidad de las personas por ocupar el vacío se hace evidente. He tenido tantos novios que ya me da pena llevarlos a la casa. Esto me hace pensar en el futuro ¿Será posible llevar a cabo mi deseo de envejecer con alguien? Envidio tanto a esas parejas que pasaron juntos toda su vida y pueden darse el lujo de enseñar fotos abrazados o besándose de cuando eran jóvenes. Entre mis amigos gays están o quienes tienen mucho años juntos, que posiblemente lo logren, o quienes siempre estamos solteros. Son diez años juntos, ocho años juntos, nueve meses juntos, nunca tres años para cuatro, como si desde hace cinco años las cosas hubieran cambiado para siempre. Bueno, sé qué cambió: Internet y nuestra sobreexposición a las redes sociales y al porno. Eso vino a echar a perder el mundo real. Nos ha dado un hambre insaciable de más.



No es que antes el “next” no pasara, pero ahora es el extremo. Estamos tan bombardeados de belleza, de éxito y de presión que nos sentimos más tentados a pulsar next una y otra vez.

A toda persona le espera algo triste. Siendo el mejor de los casos una vida larga, envejecer y morir después de años de movilidad reducida y dolores persistentes son parte intrínseca de la existencia  biológica a la que por más que no nos guste estamos atados. Es un proceso aterrador que sin embargo podría no ser tan malo si tuviéramos al lado a alguien que nos entienda, alguien que haya compartido con nosotros el esplendor de su juventud y luego la madurez. Claro que no debe ser fácil vivir una vida con alguien, pero esa idea me encanta, y sin embargo siento que en unos cinco años ello será imposible, porque ya no quedará nada de esta juventud que cada día estoy perdiendo y luego incluso si llego a conocer a alguien para toda la vida ya no será lo mismo. Es una idea romántica y un poco absurda, pero así lo siento.

Por más que estemos rodeados de amigos, nunca será lo mismo. Hace poco un coach, que ahora están muy de moda con esto del coaching y la obsesión por el éxito, me preguntó que cómo me veía en cinco años y casi me pongo a llorar. Lo primero, me veo más viejo (odio el coaching!!). Pensar en el futuro es una mierda.

El fenómeno “next” nos condena, porque antes de que nos demos cuenta ya no será tan sencillo pasar al siguiente y seremos más víctimas que beneficiarios de ese cruel botón. Moriremos en un ancianato, en el caso de Venezuela seguramente rodeados de unas enfermeras que quiera la fortuna no sean unas malandras, desamparados y solos.

Hasta la próxima.


_________________________________________________________________________

1.- Viendo como me veo, decidí hacer lo que cualquier gay hace cuando quiere conocer a otros gays: me abrí un Manhunt. No sé si se deba a la nueva interfaz o qué pero ver tanta foto de hombres sin camisa con pechos hercúleos me resultó abrumador. Eso si antes ya era así ahora es mil veces peor. Eso es un maremágnum de guiños y conversaciones que duran tres líneas. Un frenesí de oportunidades parecido a un enorme banco de peces que cuando el pez más grande decide atacar resulta esquivo. Se dibujan formas hermosas y esperanzadoras pero al final lo que queda es muy mala caza.

2.- Ojo, esto no nos perjudica sólo a los gays, perjudica a los gays y a las mujeres, a quienes los injustos cánones sociales hacen envejecer más rápido que a los hombres y cuya juventud artificialmente acortada las envuelve en una guerra contra reloj y es que para colmo no olvide que los hombres son las nuevas mujeres: eso era antes que conseguir mujer era difícil, ahora sobran, el bello sexo es el masculino y eso les confiere un poder que se suma al hecho de que, vamos a estar claros, vivimos en una sociedad dominada por el machismo. En el fenómeno “next” las mujeres llevan todas las de perder y las que quieran jugar en ese terreno, y hay muchas que así lo consideran, lo llevan fatal.

