domingo, 17 de mayo de 2015

Cuba y la clase media prostituida

Este año viajé a Cuba de turismo. Debo aclararlo porque siendo venezolano inmediatamente y puede que no sin motivo se sospecha de algún negocio –turbio, para más señas –pero no; fui con la intención de muchos en todo el mundo: verla antes de que cambie, porque el cambio es inevitable aunque no sea el que uno espera, como uno espera y en el caso específico de Cuba la disidencia no haya jugado un papel preponderante, por no decir ninguno, como uno esperaba.


En Cuba no hay casi Coca-Cola pero hay tuKola

Traté de conocer toda La Habana, la parte nueva que ellos denominan “financiera y de negocios”, Habana vieja –histórica y dedicada al turismo –el Vedado que es la fiesta, y también callejeé por partes nada turísticas, esas de edificios cayendo. Igualmente fui a Varadero, el balneario más famoso de Cuba, turismo del todo incluido donde tu única preocupación es decidir si quieres cerveza o piña colada.

Lo primero que tengo que decir es que yendo a un país comunista esperaba orden y control, por aquello del estado por encima del individuo. Nada más alejado de la realidad. Cuba es una rochela; el trópico puede contra cualquier ideal político. De entrada en el aeropuerto tuve que esperar un par de horas a que los empleados de la casa de cambio aparecieran porque ambos se habían ido juntos a comer: la famosa figura del Supervisor, ausente. No me voy a explayar con todo lo que funciona mal en esa isla de cara al turismo –como el “overbooking” en hoteles porque no usan computadoras sino papelitos para hacer las reservas–, me limitaré a decir que Maiquetía de regreso me pareció una maravilla y Caracas, salvando la inseguridad, el imperio de la ley.

En cambio he de decir que en lo estrictamente económico Cuba no me pareció tan pobre; desde luego cualquiera que haya visitado la isla en los 90 se sorprendería. Ni se va la luz. Sin embargo, si la idea era crear una sociedad libre de clases pues el fracaso es evidente, y no porque los gobernantes gocen de riqueza –cosa que no dudo –mientras todo el mundo se come un cable, sino porque en Cuba hay una clase media.

Me dijeron que los cubanos no podían entrar a los hoteles; pues me cansé de ver familias de cubanos en los hoteles, familias de hasta 12 personas. Me cansé de ver mujeres con las tetas operadas, el culo inyectado, extensiones, uñas postizas, usando perfumes, vistiendo ropa de marca. Los tipos muy musculosos, musculosos con mucho volumen, como no se puede estar si no es comiendo toneladas de comida e inyectándose esteroides. Era de verdad como ver a los hombres y a las mujeres de Univisión. Y no todos eran prostitutos.

Te dicen que en Cuba los carros son de los años 50. Pues los hay, como una atracción turística, pero hay más carros nuevos que otra cosa. Conocí cubanos que tienen el iPhone 6, que en teoría los cubanos no pueden pero encuentran la manera: se buscan a un extranjero para sacar la línea a su nombre y listo. La plata la tienen y claro, siendo que esa gente en teoría gana como un dólar al día, me pregunté que cómo carajo hacían. Recordé pronto que en Venezuela la gente también gana como un dólar al día e igual se las arregla, pero eso lo retomaré más tarde.

La primera explicación para justificar la existencia de la clase media cubana (ojo, no estoy diciendo que no haya pobreza, sólo que no todos viven en ella) son las remesas de los cubanos en el exilio, pero ello no lo es todo. La respuesta verdadera está en el turismo.

Las autoridades cubanas al principio de la revolución estaban negadas a recibir turistas en la isla porque decían que el contacto con los extranjeros iba a socavar las bases del socialismo en tanto los antivalores consumistas penetrarían en la población. No se equivocaban. Al final con la caída de la Unión Soviética y sin país para entonces a chulearse no les quedó más remedio que apostar al turismo como fuente de divisas, divisas que necesitaban porque en Cuba honestamente se importan muchísimas cosas –yo lo vi –era eso o que la gente se muriera de hambre como en Corea del Norte y pues al menos los del Partido Comunista Cubano tuvieron más compasión que el equipo del Querido Líder en el lejano oriente, que permitió que literalmente millones murieran de hambre antes de dar su brazo a torcer.

Desde luego que la idea del turismo igual estuvo orientada a que las divisas las recibiera el Estado Cubano: ni siquiera los empleados de los hoteles recibirían (o reciben) un sueldo de sus empleadores españoles (como Meliá). Las cadenas pagan en divisas a Cuba como país y Cuba les da a sus trabajadores un sueldo en Pesos Cubanos, una moneda que no se puede convertir a nada, que vale muy poco y que sirve sólo para comprar en Cuba… algo así como el Bolívar.

Entonces pues la clase media cubana con la que tuve contacto, esa que está desesperada por comprar lo que sea que lleves sea ropa, celulares, perfumes –no desodorante, toallas sanitarias, ni comida –no vive de trabajar en el sector turismo directamente. De hecho, los trabadores que tú ves en los hoteles generalmente son los viejitos más viejitos, personas con alguna discapacidad, hombres sin dientes y las mujeres sexualmente menos atractivas. Todos muy humildes. La nutrida clase media cubana con la que entré en contracto en la isla está compuesta por un ejército de personas que no tienen trabajo como tal sino que a cualquier hora del día, todos los días, están deambulando con el fin de acosar a los turistas.