viernes, 31 de mayo de 2013

El carro de Xénical‏

¿Por dónde empezar? Esto es un tema muy serio que ha captado mi atención últimamente y del que quiero advertirle. También le advierto que si es usted un lector de estómago sensible es preferible que detenga esta lectura aquí aunque si así lo hiciera pudiera caer en algo tan desafortunado que habría preferido leer estas líneas primeramente. Se trata del Xénical®, una panacea que promete a la gente (en la actualidad tan obsesionada con el sexo y el éxito) alcanzar su peso deseado (que no diré ideal porque ¿qué es el peso ideal?). El entrenador de las Misses no para de hablar maravillas de esas grageas que impiden al sistema digestivo asimilar la grasa consumida durante la alimentación. No son unas pastillas chinas de dudosa procedencia, ni un remedio de yerbateros o anfetaminas, sino un fármaco en toda regla “para tratar la obesidad”. Comercializado por Roche, el Xénical se puede adquirir en Farmatodo o cualquier otra farmacia legal. Científicamente orlistat, también se consigue bajo otros nombres comerciales como Redustat®, Beltas® o Redicres®. Hasta publicidad en TV tiene, una en la que se ve a personas felices.



¿Se puede tomar Xénical para bajar unos pocos kilos si no eres obeso? (por aquello de que principalmente ese producto se receta a personas muy gordas) pregunta una incauta en la plataforma esa de Yahoo que permite compartir inquietudes públicamente a la espera de que algún bienintencionado responda. Muy decentemente y denotando turbación, le responden: Tomar Xénical causa cosas muy incómodas... no las quiero decir en esta respuesta, pero son muy asquerosas... en serio (…) NO tomes la salida fácilSi esa es la salida fácil ignoro cuál será la difícil. Verá por qué. No va de ser obeso ni rellenito…

El Xénical en efecto hace al cuerpo humano incapaz de asimilar la grasa que pueda ingerir, el problema de lógica es ¿qué pasa con esa grasa que no se absorbe? Lo diré claro y raspado: Te sale aceite por el culo. Literalmente. Aceite onotado1, además de un hedor sumamente característico qué sólo puedo describir como de heces fecales concentradas, mezcladas con animal muerto y medicina, por no apuntar sobre este último componente “insecticida”, de lo penetrante. El olor es tan particular que sé que en el piso de la torre donde trabajo alguna damita estuvo tomando Xénical porque el baño de chicas expedía frecuentemente ese olor a vanidad, muerte y padecimiento. No es agradable. Un día escuché a la señora de mantenimiento afirmar denunciadora ¡voy descubrir al culo maldito que hace esto! Era comprensible su enfado porque en aquella oportunidad a quien fuese la culpable se ve que no le dio tiempo de llegar a su destino, dejando un charco de aceite que por la cercanía al inodoro (en realidad una compañera me reportó que aparentemente una cantidad del aceite sí había llegado a destino, pero otra no) se le habría salido mientras se prestaba a sentarse. Para colmo, las demás usuarias del baño esparcieron aquella abominación al caminar accidentalmente sobre ella. Estuve a punto de imprimir un cartelito que dijera “Prohibido tomar Xénical” de ver las huellitas salir del baño. El Xénical debería ser considerado lo menos una falta de urbanidad.


Aceite con onoto

Decir que el Xénical produce diarreas intensas (como alguien dijo por ahí en ese Yahoo Respuestas) se queda corto porque no se trata de un líquido lo que viene sino de un aceite y al esfínter anal le resulta imposible retener el aceite, por resbaloso. Estamos hablando de algo completamente incontrolable que sale sin ningún reparo ni sentido de la oportunidad. Imagine un grifo abierto, son chorros y más chorros de aceite con onoto ¡Chorros! El fenómeno tiene nombre científico "esteatorrea" y le ocurre a personas muy enfermas. El Xénical no causa una esteatorrea cualquiera sino una extrema. Se está usted parando de la computadora para ir a buscar agua y de repente sin ton ni son (dígase sin ningún tipo de aviso) tuvo una "fuga de heces". El término "fuga de heces" lo utiliza este sitio de "nutrición" que (cínicamente, diría yo) aconseja: durante el tratamiento opten por llevar prendas de color oscuro que disimulen una accidental fuga de heces y (...) lleven siempre una muda de ropa cuando estén fuera de casa. Por fuga de heces entiéndase que te das cuenta de que pasó lo que pasó porque sientes un líquido caliente que te baja por las piernas, te pega el olor y ya. Ni lo sentiste venir. Con Xénical no es que lo sientes, ni que te estás cagando; es que te cagaste. 