No son sólo las jineteras, que abundan –mi primera noche en el Meliá fue horrible, no te dejan ni comer en un restaurante, se te sientan inmediatamente y si le dices que no te gustan las mujeres, inmediatamente se aparecen con hombres –sino las personas que mientras estás caminando en el malecón se te pegan a ofrecerte lo que sea: drogas, habanos, y caminan contigo cuadras y cuadras.

La única manera de espantar a los acosadores es ser francamente hostil y entonces se molestan. Uno me dijo que él sólo hacía su trabajo y es que, en verdad, eso es para ellos trabajar. 

Se les nota la presión cuando te abordan, como si estuviesen en coca, y parece que van a una escuela para estafadores porque las preguntas son siempre las mismas. A mí, como podría pasar por cubano, me preguntaban si tenía fuego para escuchar mi acento –respondí a ello al menos unas 20 veces –una vez que notaban que era venezolano me hablaban maravillas de Venezuela e inmediatamente se iban al terreno político, porque se ve que saben que somos una sociedad polarizada. 

Si les hablas bien de Maduro aman a Maduro, si les hablas mal son más opositores que una vieja del Cafetal. Hice la prueba varias veces y créame que tuve cientos de oportunidades para hacerla. Igual con los Castro, según lo que tú opinaras podían decirte que los amaban como que estaban pasando hambre, aunque a ojos vista hambre no pasan. Al gusto de tu oído, pues. Luego te invitan a un “festival” o a “conocer el único museo gratuito de Cuba”. Al final no es más que sus casas y te sacaron 5 dólares que para ellos es plata pues es lo que gana un trabajador honesto en una semana.

No es que no haya gente mendigando abiertamente, pero son muy pocos –una de las modalidades es la de que te dan un bebé en los brazos y hasta que no les das dinero no lo vuelven a agarrar. Los cubanos que se acercan a los turistas gustan más del “trabajo” que claro que resulta más rentable; no te puedes sentar en un banquito porque te llegan cinco a cantar. En fin, caminar por La Habana es agotador y una experiencia desagradable por culpa de esa gente. Salir de noche es terrible: todos te están pidiendo que les regales una cerveza, que les pagues las entradas a las discotecas, que les des un cigarrillo.

La zona “financiera y de negocios” (la de los hoteles caros) está tan dedicada a la prostitución que a negocios sexuales será que refiere, porque asumen de una manera tal que lo que vas es a buscar eso que cuando rechazas a mujeres y hombres te empiezan a ofrecer infantes a partir de 12 años, porque en sus cabezas no cabe que no estés haciendo turismo sexual, como todos. La complicidad es total con todo el personal de los restaurantes y hoteles.

Acosar a los turistas es ilegal en Cuba, pero como todo el mundo hace lo que le da la gana… además, imagino que ello al igual que la prostitución al final no es combatido por las autoridades puesto que esas actividades son pilares de la economía de la isla.

Lo más triste de mi viaje fue cuando me relacioné con los cubanos, siempre interesados en ofrecerte su “amistad”. Hacerse amigo de uno resulta bien: te explican cómo puedes cambiar divisas a los pesos cubanos que ellos usan, lo que te permite comprar donde ellos compran y entonces con 50 dólares eres rico; te enseñan cómo se agarra el transporte público que ellos utilizan –porque si utilizas todo lo dedicado al turista, Cuba es más cara que Londres –y en líneas generales a cómo moverte. A cambio pues les das dinero, les pagas una cena, le pagas la entrada a la discoteca. No limosna, ojo, porque son tus “amigos”, no unos pordioseros.

En una discoteca a uno de mis “amigos” cubanos –quien por cierto se había identificado como homosexual y cuyo supuesto novio yo conocía –lo sacó a bailar una canadiense obesa de no más de 22 años que se encontraba muy borracha; con ella siguió bailando toda la noche y al preguntarle al “novio” por qué no nos íbamos me respondió que el otro tenía que seguir bailando con ella porque quizás se animaba a casarse con él o a ser su amante y patrocinarlo desde el extranjero.

Sobre esta figura he de decir que hay muchos turistas que vuelven todos los años a Cuba porque les “encanta” –conocí a montones –y muchos tienen a sus amigos o a sus amantes en Cuba. Pues escuché a muchos cubanos hablando por teléfono con su gente en el exterior, pidiéndoles que les enviaran más dinero y diciendo cosas como “Ms. Traylor le dio 120 dólares a la Puri por su cumpleaños y tú sólo me mandaste 30”. Y no puedo decir que lo hacen porque se estén muriendo de hambre, sino porque quieren comprarse la ropa de marca a la que están acostumbrados y cosas así.

En Cuba, en vez de ranchos vi mansiones que se están cayendo y en las que si antes vivía una familia ahora viven veinte, pero que fueron tan hermosas que aún adinteladas para que no colapsen y reclamando friso y pintura siguen siendo hermosas. El patrimonio de La Habana que tienen conservado es más elegante que la propia Madrid. A la vez, encontré una enorme masa humana prostituida, incomparable con los pobres de mi país e incomparable con los pobres de otros países que he conocido, como Guatemala donde la gente que se te acerca a pesar de sus miserias tienen una gran dignidad. No sólo es la prostitución de vender el cuerpo, es el interés ladino a gran escala –es decir, en el que caen muchas personas y no exactamente por una necesidad de vida o muerte–como sólo he visto en Venezuela, y no en los barrios, sino en sitios como el auto mercado cerca de mi casa, en Santa Fe, al este, en lo que se supone que es la parte acomodada de Caracas, cuando veo que una señora entrada en años se trata de hacer “amiga” de la cajera para que le consiga leche.

La comparación es antipática pero así lo siento. Y es que ante la adversidad me gustaría que mis conciudadanos leyeran “Lo que el viento se llevó” y aprendieran de los ciudadanos de Atlanta cómo asumieron la derrota con todas sus consecuencias pero sin que ella acabara con su dignidad, a diferencia de lo que vi tantas veces en Cuba.

Profesionales, gente honesta y trabajadores claro que habrá en la isla, pero contacto de hablar detenidamente con ellos no tuve.

jueves, 17 de abril de 2014

La aplaudidera en la escena venezolana –la cultura de la espontaneidad frente a la de los fariseos posmodernos

Ya empezó el Festival de Teatro de Caracas, con todas las vicisitudes y maravillas que estos eventos suscitan: hacer una cola de horas para comprar las entradas, los detalles nunca están pulidos (eso es algo del trópico, una pared sin frisar en un hotel cinco estrellas forma parte de nuestra esencia  nacional), pero también uno se toma el tiempo de visitar el centro, reinauguran salas que estuvieron cerradas durante años y, en resumen, uno recibe con los brazos abiertos las iniciativas culturales. Sé que no vivimos en un lugar perfecto pero trato de sacar el mejor provecho de lo que tengo, así me crucifiquen en estos momentos de voraz polarización y escuche quejas de todas partes. Sé que estamos rodeados de mediocridad y que nos falta mucho por avanzar, lo he puntualizado anteriormente en este blog y precisamente en relación con nuestro teatro, pero como las cosas dependen del cristal con el que se miren, hoy quiero verles el lado bueno.

No es sin embargo sobre el festival en sí que quiero hablar en esta oportunidad sino sobre algo más general de la vida venezolana: la aplaudidera.
El venezolano y la venezolana gusta de aplaudir ¿Aterriza el avión y qué pasa en la mayoría de los vuelos, especialmente en los nacionales? La gente se pone a aplaudir ¿Que ya es la hora y todavía no empieza el espectáculo? Seguro alguien se pone a aplaudir. Algunos lo califican de “tierrúo”, otros lo ven como algo divertido (digo yo, por algo lo hacen). Yo simplemente creo que es parte de nuestra identidad, y no quiero ponerle cubito a esto sobre si es malo o no. El patriotismo me parece absurdo, pero las manifestaciones culturales de cada lugar despiertan mi interés de otra manera.

El sábado pues acudí al Teatro Municipal a ver la adaptación de “Carmen” montada por la Compañía Nacional de Circo. Lo disfruté un montón. Como todo en este país tenía sus limitaciones: el audio de la sala chirriaba como una escalera mecánica descompuesta, las butacas que nos correspondían sencillamente no existían (si le dan a usted unos tickets para esa sala en patio fila H asientos 20 y 22, esas butacas las quitaron: sépalo); los muchachos puede incluso que no impresionen a Simon Cowell. Sin embargo, esa interpretación tal liberal de Carmen, tan criolla, era algo que jamás alguien hubiese podido ver fuera de Venezuela: la mujer era una malandra inusitada, las acrobacias me tuvieron en varias oportunidades comiéndome las uñas, la Orquesta Sinfónica lo hacía tan bien, que el problema con el sonido mi cerebro terminó por ignorarlo. Hacer un show circense de una ópera me preció una idea brillante, todo ello envuelto por el encanto de un lugar maravilloso y por tan sólo 30 bolívares.
¡Ah! Por supuesto, la gente aplaudía por todo. No negaré que podía resultar molesto a ratos. Ante cualquier movimiento que los acróbatas hacían más allá de las posibilidades de una persona corriente (ergo: bien a menudo) la gente estallaba en animosos aplausos. Que si la soprano hacía un agudo: aplausos. A veces no se hacía posible disfrutar de la música, pero en realidad lo que me tenía los nervios alterados no eran los aplausos sino los comentarios que hacían al respecto un par de muchachitos que tenía yo sentados atrás quienes se desgarraban las vestiduras en contra: “¡Qué fastidio, la gente sí es maleducada! ¡Aplaudiendo! ¡No puedo soportarlo! ¡¿Por qué lo hacen? qué falta de cultura! ¡Qué ladilla!” en una voz tan estridente que sospecho estaban procurando superar a los aplausos en decibelios.  
Primero: no estábamos en una ópera, estábamos en un show de circo, además muy experimental; todo era válido. A parte de que a veces los mismos chicos y chicas de la compañía hacían pausas y daban el pie a los aplausos… ¡Era circo!
Segundo: Más tierrúo que aplaudir a destiempo en un teatro es estarse quejando en voz alta al respecto todo el tiempo, como un fariseo. No niego que la aplaudidera del venezolano molesta, pero es parte de nuestra cultura. Quien se hastíe por ello es que nunca sale de casa. No es motivo para armar escándalo.
La aplaudidera es en Venezuela lo mismo que la necesidad de buscarle la comedia al drama que también se ve en las tablas. El domingo fui a ver la adaptación de “El coronel no tiene quien le escriba” de Rajatabla y las personas en el público al menor indicio de comedia soltaban sonoras carcajadas a pesar de que nos encontrábamos ante un texto y un montaje bastante deprimentes. La gente de acá es así. Honestamente a mí me costaba un poco entenderlo e interiorizarlo, pero claro, de ahí a estar alzando la voz mandando a callar a la gente en una sala de teatro en medio de una función… Por cierto el montaje de Rajatabla esta vez me gustó a diferencia de lo que escribí por acá hace alguno años, aunque me sigue pareciendo que una obra no debería echar mano de playback musical y muchísimo menos de voz en off, en especial cuando compiten con la voz de los actores, pero bueno, en Venezuela creen que eso es ser moderno y ya no gasto más pólvora en zamuro, aparte de que me estoy desviando del tema.
En lo personal si bien los aplausos a cada rato por lo general me molestan, honestamente a veces siento que le dan emoción a las cosas. Cuando ocurre algo maravilloso en frente de mí también me dan ganas de aplaudir con esa espontaneidad, esa alegría que a ratos me contagia y me acerca a la felicidad, así sea por un momento. Y puedo aplaudir, que en otra parte del mundo no me atrevería. Prefiero esa espontaneidad al fariseísmo, esa gente que se aferra a las reglas no porque atiendan al sentido para el que fueron hechas sino simplemente para darse el placer de apuntar a los demás con el dedo. Los fariseos se creen moralmente superiores, intelectualmente superiores en este caso, cuando por el contrario las personas educadas son sencillas. Lamentablemente en este país por cada persona sencilla hay otro tanto de fariseos.
Suena un celular y más es la bulla de la gente mandando a callar a la persona que el ruido del aparato. Aquí la gente llega a unos extremos tan ridículos que el martes fui a ver Romeo y Julieta (la adaptación era un poco dudosa, lo admito) en el Teresa Carreño y un tarado se puso literalmente a gritar que cómo era posible que le hubiesen recortado el monólogo a Julieta de cuando se muere Romero. Eso no es sólo exhibicionismo sino mala educación.
No es que uno se tenga que conformar con lo malo, pero hay espacios.
Mucha gente en Venezuela cree que ser antipático y hacerle el fo a todo es elegante, cuando por el contrario una persona elegante te hace sentir bien, de ser posible como en casa, y procura no quejarse sino verle el lado bueno a las cosas. La buena educación es más un tema de actitud que de seguir reglas. Y lo digo yo que a la vez soy un cínico.