Luego está la periodicidad de los que yo llamaría "episodios Xénical" que los expertos califican tímidamente de "usuales". Una amiga mía, exitosa abogada, me dijo que tuvo que bañarse ocho veces un mismo día. "Menos mal que estaba en mi casa" agregó. ¿Cómo es posible que la gente por iniciativa propia esté dispuesta a estarse cagando por los rincones a cada rato? Porque recogiendo los testimonios no es chance, sino ley. Una persona cuerda detendría el tratamiento inmediatamente.

Por último, y aunque ante los horrores aquí descritos sea casi anecdótico, el Xénical produce animosos dolores de barriga así como flatulencias constantes y malolientes, que tomando en cuenta lo de la esteatorrea se traducen en terror psicológico. Puedo imaginarme al equipo de científicos responsable del desarrollo del Xénical riéndose de la población de muestra durante las pruebas a las que todo fármaco debe ser sometido previamente de entrar al mercado, ante la idea de que lo mismo le ocurriría a cientos de miles de personas en todo el mundo. Sádicos retorcidos en bata blanca, jadeando, con las caras coloradas salpicadas de lágrimas frente al horror escatológico.

En teoría si no se come nada de grasa no hay grasa que expulsar y por tanto los aterradores efectos secundarios del Xénical no se materializan, sin embargo ¿cuál sería el sentido de tomarse esa suerte de laxante siniestro, aprender a comer ante la amenaza de un severo castigo? Créame que no. Somos humanos y si la idea es expulsar la grasa pues para expulsarla es que se toma Xénical y qué mejor prueba que el charco de aceite de Xénical que pisó medio mundo en el piso del baño de las mujeres de mi torre. Quien se crea lo suficientemente fuerte para decir que no comerá nunca grasa entonces no gana nada gastando en un fármaco que no necesita y que, entre otras cosas, impide la asimilación de las vitaminas liposolubles. Si usted toma Xénical y quiere ponerle unas gotitas de aceite de oliva a su ensalada de la huerta entonces aténgase a las desagradables e inevitables consecuencias. Sólo eso es necesario. Además yo no sé cuál es la magia química del Xénical que una cucharadita de aceite se convierte en chorros y más chorros, así como dicen los crédulos que un judío reprodujo los panes y los peces en el desierto. Ya ni qué decir de si usted se fue al Junquito a comer golfeados (costumbre de la clase media que lamentablemente se está perdiendo); no pretenda regresar a Caracas sin echar a perder la tapicería del asiento del medio de transporte de su elección donde reposaba la bomba de tiempo. Eso nos lo hizo un amigo; menos mal que el carro no era el mío. Fue un momento tan incómodo como desagradable: el pobre intentaba como hacer algo, se retorcía y pegaba gritos mientras pedía perdón, pero no paraba. Bueno, creo que todos gritamos.

No es el Xénical, es tanto el Xénical como lo que hay detrás. La obsesión por la delgadez (o los cuerpos bien definidos en el caso de los hombres, porque la definición cuando del cuerpo se trata significa tener músculos pero no tejido adiposo, así que en eso del Xénical caen tanto hombres como mujeres) ha cruzado una línea en la que no digamos la salud, que desde hace mucho se ha puesto en riesgo a favor de la estética (cirugías plásticas, dietas extremas, bulimia, anorexia, etc.) sino el honor y la dignidad están comprometidos. No importa ya humillarse ante lo más degradante de nuestra condición biológica. Se publicita y ulteriormente está de moda tomarse una pastilla que te asegura una diarrea hedionda aceitosa incontrolable para perder peso. O estoy mal de la cabeza o me tocó ser testigo de un fenómeno de locura colectiva. El empeño humano por la belleza ha alcanzado unas cotas que sinceramente no sé si se habían alcanzado anteriormente y eso habla de una superficialidad llevada a superlativos demenciales. La era del Fitness. Debido quizás al márketing (que usa al sexo para todo) y a la pornografía misma (muy accesible a través de las nuevas tecnologías) la belleza se ha convertido en casi la totalidad del heno del carro2 del siglo XXI, y todos y todas quieren tomar su parte del heno del carro, muchos sin demasiados escrúpulos. Ahora son interiores, pantaletas, pantalones, vestidos y faldas tirados a la basura; luego el destino dirá. Visualizo un futuro sino aterrador absurdo, de imágenes como la que nos presenta Terry Gilliam en la distopía "Brazil".