Hasta la próxima.

martes, 15 de abril de 2014

¿Qué árbol eres tú?

Diciembre 29 a febrero 10 – Cocotero
Febrero 11 a marzo 31 – Mata de guanábana
Abril 1 a mayo 30 – Grama china
Junio 1 a julio 10 – Ciprés del cementerio
Julio 11 a agosto 19 – Mata de mamón 
Agosto 20 a septiembre 5 – Mata de mamey
Septiembre 6 a septiembre 20 – Trinitaria 
Septiembre 21 a Noviembre 1 – Mata de cambur 
Noviembre 2 a diciembre 5 – Moho de la ducha
Diciembre 6 a diciembre 28 – Mata de mango
 
 

CIPRÉS DEL CEMENTERIO: Te dicen Marichui porque te la pasas quejándote de la vida. No sólo tienes muchos complejos sino que además sufres de terribles fantasías paranoicas: todo el mundo te quiere joder, todo el mundo se quiere aprovechar de ti, todo el mundo te quiere quitar la plata. Para colmo eres una envidiosa y te gusta echarle la culpa a los demás de tu fracaso. Tus cosas preferidas: el helado, los atardeceres en la playa y los libros de Paolo Cohelo.
 
COCOTERO: Eres una mujer violenta, pendenciera, a quien le gusta encontrarle las cinco patas al gato con el fin de estar creando conflictos que puedan terminar si no en un griterío, cuando mejor de los moños. Tu número de la suerte es el 69. Le metes a la santería y jamás das paso al volante, ni a una anciana en silla de ruedas que se está mojando bajo la lluvia. Adoras el olor a mojado cuando llueve.
 
GRAMA CHINA: Eres una pesada que nunca para de hablar, y lo peor es que te das cuenta de que nadie te soporta pero ahí sigues y sigues. Para colmo eres fea, pero te encanta estar de hombres papeados y que además tengan dinero, por lo que sueles llevarte horribles desencantos. No tienes ningún tipo de talento, por lo que te sueles ganar la vida vendiendo porquerías a la gente que te compran por lástima. Eres amante del “pedicure”.
 
MATA DE CAMBUR: No te gusta bañarte y te encanta sacarte la mugre de entre los dedos de los pies, así como olerte eso que te sacas de ahí. Cuando terminas de comer no te cepillas los dientes porque te agrada sentir el saborcito de la comida otro rato. Si estás en un ascensor lleno de gente y tienes la oportunidad, te tiras pedos silenciosos. No cierras los modes cuando los echas a la papelera ni bajas la poceta. Canción preferida: “Desnuda” de Ricardo Arjona.
 
MATA DE GUANÁBANA: Tú dices que sufres de incontinencia verbal, pero en verdad todo lo tuyo es que eres una malparida que le gusta ver sufrir a los demás por lo que no te importa insultar a la gente en su cara, hablar paja a las espaldas de tus amigas, y contar las intimidades que las incautas van a contarte. Eres machista y te fascina sobre todo decirle putas a las demás mujeres, en especial a aquellas con mejor suerte que tú.
 
MATA DE MAMEY: Tienes los dedos largos. A ti es mejor nunca prestarte dinero ni una prenda, porque no sólo no la devuelves nunca más sino que además te molestas. Eres de las que si se te echó a perder la antena de la radio del carro vas y se la quitas al carro de cualquier otra. Te encantan los zapatos de tacón y las chaquetas, estas últimas porque te permiten robar lencería de La Senza, y dejas las pantaletas tuyas, manchadas de sangre menstrual y frenazos.
 
MATA DE MAMÓN: No tienes ningún tipo de personalidad por lo que te pegas a lo que haga el hombre que te gusta. Si estás con un periquero dices que te gusta el perico, si estás con un marihuareno vegetariano te metesa marihuanera y abandonas la carne, sólo comes pechuga de pavo, luego si se te acerca una lesbiana ya ni bisexual eres, sino que lesbiana del todo. Porque a ti si primero no te gusta la tortilla luego te la comes por kilos.
 
MATA DE MANGO: Eres una resbalosa. Bien dicen tus amigas que eres de cuidado porque al menor descuido no dudas en robarle el marido así sea a tu madre. Una de tus armas de la que acostumbras a echar mano con el fin de amarrar a los hombres es decirles que estás embarazada. Te gusta el color rosado y tu método anticonceptivo favorito es el del ritmo. Novela favorita: cualquiera de Thalía.
 
MOHO DE LA DUCHA: Te la das de pura cuando en realidad eres una bichita dudosa. Eres más falsa que un billete de 30 y a la primera que se te presenta la oportunidad traicionas a quien sea con el fin de agarrar cualquier beneficio, por ínfimo que a una persona normal le parezca. Cuando buscas la palabra hipocresía en el diccionario sale tu foto pero a pesar de todo eres tan falsa que siempre estás rodeada de amigas, aunque tienes que estarlas rotando contantemente.
 
TRINITARIA: Eres una trepadora sin escrúpulos, capaz de hacer lo que sea con tal de llevar a cabo tus propósitos, no te importa pisar a quien sea y te la pasas ofreciendo favores sexuales a diestra y siniestra, a veces con miras a un objetivo, otras porque te gusta que te los deban. Te encanta el chocolate, especialmente si te lo trae un pasante sobre calificado a quien estás humillando. Actor preferido: Leonardo Di Caprio.

lunes, 7 de abril de 2014

Coleccionando barajitas

Adivina bien si cree que no me refiero al álbum de Panini del Mundial de Fútbol de este año (algún día compartiré con ustedes todo lo que pienso acerca del deporte, quizás en breve, polémico, desde luego). Tiene que ver más con el hecho de que vuelvo a estar soltero y ¡ah, por supuesto! retomo estas líneas absurdas que tanto me ayudan a desahogarme. Este blog es como un gran amigo que descuido cuando tengo pareja y al que después regreso con el rabo entre las piernas ¿Quién no lo ha hecho?

Si cree que durante todo este tiempo estuve en una relación pues se equivoca. Estuve en dos, cada una aproximadamente de 5 meses de duración. Este año cumplo 30 y me sorprende ver cómo, a pesar de que en teoría cada vez me voy haciendo más maduro y seguro más viejo, mis relaciones se van haciendo cada vez más cortas. Yo ya he ahondado bastante en torno al papel que juega al respecto el exceso de competencia1, el inconformismo, la comodidad y el exceso de esteroides. También que poco ayuda el hecho de que el tercer mundo de tan poca cabida a los homosexuales quienes en su mayoría cargan entonces con aterradores complejos al punto que somos incapaces de tolerarnos a nosotros mismos.

Creemos que la juventud nos va a durar para siempre y es muy fácil al primer problema pulsar el botón de “next”. La gente en los contadísimos casos en los que se enamora superando toda la mierda que expliqué en el párrafo anterior, se desenamora rápido, y es que pretender que los sentimientos, y en especial la atracción sexual, continuarán incorrupta a lo largo del tiempo es mentira. A la mínima de cambio, y no estoy hablando de unos años sino a penas de meses, mis tres últimas parejas han caído en depresiones, no le ven sentido a la vida, tienen un hambre de más y más que los consume, como a las lesbianas de la película The Hours. Soy ateo, pero bien dice el budismo que somos esclavos de lo que deseamos y que son nuestros deseos insatisfechos los que nos hacen infelices. Si lográramos no desear no tendríamos razón para la melancolía, pero eso va en contra de la naturaleza humana que mientras más tiene más quiere.2



Coleccionamos barajitas como queriendo llenar un álbum. La necesidad de las personas por ocupar el vacío se hace evidente. He tenido tantos novios que ya me da pena llevarlos a la casa. Esto me hace pensar en el futuro ¿Será posible llevar a cabo mi deseo de envejecer con alguien? Envidio tanto a esas parejas que pasaron juntos toda su vida y pueden darse el lujo de enseñar fotos abrazados o besándose de cuando eran jóvenes. Entre mis amigos gays están o quienes tienen mucho años juntos, que posiblemente lo logren, o quienes siempre estamos solteros. Son diez años juntos, ocho años juntos, nueve meses juntos, nunca tres años para cuatro, como si desde hace cinco años las cosas hubieran cambiado para siempre. Bueno, sé qué cambió: Internet y nuestra sobreexposición a las redes sociales y al porno. Eso vino a echar a perder el mundo real. Nos ha dado un hambre insaciable de más.



No es que antes el “next” no pasara, pero ahora es el extremo. Estamos tan bombardeados de belleza, de éxito y de presión que nos sentimos más tentados a pulsar next una y otra vez.