Hasta la próxima.


1 Aceite teñido de color anaranjado con una semilla, que se utiliza como colorante natural para masas de maíz.
2 "El carro de heno" es una de las pinturas más famosas del pintor holandés El Bosco, que pretende relatar cómo todas las clases sociales quieren conseguir su parte de heno del carro, es decir, su parte de placeres de la vida. Denuncia el gusto por las riquezas terrestres tan efímeras http://youtu.be/jZ1HLhJDxs8

viernes, 19 de abril de 2013

El poder resulta atractivo: Los políticos venezolanos más sexys del momento

Siendo estos los tiempos que vivimos y siendo yo considerado por muchos y muchas como un ejemplo de imparcialidad política e información balanceada, me avoco a la tortuosa y nunca exenta de polémica labor de construir una lista de los 10 políticos venezolanos más sexys del momento. Ojo, esto no es un blog de moda y a los caballeros a continuación no los estoy evaluando en función a su estilo. Por otro lado, me disculpo ante ustedes debido al largo tiempo que tengo si publicar nada nuevo.

Bueno, ahí voy y que Dios me agarre confesado:



10.- Nicolás Maduro



Empieza la lista el Presidente de la República. Si bien su bigote puede resultar controversial lo cierto es que se ve mejor con él que como se ve en los montajes que he visto en los que se lo quitan. Maduro es alto (me pareció incluso en oportunidades cuando se les ha podido ver juntos que es más alto todavía que el Príncipe Felipe de España, que es bien alto), además es bastante corpulento (recordemos que fue guardaespaldas). Sin ser un Adonis es un tipo que siempre va a resaltar donde esté.




9.- Andrés Izarra



El Ministro de Comunicación e Información de la República tiene muy buen ganado su puesto en esta lista. Yo le metería. Lo único es que tiene que estar pendiente de no dejarse crecer nunca el cabello; a veces lo hace y se ve 15 años mayor.



8.- Diego Scharifker



Este dirigente estudiantil es guapo y además tiene a favor la edad. De todos ellos es el más guapo.



7.- David Smolansky



Quizás no de lo más conocidos, lo cierto es que este candidato a la Alcaldía del Hatillo de tipo osuno estoy seguro que en la medida que se vaya haciendo más conocido tendrá su club de fans entre los admiradores y las admiradoras del pelo y los kilos.



6.- Henrique Capriles



Los encantos del flaco son muchos sin embargo quiero resaltar que de todos los hombres que aparecen en esta lista es al único que he visto en persona (casualmente lo vi el año pasado en el Ávila, haciendo ejercicio) y en persona gana.



5.- Pedro Maldonado



Es probable que todo se deba a que yo tenga una fijación con el Presidente de Conatel pero, guste o no lo que él diga, no se puede negar que este señor no sólo viste siempre impecable sino que además tiene un porte gallardo y llena muy bien sus siempre bien planchadas camisas. A veces se deja una barba descuidada de algunos días que le da un toque hipster muy atractivo.



4.- Héctor Rodríguez



El Ministro del Poder Popular para el Deporte está de rechupete.



3.- Jorge Arreaza



El Vicepresidente de la República es una versión todavía mejorada de Pedro Maldonado (quizás no tan bien vestido, pero igual no lo hace mal). Lo único que tengo que decir al respecto es lo siguiente: Rosa Virginia está comiendo lomito.




2.- Leopoldo López



El Ex Alcalde de Chacao tiene un club de fans que probablemente me esté odiando en este momento al no colocarlo de primero en la lista. En fin, Leopoldo a pesar de su mirada de loco (en la publicidad de calle que tenía para las primarias del año pasado me asustaba un poco, de hecho fue de lo que más comenté junto a las perlas falsas de María Corina) me encanta, además de que nadar en aguas abiertas le ha proporcionado un cuerpo envidiable.