A toda persona le espera algo triste. Siendo el mejor de los casos una vida larga, envejecer y morir después de años de movilidad reducida y dolores persistentes son parte intrínseca de la existencia  biológica a la que por más que no nos guste estamos atados. Es un proceso aterrador que sin embargo podría no ser tan malo si tuviéramos al lado a alguien que nos entienda, alguien que haya compartido con nosotros el esplendor de su juventud y luego la madurez. Claro que no debe ser fácil vivir una vida con alguien, pero esa idea me encanta, y sin embargo siento que en unos cinco años ello será imposible, porque ya no quedará nada de esta juventud que cada día estoy perdiendo y luego incluso si llego a conocer a alguien para toda la vida ya no será lo mismo. Es una idea romántica y un poco absurda, pero así lo siento.

Por más que estemos rodeados de amigos, nunca será lo mismo. Hace poco un coach, que ahora están muy de moda con esto del coaching y la obsesión por el éxito, me preguntó que cómo me veía en cinco años y casi me pongo a llorar. Lo primero, me veo más viejo (odio el coaching!!). Pensar en el futuro es una mierda.

El fenómeno “next” nos condena, porque antes de que nos demos cuenta ya no será tan sencillo pasar al siguiente y seremos más víctimas que beneficiarios de ese cruel botón. Moriremos en un ancianato, en el caso de Venezuela seguramente rodeados de unas enfermeras que quiera la fortuna no sean unas malandras, desamparados y solos.

Hasta la próxima.


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1.- Viendo como me veo, decidí hacer lo que cualquier gay hace cuando quiere conocer a otros gays: me abrí un Manhunt. No sé si se deba a la nueva interfaz o qué pero ver tanta foto de hombres sin camisa con pechos hercúleos me resultó abrumador. Eso si antes ya era así ahora es mil veces peor. Eso es un maremágnum de guiños y conversaciones que duran tres líneas. Un frenesí de oportunidades parecido a un enorme banco de peces que cuando el pez más grande decide atacar resulta esquivo. Se dibujan formas hermosas y esperanzadoras pero al final lo que queda es muy mala caza.

2.- Ojo, esto no nos perjudica sólo a los gays, perjudica a los gays y a las mujeres, a quienes los injustos cánones sociales hacen envejecer más rápido que a los hombres y cuya juventud artificialmente acortada las envuelve en una guerra contra reloj y es que para colmo no olvide que los hombres son las nuevas mujeres: eso era antes que conseguir mujer era difícil, ahora sobran, el bello sexo es el masculino y eso les confiere un poder que se suma al hecho de que, vamos a estar claros, vivimos en una sociedad dominada por el machismo. En el fenómeno “next” las mujeres llevan todas las de perder y las que quieran jugar en ese terreno, y hay muchas que así lo consideran, lo llevan fatal.

viernes, 31 de mayo de 2013

El carro de Xénical‏

¿Por dónde empezar? Esto es un tema muy serio que ha captado mi atención últimamente y del que quiero advertirle. También le advierto que si es usted un lector de estómago sensible es preferible que detenga esta lectura aquí aunque si así lo hiciera pudiera caer en algo tan desafortunado que habría preferido leer estas líneas primeramente. Se trata del Xénical®, una panacea que promete a la gente (en la actualidad tan obsesionada con el sexo y el éxito) alcanzar su peso deseado (que no diré ideal porque ¿qué es el peso ideal?). El entrenador de las Misses no para de hablar maravillas de esas grageas que impiden al sistema digestivo asimilar la grasa consumida durante la alimentación. No son unas pastillas chinas de dudosa procedencia, ni un remedio de yerbateros o anfetaminas, sino un fármaco en toda regla “para tratar la obesidad”. Comercializado por Roche, el Xénical se puede adquirir en Farmatodo o cualquier otra farmacia legal. Científicamente orlistat, también se consigue bajo otros nombres comerciales como Redustat®, Beltas® o Redicres®. Hasta publicidad en TV tiene, una en la que se ve a personas felices.



¿Se puede tomar Xénical para bajar unos pocos kilos si no eres obeso? (por aquello de que principalmente ese producto se receta a personas muy gordas) pregunta una incauta en la plataforma esa de Yahoo que permite compartir inquietudes públicamente a la espera de que algún bienintencionado responda. Muy decentemente y denotando turbación, le responden: Tomar Xénical causa cosas muy incómodas... no las quiero decir en esta respuesta, pero son muy asquerosas... en serio (…) NO tomes la salida fácilSi esa es la salida fácil ignoro cuál será la difícil. Verá por qué. No va de ser obeso ni rellenito…

El Xénical en efecto hace al cuerpo humano incapaz de asimilar la grasa que pueda ingerir, el problema de lógica es ¿qué pasa con esa grasa que no se absorbe? Lo diré claro y raspado: Te sale aceite por el culo. Literalmente. Aceite onotado1, además de un hedor sumamente característico qué sólo puedo describir como de heces fecales concentradas, mezcladas con animal muerto y medicina, por no apuntar sobre este último componente “insecticida”, de lo penetrante. El olor es tan particular que sé que en el piso de la torre donde trabajo alguna damita estuvo tomando Xénical porque el baño de chicas expedía frecuentemente ese olor a vanidad, muerte y padecimiento. No es agradable. Un día escuché a la señora de mantenimiento afirmar denunciadora ¡voy descubrir al culo maldito que hace esto! Era comprensible su enfado porque en aquella oportunidad a quien fuese la culpable se ve que no le dio tiempo de llegar a su destino, dejando un charco de aceite que por la cercanía al inodoro (en realidad una compañera me reportó que aparentemente una cantidad del aceite sí había llegado a destino, pero otra no) se le habría salido mientras se prestaba a sentarse. Para colmo, las demás usuarias del baño esparcieron aquella abominación al caminar accidentalmente sobre ella. Estuve a punto de imprimir un cartelito que dijera “Prohibido tomar Xénical” de ver las huellitas salir del baño. El Xénical debería ser considerado lo menos una falta de urbanidad.


Aceite con onoto

Decir que el Xénical produce diarreas intensas (como alguien dijo por ahí en ese Yahoo Respuestas) se queda corto porque no se trata de un líquido lo que viene sino de un aceite y al esfínter anal le resulta imposible retener el aceite, por resbaloso. Estamos hablando de algo completamente incontrolable que sale sin ningún reparo ni sentido de la oportunidad. Imagine un grifo abierto, son chorros y más chorros de aceite con onoto ¡Chorros! El fenómeno tiene nombre científico "esteatorrea" y le ocurre a personas muy enfermas. El Xénical no causa una esteatorrea cualquiera sino una extrema. Se está usted parando de la computadora para ir a buscar agua y de repente sin ton ni son (dígase sin ningún tipo de aviso) tuvo una "fuga de heces". El término "fuga de heces" lo utiliza este sitio de "nutrición" que (cínicamente, diría yo) aconseja: durante el tratamiento opten por llevar prendas de color oscuro que disimulen una accidental fuga de heces y (...) lleven siempre una muda de ropa cuando estén fuera de casa. Por fuga de heces entiéndase que te das cuenta de que pasó lo que pasó porque sientes un líquido caliente que te baja por las piernas, te pega el olor y ya. Ni lo sentiste venir. Con Xénical no es que lo sientes, ni que te estás cagando; es que te cagaste. 

Luego está la periodicidad de los que yo llamaría "episodios Xénical" que los expertos califican tímidamente de "usuales". Una amiga mía, exitosa abogada, me dijo que tuvo que bañarse ocho veces un mismo día. "Menos mal que estaba en mi casa" agregó. ¿Cómo es posible que la gente por iniciativa propia esté dispuesta a estarse cagando por los rincones a cada rato? Porque recogiendo los testimonios no es chance, sino ley. Una persona cuerda detendría el tratamiento inmediatamente.

Por último, y aunque ante los horrores aquí descritos sea casi anecdótico, el Xénical produce animosos dolores de barriga así como flatulencias constantes y malolientes, que tomando en cuenta lo de la esteatorrea se traducen en terror psicológico. Puedo imaginarme al equipo de científicos responsable del desarrollo del Xénical riéndose de la población de muestra durante las pruebas a las que todo fármaco debe ser sometido previamente de entrar al mercado, ante la idea de que lo mismo le ocurriría a cientos de miles de personas en todo el mundo. Sádicos retorcidos en bata blanca, jadeando, con las caras coloradas salpicadas de lágrimas frente al horror escatológico.

En teoría si no se come nada de grasa no hay grasa que expulsar y por tanto los aterradores efectos secundarios del Xénical no se materializan, sin embargo ¿cuál sería el sentido de tomarse esa suerte de laxante siniestro, aprender a comer ante la amenaza de un severo castigo? Créame que no. Somos humanos y si la idea es expulsar la grasa pues para expulsarla es que se toma Xénical y qué mejor prueba que el charco de aceite de Xénical que pisó medio mundo en el piso del baño de las mujeres de mi torre. Quien se crea lo suficientemente fuerte para decir que no comerá nunca grasa entonces no gana nada gastando en un fármaco que no necesita y que, entre otras cosas, impide la asimilación de las vitaminas liposolubles. Si usted toma Xénical y quiere ponerle unas gotitas de aceite de oliva a su ensalada de la huerta entonces aténgase a las desagradables e inevitables consecuencias. Sólo eso es necesario. Además yo no sé cuál es la magia química del Xénical que una cucharadita de aceite se convierte en chorros y más chorros, así como dicen los crédulos que un judío reprodujo los panes y los peces en el desierto. Ya ni qué decir de si usted se fue al Junquito a comer golfeados (costumbre de la clase media que lamentablemente se está perdiendo); no pretenda regresar a Caracas sin echar a perder la tapicería del asiento del medio de transporte de su elección donde reposaba la bomba de tiempo. Eso nos lo hizo un amigo; menos mal que el carro no era el mío. Fue un momento tan incómodo como desagradable: el pobre intentaba como hacer algo, se retorcía y pegaba gritos mientras pedía perdón, pero no paraba. Bueno, creo que todos gritamos.