1.- Tarek William Saab



Desde que el Ex Gobernador de Anzoátegui decidió quitarse ese copete tan horrible que lucía (al mejor estilo de Leslie Nielsen en "Drácula muerto pero feliz") y optó por dedicarse menos a la poesía y más a los "hierros" (bueno, no estoy hablando de agujas sino de pesas, habrá quien diga que el señor ha hecho uso de algún tipo de sustancia y yo no quiero entrar en esa polémica, en torno a ello sólo tengo para decir que salud es belleza) ha pasado no sólo de no estar entre mi lista personal de los más sexys sino a encabezarla. Me veo perfectamente entre esos brazos hercúleos mientras me recita algunos de sus versos, por melifluos que el Señor Humberto Seijas diga que son en su Sesquipedalia.



Hasta la próxima

sábado, 8 de diciembre de 2012

Yo soy Víctor, el clasista



En el nombre de la justicia, cuando empecé a escribir estas líneas hace cinco años (no busque tan atrás porque he eliminado y vuelto a activar el blog varias veces) tenía la ilusión infantil de pasar a la historia, al menos local, como un reformador cuyas ideas y estilo, si bien al principio chocantes, fueran calando hondo, en plan Voltaire, Freud o Simone de Beauvoir. Es algo que extrapolo además a mi vida diaria. A primera vista podría parecer que mi principal motivación era la de visibilizar la realidad de los gays en Caracas*, pero realmente esa ha sido sólo una excusa (pues ahí se encuentra mi realidad personal) para ilustrar que el machismo, el clasismo y la pacatería a toda prueba están tan ciniestramente interiorizados en el trópico que incluso los gays, marginados por los “valores” de respetabilidad imperantes (más bien antivalores), suelen aferrase a cuanto prejuicio social tienen a mano, por más que en el fondo sean discriminatorios para ellos. Por ejemplo el clasismo. Estas líneas pues están dedicadas a que se entienda que lo correcto y el sentido común no siempre son lo mismo.

Para cambiar una realidad se debe empezar primero por reconocerla y ese es el problema aquí: nos creemos moralmente tan perfectos que no logramos darnos cuenta de nuestros errores. El clasismo. Estamos tan acostumbrados a mirar hacia otro lado que ya lo hacemos de manera automática y cuando hablo de “la clase media” (el colectivo hacia el cual he dirigido mi discurso al ser este el segmento social donde me tocó nacer y del que más puedo hablar) vienen mis amigos, conocidos y gente que apenas me conoce a decirme “clasista”, que ¿qué me creo? como si hubiese algo de malo o imposible en el uso del término. Supongo que el precio de ser un incomprendido era lógico cuando empecé a desarrollar mi filosofía, sin embargo jamás creí que el orgullo de la clase media de ser de la clase media era tan fuerte que cualquier ápice de autocrítica le resultaría tan desagradable. Señores: no estoy a favor de la estratificación social, pero no puedo negarla, y por reconocerla no soy clasista, al contrario, no creo que vivamos en el orden divino de la humanidad o algo así, creo que hay cosas que se pueden mejorar. 

Lo de la clase media, además, es clave en mi búsqueda de justicia en contra de la discriminación porque la mayoría de los prejuicios relacionados con la respetabilidad que conozco tienen su nacimiento en los senos de las familias de clase media. Hay una visión tan clasemedia centrista que las personas de clase media se consideran a sí mismas “normales” y al resto del mundo “ricos” y “pobres” ¿A caso no ser de la clase media te hace anormal? Esto nos habla de la estrechez de nuestro pensamiento, si ni siquiera somos capaces de reconocer la normalidad de sectores de la población mucho mayores que nosotros ¿Qué espacios le queda a las minorías? Súmesele que el paquete de ser normal viene para un hombre no sólo con un trabajo bien pagado sino con esposa e hijos. ¿Si los que tienen más o menos dinero que nosotros nos parecen anormales, qué quedará para los que sean de otro color? ¿Pensando así podemos pedir igualdad dentro de nuestras otras diferencias? terminaremos siendo anormales por algún lado si nos damos cuenta de que dentro de la anormalidad está la mayoría de la gente.

Recuerdo la tarde en la que me registré en el Registro Electoral Permanente. Fui con mi mejor amigo, quien ahora vive en Londres. En aquel entonces (hace 9 años, tampoco fue hace tantísimo) como se hacían unas colas larguísimas en las estaciones del metro para registrarse nos conseguimos con varios conocidos y entre ellos una loquita de origen peruano exnovio de mi novio (quien ahora por cierto se metió litros de esteroides y cambió radicalmente sus ademanes por unos mucho más masculinos, aunque al final sumamente forzados) llamado “James”, quien para entonces vivía con su tía en Bello Monte. Los presenté. Estuvimos pues hablando tonterías con el fin de que pasara el tiempo hasta que James preguntó en qué centro de votación nos íbamos a inscribir y yo le respondí que en el Emil Friedman (donde todavía voto) y mi mejor amigo le respondió que en un colegio de Parque Central. James, con una expresión de asombro, le preguntó a mi amigo que por qué no elegía un centro de votación más cercano a su casa. Tanta estupidez en una persona me abrió la mente: James no podía concebir que mi mejor amigo viviera en Parque Central, tan blanco, tan educado. A parte, si bien no tan elegante como las urbanizaciones del este, Parque Central es un lugar de clase profesional un nivel ligeramente inferior en términos del mercado inmobiliario a la parte gris de Bello Monte donde James vivía en un anexo. 

Aquello fue más que una imprudencia de muchacho. Han pasado los años y tuve que eliminar a James hace poco del Facebook por no tener estómago para leer las cosas que publicaba en su estatus, en plan (palabras más, palabras menos) “yo me merezco un apartamento y una familia porque he estudiado y trabajado para ello, y no he sido un mediocre” ¿Sólo aquel que haya estudiado y no haya sido un mediocre se merece eso James?

La mayoría de las personas de clase media piensan como James. Esta mentalidad no sólo no nos permite progresar sino que nos mantiene esclavos de nuestro mundo estrecho. Por ejemplo, la clase media tiende a pensar que el problema de todos sus males son los “marginales” que le chupan la vida a la gente decente, sin darse cuenta de que su manera de pensar es la que le ha puesto un grillete. Generalmente no pasa lo que queremos sino lo que creemos que va a pasar. Si pensamos que para poder tener una vida decente tenemos que ser profesionales exitosos entonces estamos no sólo condenando con nuestro pensamiento a la gran mayoría de las personas a vivir en la marginalidad sino que nos condenamos a nosotros mismos a vivir con lo justo y nada más. La mentalidad correcta sería la de que todo trabajador tiene derecho a una vida digna y una persona de méritos excepcionales debería tener una vida excepcionalmente buena, vida excepcionalmente buena que no tenemos: somos una clase media luchadora que sin embargo vive con lo que viviría cualquier trabajador no especializado en cualquier parte del mundo; vivimos arrimados en casa de nuestros padres, nos consolamos con viajar con el cupo de CADIVI. Merecemos más. Caracas tiene una clase media inculta, porque es difícil pensar en lo más elevado cuando tenemos que preocuparnos tanto por mundanidades como las rutas alternativas para sortear el tráfico. No odio a la clase media, soy parte de ella, le reconozco el esfuerzo, pero no puedo compartir su mentalidad. Perdone si parece que generalizo, pero es que cuando hablo de “clase media” me dicen “¡a ti sí te gusta generalizar!” en cambio si hablo de “la gente” no pasa nada ¿Raro, no?. Así como se piensa en la normalidad "económica" y lo demás resulta indigno, pasa con el resto de las cosas: orientación sexual, apariencia, etc.

Yo soy Víctor el clasista porque no puedo negar la realidad, entre otras cosas, que estamos divididos por segmentos sociales en los que nos podemos mover abruptamente hacia abajo pero si acaso muy tímidamente hacia arriba. Quiero que la gente en mi entorno, orgullosa de ser normal, abra los ojos, por eso uso el término “clase media” una y otra vez, porque es un buen primer paso para entender la diversidad. No lo somos todo. Los hay tan orgullosos de ser “normales” que incluso sienten desprecio por la clase social alta al considerarla decadente. Los hay tan orgullosos de ser “normales” que creen que son de clase alta. Los hay tan fariseos que cuando hablo de la clase media me dicen que soy anacrónico puesto que esos términos no son reales, como si de verdad viviéramos en una sociedad de igualdad. Me dicen “Víctor ¿por qué le das tan duro a la clase media, es que acaso no eres parte de ella?” y me pregunto ¿acaso no es por ello que tengo la posibilidad de ver qué pasa y qué cosas se pueden mejorar? Las revoluciones mentales alrededor del mundo han surgido siempre de la clase media. 