No es el Xénical, es tanto el Xénical como lo que hay detrás. La obsesión por la delgadez (o los cuerpos bien definidos en el caso de los hombres, porque la definición cuando del cuerpo se trata significa tener músculos pero no tejido adiposo, así que en eso del Xénical caen tanto hombres como mujeres) ha cruzado una línea en la que no digamos la salud, que desde hace mucho se ha puesto en riesgo a favor de la estética (cirugías plásticas, dietas extremas, bulimia, anorexia, etc.) sino el honor y la dignidad están comprometidos. No importa ya humillarse ante lo más degradante de nuestra condición biológica. Se publicita y ulteriormente está de moda tomarse una pastilla que te asegura una diarrea hedionda aceitosa incontrolable para perder peso. O estoy mal de la cabeza o me tocó ser testigo de un fenómeno de locura colectiva. El empeño humano por la belleza ha alcanzado unas cotas que sinceramente no sé si se habían alcanzado anteriormente y eso habla de una superficialidad llevada a superlativos demenciales. La era del Fitness. Debido quizás al márketing (que usa al sexo para todo) y a la pornografía misma (muy accesible a través de las nuevas tecnologías) la belleza se ha convertido en casi la totalidad del heno del carro2 del siglo XXI, y todos y todas quieren tomar su parte del heno del carro, muchos sin demasiados escrúpulos. Ahora son interiores, pantaletas, pantalones, vestidos y faldas tirados a la basura; luego el destino dirá. Visualizo un futuro sino aterrador absurdo, de imágenes como la que nos presenta Terry Gilliam en la distopía "Brazil".



Hasta la próxima.


1 Aceite teñido de color anaranjado con una semilla, que se utiliza como colorante natural para masas de maíz.
2 "El carro de heno" es una de las pinturas más famosas del pintor holandés El Bosco, que pretende relatar cómo todas las clases sociales quieren conseguir su parte de heno del carro, es decir, su parte de placeres de la vida. Denuncia el gusto por las riquezas terrestres tan efímeras http://youtu.be/jZ1HLhJDxs8

viernes, 19 de abril de 2013

El poder resulta atractivo: Los políticos venezolanos más sexys del momento

Siendo estos los tiempos que vivimos y siendo yo considerado por muchos y muchas como un ejemplo de imparcialidad política e información balanceada, me avoco a la tortuosa y nunca exenta de polémica labor de construir una lista de los 10 políticos venezolanos más sexys del momento. Ojo, esto no es un blog de moda y a los caballeros a continuación no los estoy evaluando en función a su estilo. Por otro lado, me disculpo ante ustedes debido al largo tiempo que tengo si publicar nada nuevo.

Bueno, ahí voy y que Dios me agarre confesado:



10.- Nicolás Maduro



Empieza la lista el Presidente de la República. Si bien su bigote puede resultar controversial lo cierto es que se ve mejor con él que como se ve en los montajes que he visto en los que se lo quitan. Maduro es alto (me pareció incluso en oportunidades cuando se les ha podido ver juntos que es más alto todavía que el Príncipe Felipe de España, que es bien alto), además es bastante corpulento (recordemos que fue guardaespaldas). Sin ser un Adonis es un tipo que siempre va a resaltar donde esté.




9.- Andrés Izarra



El Ministro de Comunicación e Información de la República tiene muy buen ganado su puesto en esta lista. Yo le metería. Lo único es que tiene que estar pendiente de no dejarse crecer nunca el cabello; a veces lo hace y se ve 15 años mayor.



8.- Diego Scharifker



Este dirigente estudiantil es guapo y además tiene a favor la edad. De todos ellos es el más guapo.



7.- David Smolansky



Quizás no de lo más conocidos, lo cierto es que este candidato a la Alcaldía del Hatillo de tipo osuno estoy seguro que en la medida que se vaya haciendo más conocido tendrá su club de fans entre los admiradores y las admiradoras del pelo y los kilos.



6.- Henrique Capriles



Los encantos del flaco son muchos sin embargo quiero resaltar que de todos los hombres que aparecen en esta lista es al único que he visto en persona (casualmente lo vi el año pasado en el Ávila, haciendo ejercicio) y en persona gana.



5.- Pedro Maldonado



Es probable que todo se deba a que yo tenga una fijación con el Presidente de Conatel pero, guste o no lo que él diga, no se puede negar que este señor no sólo viste siempre impecable sino que además tiene un porte gallardo y llena muy bien sus siempre bien planchadas camisas. A veces se deja una barba descuidada de algunos días que le da un toque hipster muy atractivo.



4.- Héctor Rodríguez



El Ministro del Poder Popular para el Deporte está de rechupete.



3.- Jorge Arreaza



El Vicepresidente de la República es una versión todavía mejorada de Pedro Maldonado (quizás no tan bien vestido, pero igual no lo hace mal). Lo único que tengo que decir al respecto es lo siguiente: Rosa Virginia está comiendo lomito.




2.- Leopoldo López



El Ex Alcalde de Chacao tiene un club de fans que probablemente me esté odiando en este momento al no colocarlo de primero en la lista. En fin, Leopoldo a pesar de su mirada de loco (en la publicidad de calle que tenía para las primarias del año pasado me asustaba un poco, de hecho fue de lo que más comenté junto a las perlas falsas de María Corina) me encanta, además de que nadar en aguas abiertas le ha proporcionado un cuerpo envidiable.




1.- Tarek William Saab



Desde que el Ex Gobernador de Anzoátegui decidió quitarse ese copete tan horrible que lucía (al mejor estilo de Leslie Nielsen en "Drácula muerto pero feliz") y optó por dedicarse menos a la poesía y más a los "hierros" (bueno, no estoy hablando de agujas sino de pesas, habrá quien diga que el señor ha hecho uso de algún tipo de sustancia y yo no quiero entrar en esa polémica, en torno a ello sólo tengo para decir que salud es belleza) ha pasado no sólo de no estar entre mi lista personal de los más sexys sino a encabezarla. Me veo perfectamente entre esos brazos hercúleos mientras me recita algunos de sus versos, por melifluos que el Señor Humberto Seijas diga que son en su Sesquipedalia.



Hasta la próxima