Aprovecho entonces para quitarme la careta y revelar que mi sentir es generalmente de izquierda, algo por lo que la clase media tropical, por cierto, podría crucificarme, sin embargo es lo más justo para todos, incluso para nosotros quienes nos creemos privilegiados y al final no lo somos tanto. Queremos creer que en este país cada quien tiene lo que se merece según se haya esforzado pero eso es mentira porque no hay igualdad de oportunidades. Si hubiese igualdad de oportunidades, por ejemplo, no habría colegios privados. Si en mi poder estuviese serían eliminados todos los colegios privados porque, a parte de crear las diferencias, mientras existan colegios privados los colegios públicos no mejorarán al no haber interés en ello: si tú tienes cómo darle una mejor educación a tus hijos lo harás y el resto que se joda. Un sistema único de educación pública haría que el fracaso del mismo no fuera una opción y les aseguro que la mejora sería instantánea. Por supuesto que continuarían en gran medida las diferencias geográficas pero se reducirían bastante las inequidades. Igual pienso de la salud. Una salud privada es aberrante. La seguridad privada también lo es. Si los ricos y los poderosos tuviesen que acudir a la policía para buscar seguridad, como cualquier ciudadano, el interés y los recursos destinados a una política de seguridad serían muchísimo mayores; los casos de necesidades especiales de seguridad tendrían que ser solicitados a los cuerpos públicos. Claro, no todo mi pensar es comunista: creo en el papel de la propiedad privada y en el papel de la empresa privada como pilares de la economía, creo en la administración privada de ciertas instituciones del estado (por ejemplo, hospitales públicos manejados por empresas privadas que luego pasen factura al Estado) por ser mejor administración que la cien por ciento pública y al final más barata, y, a pesar de todo lo que he planteado, curiosamente no creo en la educación superior gratuita, me parece que es mucho más justo un sistema de préstamos del Estado que permita que cualquiera estudie pero que tenga que devolver los recursos destinados a su preparación mediante el trabajo que luego pueda desempeñar.

Retomando el tema de los colegios, la clase media se siente afortunada en pensar que puede darle una educación privada a los hijos. Lamentablemente he de informarles que eso no garantiza el éxito en las más altas esferas. Con mis casi treinta veo constantemente lo diferente que hubiera sido mi vida si me hubiesen admitido en el Colegio San Ignacio** (con los curitas de por medio) en vez de en el no tan elitista Instituto Escuela. En el primero, estudian buena parte de los hijos de los viejos del Country Club; en el segundo, los hijos de los inmigrantes europeos que se creen la gran cosa por ser blancos pero donde incluso dos generaciones atrás había analfabetismo. Los primeros tienen las puertas abiertas a los cargos más altos en empresas, se casan entre ellos. Los segundos terminan con vidas de profesionales como la mía, nada del otro mundo, dificultosas, limitadas, si acaso con un carro, y los que realmente quieren una calidad de vida terminan continuando con los negocios de sus padres (panaderías, marmoleras, confección de ropa, estaciones de servicio, talleres mecánicos) o abriendo otros negocios, sirviendo a los primeros, como siempre. Claro, habrá excepciones, pero no nos engañemos, no son más que eso, excepciones.

Luego uno llega a cierta edad en la que ser un idealista resulta ridículo, te das cuenta de que no sólo no has logrado influenciar a las personalidades influyentes sino que ni siquiera a tu entorno más cercano y has quedado como un resentido para nada. La gente prefiere no abrir los ojos a favor de su sentir de superioridad. Pero les digo, no soy prejuicioso, simplemente no me conformo con mirar a otro lado ni con darle rienda suelta a la autocomplacencia.


Hasta el próximo domingo

_____________________________________________________
*La perspectiva con la que he abordado el tema ha sido siempre la de mostrar la cosa tan cruda como sea posible, porque no le veo nada de malo a la crudeza, es una bofetada necesaria.

**Me correspondía estudiar en el San Ignacio porque mi papá había estudiado ahí igual que mi abuelo y su hermano, pero  no me aceptaron porque mi mamá estaba casada en terceras nupcias y el cura le dijo que preferían darle la oportunidad a padres más jóvenes.